Entre el lienzo y la danza, la artista repasa su historia y la transformación constante de Casa Naranja   El arte no siempre empieza con un trazo sobre el lienzo; a veces nace en el cuerpo, en el ritmo de los pasos o en el legado invisible que atraviesa generaciones. Para Cecilia Palazzotti, artista plástica, bailarina y docente concordiense, la creación es tanto un impulso genético como una necesidad de expresión vital.   Ese linaje artístico abraza a toda su historia familiar: desde sus abuelos y padres hasta el hogar que construyó día a día. Su esposo, Fabricio, comparte esta pasión desde el movimiento como instructor de Zumba y Strong, mientras que el talento también florece en sus hijas, destacándose su hija mayor, Luchi, como embajadora de K-Star para Samsung.   “Vengo de una familia de artistas, con la rama de la música por ambos lados y varias profesoras de arte. Es algo que ya traigo desde adentro”, reflexiona al recordar sus primeros contactos con el mundo de las formas y los sonidos.   Esa dualidad entre la plástica y el movimiento marcó su vida desde los cinco años, cuando comenzó su formación en danzas españolas y clásicas. Su constancia y talento la llevaron a pisar el escenario del Teatro Colón durante su adolescencia. Sin embargo, frente a la exigencia extrema que demandaba la vida profesional en Buenos Aires, Cecilia escuchó una voz interna que la trajo de regreso a su tierra natal:   “Mi corazón me decía 'más tranqui, Ceci'. Amaba la danza, pero no quería vivirla desde la exigencia y el sacrificio, sino disfrutándola”. De vuelta en Concordia, completó sus estudios en artes visuales y docencia, manteniendo siempre ambas pasiones en un camino paralelo.   De un gesto impulsivo al sello Cuello Largo   En 2010, mientras integraba el colectivo artístico “El Camino de Santiago”, nació de forma fortuita el personaje que transformaría su producción visual y comercial. Acostumbrada al dibujo realista y al trabajo minucioso al óleo o tiza pastel, Cecilia intentaba fusionar un rostro femenino con figuras de la naturaleza. Frustrada con el resultado inicial, destruyó la obra y comenzó un nuevo intento sobre la tela.   De aquel gesto impulsivo emergió una figura estilizada, una caricatura de cuello alargado y expresión sutil. La respuesta del público en las exposiciones fue inmediata: las miradas y las fotografías se concentraron en aquella pieza. Tras registrar la marca “Cuello Largo”, comenzó a intervenir prendas de vestir, remeras y gorros a mano alzada, enviando sus piezas a distintos puntos del país. Lo que comenzó como un trazo intuitivo se convirtió en el sello identitario de su lenguaje plástico.   Casa Naranja: un refugio para la creación integral   El crecimiento de sus talleres y proyectos demandó la creación de un espacio propio. Así nació “Casa Naranja” (ubicada en Misiónes 1347), nombrada originariamente por el color vibrante de la fachada de su vivienda, ubicada en ese entonces en una zona rodeada de quintas. “El naranja es alegría, creatividad y felicidad; es un color que me representa por completo”, afirma.   Con los años, el lugar se consolidó como un centro cultural integral estructurado en tres grandes áreas:   Artes Visuales: Dibujo, pintura al óleo y acrílico, tiza pastel, caricatura, talleres libres y profesorados privados orientados a la enseñanza y al emprendimiento. Artes en Movimiento: Danza clásica, jazz, danzas árabes, urbanas y aéreas. Bienestar: Yoga, pilates, círculos de mujeres, danzas meditativas y programas de actividad física integral.   Materia, textura y la búsqueda de las raíces   En su faceta de modelado y escultura en porcelana fría, Cecilia ha desarrollado técnicas registradas de su autoría, como la textura tejida dentro de la masa, que le permite crear piezas tridimensionales de gran formato con un detalle peludo y orgánico.   Actualmente, su producción pictórica explora la serie Raíces, una indagación visual conectada con los cuatro elementos (Tierra, Aire, Fuego y Agua) y la cosmovisión precolombina. A través de retratos femeninos acompañados por animales de poder e instrumentos como el bombo chamánico, la artista construye imágenes donde la figura humana busca re-enraizarse con el entorno natural.   Hoy, entre pinceladas, escenarios y espacios de encuentro, Cecilia Palazzotti continúa transformando el panorama cultural concordiense, demostrando que el arte, antes que una técnica, es una forma de habitar el mundo. Al reflexionar sobre la enseñanza y el acompañamiento a sus alumnos, concluye:   “El proceso del arte es un descubrimiento constante. No se trata de imponer un estilo ni de forzar una técnica, sino de brindar las herramientas para que cada persona encuentre su propia fuerza interna y se anime a crear sin miedo”, cierra.   Fontana, Ornella Camila.