La Zona, el “mítico” lodge de pesca internacional ubicado en el área exclusiva de pesca deportiva próxima a la represa de Salto Grande, concedió una entrevista a El Entre Ríos.   Santiago Caprarulo, uno de los socios de esta segunda etapa del proyecto, describió el presente de La Zona y reveló los planes para los próximos años.   —Para empezar: ¿qué es exactamente La Zona?   —La Zona es un lodge de pesca deportiva ubicado en un lugar excepcional del río Uruguay, en proximidades de la represa de Salto Grande.   Su singularidad está en el dorado y, especialmente, en el porte de los ejemplares. La Zona tiene récords mundiales, una historia riquísima y una marca muy reconocida dentro de la pesca deportiva internacional.   Hay pescadores que cruzan medio mundo específicamente para venir a pescar acá.   —¿Y qué hay alrededor de esa pesca?   —Mucho más de lo que a veces se ve desde afuera.   Hay hotelería, gastronomía, guías profesionales, embarcaciones, traductores, logística, proveedores y equipos vinculados con investigación. La Zona, hotel   Eso genera bastante empleo directo e indirecto alrededor de cada pescador que llega.   —Hablás de un modelo “circular”. ¿Por qué?   —Porque el desarrollo económico no está separado de la investigación y la conservación. En buena medida nace de ellas.   El área exclusiva de pesca deportiva con devolución permite trabajar con una presión muy controlada sobre el recurso y, al mismo tiempo, genera condiciones muy particulares para estudiarlo.   Ese recurso conservado atrae pescadores internacionales, genera actividad económica y empleo y, a su vez, ayuda a financiar investigación.   Ahí aparece el círculo: conservación, pesca deportiva de alto valor, generación de recursos y reinversión en conocimiento y conservación, con el apoyo y la tutela institucional de CARU.   —La Zona tiene una historia previa a esta nueva etapa.   —Absolutamente. Nosotros no estamos inventando La Zona ahora.   Lilian es cofundadora del proyecto original y lidera esta segunda etapa con un conocimiento acumulado enorme sobre la operación, los pescadores, los guías, el lodge y el río.   Ese know-how es un activo en sí mismo.   La segunda etapa se apoya sobre esa historia y busca llevarla un poco más lejos.   —¿Y cuál es tu función dentro de ese esquema?   —Nos complementamos bastante bien.   Lolo tiene muchísimo peso en la conducción del proyecto y de la operación. Yo fui concentrándome en asuntos legales y regulatorios, relaciones institucionales, desarrollo de nuevos proyectos y alianzas, asuntos públicos y alternativas de financiamiento público y privado.   También asumí naturalmente una parte importante de la vocería. De hecho, por eso estoy acá tratando de explicar con claridad de qué va todo esto.   —¿Qué significa que “recuperaron la operación”?   —La Zona estuvo durante casi dos años privada de la posibilidad de ejercer su permiso de uso. Fue muy traumático y produjo pérdidas económicas y reputacionales importantes.   Generamos un expediente en la Provincia que terminó concluyendo que no existían razones para que no estuviéramos trabajando. En términos simples, aquel corte abrupto había carecido de fundamento suficiente.   Cuando recuperamos la operación elegimos no quedarnos mirando hacia atrás.   Desde el primer día nos enfocamos en trabajar y en rodear al proyecto de mayor institucionalidad, algo que además resulta bastante natural para una actividad de estas características, donde conviven empresas, regulación y distintos organismos públicos.   —¿Cuál fue la primera señal de esa vuelta de La Zona?   —Quisimos salir con todo.   Invitamos a la revista Weekend, que nos dedicó su portada y un artículo extenso con motivo de la reapertura del lodge.   Nos parecía importante volver a poner a La Zona en conversación y decir claramente: estamos nuevamente trabajando.   —¿Ahí nace esta segunda etapa?   —Sí.   La marca existe y la demanda internacional existe. Podríamos habernos limitado a abrir el lodge, recibir al pescador y darle una gran experiencia.   Nos parecía poco.   Desde el primer día empezamos a preguntarnos qué más podíamos construir alrededor de un activo tan singular.   —¿Qué hicieron?   —Nos pusimos a trabajar rápido.   Empezamos reuniones vinculadas con el aeropuerto, con la nueva conectividad aérea de Concordia, con actores turísticos y comerciales y con distintas instituciones.   No nos sentamos arriba de las manos a esperar que llegaran los pescadores.   La pregunta fue: si traemos personas desde distintos lugares del mundo a Concordia, ¿cómo hacemos para que eso genere más valor?   —¿Ahí aparecen los “anillos”?   —Exactamente.   El primer anillo es La Zona: lodge, hotelería, gastronomía, guías, traductores, logística, embarcaciones, proveedores y equipos vinculados con investigación.   Después aparece un segundo anillo, que es Concordia.   Y un tercero que empieza a abarcar la región y Entre Ríos.   —¿Qué significa Concordia como segundo anillo?   —Que no queremos que el visitante llegue, pesque y se vaya sin conocer nada del lugar al que vino.   Concordia tiene termas, golf, gastronomía, bodegas, producción citrícola y otras experiencias que nosotros no tenemos ninguna intención de desarrollar por nuestra cuenta.   No competimos con el turismo de Concordia. Nosotros generamos turismo, además de alto poder adquisitivo, y queremos expandir esa demanda hacia la oferta que ya existe.   Ese es el segundo anillo.   —¿Por qué involucrarse entonces en conectividad y alianzas?   —Porque podríamos limitarnos a vender pesca, pero estaríamos desaprovechando una oportunidad.   Una mejor conectividad le sirve a La Zona, pero también a una aerolínea, un restaurante, el golf, las termas o una bodega.   Queremos construir un ecosistema de aliados.   Cuando los intereses se alinean, el proyecto empieza a generar valor también fuera del lodge.   —¿La Zona puede ser una puerta de entrada internacional a Concordia y la región?   —Esa es una de las ideas centrales.   Si alguien llega desde Estados Unidos o Europa porque quiere pescar uno de los dorados más grandes del mundo, ya logramos algo difícil: traer un visitante internacional hasta Concordia.   A partir de ahí aparece una oportunidad de mostrarle una ciudad, una región, productos, servicios y una provincia.   Y eso conecta naturalmente con una agenda de internacionalización y construcción de marca Entre Ríos.   Nosotros tenemos una particularidad: muchas veces no tenemos que salir a buscar al extranjero. El extranjero ya viene hacia nosotros.   —¿Y eso puede proyectarse también a una marca provincial o incluso país?   —Creemos que sí, sin sobredimensionarlo.   La Zona es un proyecto relativamente pequeño en la escala provincial, pero tiene una llegada enorme dentro de un nicho internacional muy específico.   Una persona puede venir por un dorado y llevarse una imagen de Concordia, de Entre Ríos y de Argentina.   Si además conoce nuestra gastronomía, una bodega, una quinta de cítricos o las termas, el efecto del viaje se amplía muchísimo.   Ahí el dorado funciona como producto ancla.   —¿Qué lugar ocupa la investigación en esta segunda etapa?   —Un lugar central.   Si la primera etapa ayudó a consolidar un modelo de pesca deportiva asociado con investigación y conservación, esta segunda viene con componentes bastante más innovadores.   Tenemos un proyecto de investigación muy ambicioso y conversaciones en marcha con empresas privadas y organismos públicos, incluso explorando posibilidades vinculadas con biotecnología.   Preferimos contar bien de qué se trata cuando esas iniciativas tengan suficiente madurez.   —¿Cuál es la ambición concreta?   —La Zona ya tiene una historia extraordinaria de grandes capturas y récords mundiales.   Queremos que también pueda transformarse en un lugar desde el cual se produzca conocimiento relevante sobre los grandes dorados.   Tenemos algunos de los ejemplares más grandes del mundo. La pregunta es bastante natural: además de pescarlos, estudiarlos y devolverlos al río, ¿cuánto más podemos aprender sobre ellos?   Ahí pueden convivir CARU, universidades, biólogos, organismos públicos, empresas privadas, tecnología y eventualmente biotecnología.   —Sería un proyecto muy interinstitucional.   —Lo es.   Interactuamos con Provincia, organismos nacionales, Prefectura e instituciones binacionales como CARU o CTM.   Parte de nuestro trabajo consiste en navegar ese mar regulatorio con la mejor cartografía posible.   Es la naturaleza del proyecto: recurso compartido, represa binacional, navegación, conservación, turismo internacional, investigación y actividad económica.   La institucionalidad forma parte del hábitat de La Zona.   —¿También quieren avanzar en la formación de guías?   —Sí.   Un guía profesional de este nivel no es simplemente alguien que sabe manejar una embarcación y encontrar un pez.   Tiene que entender el río, seguridad, conservación, atención al cliente y cada vez más idiomas.   Es una profesión y queremos seguir elevando ese estándar.   Para eso vamos a buscar los aliados necesarios, tanto en las asociaciones de pescadores como en el propio Municipio. Concordia tiene que sacar pecho por ser capital y punto caliente de una zona donde están muchos de los dorados más grandes del mundo.   Ahí también hay una oportunidad de formación, profesionalización y empleo local.   —¿Cuál es la temporada clave y con qué horizonte están trabajando?   —Nuestra temporada alta se desarrolla durante el verano.   El cliente internacional reserva con mucha anticipación: compra vuelos, organiza vacaciones y muchas veces arma un itinerario completo alrededor de esos días de pesca.   Por eso trabajamos con una hipótesis fáctica hasta 2029 y preparamos el proyecto con ese horizonte.   Después, naturalmente, buscaremos la continuidad del permiso y del proyecto, pero atravesaremos ese puente cuando lleguemos.   Hoy estamos muy enfocados en lo inmediato y en lo mediato.   —¿La previsibilidad es importante para sostener todo eso?   —Muchísimo.   Es difícil hablar seriamente de inversión, investigación, alianzas o turismo internacional sin un horizonte para planificar.   A veces asoman algunos nubarrones administrativos. Esperamos que se disipen y, sobre todo, que no terminen colisionando con una propuesta del propio Gobierno provincial que compartimos: fomentar desarrollo, creación de valor y empleo privado.   Nuestra respuesta es seguir trabajando.   —¿Dónde quieren llegar con esta segunda etapa?   —Queremos que La Zona siga haciendo muy bien aquello que la hizo extraordinaria: gran pesca, grandes guías, muy buen servicio y cuidado serio del recurso.   Y, a partir de ahí, sumar investigación, conocimiento, tecnología, mejor conectividad y más integración con Concordia y la región.   Si cada visitante que llega por La Zona puede generar un poco más de actividad alrededor, conocer la ciudad y movilizar otros servicios, el efecto se amplifica naturalmente.   A La Zona le sirve. A Concordia también.   Es un ganar-ganar.