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El suicidio “no es solo un tema privado”. La importancia de involucrarse cuando la única respuesta parece ser renunciar a la vida

Ivana López

Hablar sobre suicidio es siempre complejo. Frente a cada nuevo caso se renuevan las preguntas. ¿Por qué alguien toma una decisión así? ¿Cómo se puede ayudar a quien piensa en quitarse la vida como única alternativa?

 

Qué decir, además, cuando el protagonista es adolescente o incluso un niño.

 

La escalofriante estadística de suicidios –con cifras alarmantes en el departamento Colón y toda Entre Ríos- obliga a replantear estrategias, con la esperanza de que algo empiece a cambiar. Entonces, por más difícil que sea, hablar de salud mental es necesario. Involucrarnos e intervenir en forma certera, es urgente.

 

Desde hace dos meses, el municipio de Colón cuenta con un dispositivo de Salud Mental Comunitaria que funciona en sede del CIC (Arrayán 171). La referente es Ivana López, trabajadora social, quien se encuentra cursando una Maestría en Salud Mental (UNER). Junto a dos licenciadas en psicología, una acompañante terapéutica y una psicóloga social, comparten el desafío de contener y acompañar a quienes buscan una salida.

 

“Pensamos la salud mental más allá del consultorio de un psicólogo o psiquiatra, no porque no sea necesario, sino porque es ampliar la mirada teniendo en cuenta otras cuestiones como el entramado social, el contexto y los lazos familiares”, dice López a <b>El Entre Ríos</b>.

 

“Primero los invitamos a tener una entrevista con el equipo, donde indagamos sobre algunas cuestiones e intentamos que vuelvan a reconectar con lo que les gusta. Hicimos un relevamientos de todos los talleres, actividades y capacitaciones a nivel público, tanto provincial como municipal, para así poder ayudarlos a integrarse a lo que les interesa. No armamos talleres propios del dispositivo de Salud Mental; la idea es que se incluyan en las actividades sociales que ya están funcionando y donde puedan encontrarse con otros”.

 

Luego, los acompañan “a atravesar la primera puerta”. Ese primer paso decisivo para darse una nueva oportunidad. “A veces tienen ganas, pero les cuesta o piensan que no es para ellos”.

 

A la vez, trabajan en conjunto con otras instituciones o áreas municipales. “Estamos articulando muy bien con el equipo de Salud Mental del Hospital San Benjamín. Si hay algo que podemos hacer en territorio, colaboramos”.

 

-Pienso que durante mucho tiempo los temas vinculados a la salud mental fueron considerados exclusivamente de “índole privada” y esta idea no favoreció el abordaje. ¿Qué nos corresponde como sociedad cuando una persona está considerando la decisión de no continuar con su vida?

 

-El suicidio es multicausal, o sea no es por una sola causa. Una persona decide terminar con su vida, no porque se quiera morir sino porque cree que es la única respuesta a su sufrimiento. Aunque el detonante haya sido algo personal o familiar, hay una cuestión social y tenemos que aparecer ahí para pensar juntos otras respuestas.

 

No es solo un tema privado. Algo nos está pasando como sociedad para que haya personas que la única respuesta que encontraron sea esta. Tenemos que empezar a mirarnos desde el amor y el buen trato con el otro.

 

-Mirando particularmente a niños, adolescentes y jóvenes, lo primero que me pregunto es en qué estamos fallando los adultos. No solo los padres, sino los que compartimos con ellos distintos ámbitos (hogar, escuela, actividades).

 

-Estamos viviendo una fragilidad del mundo adulto. Tenemos crisis de salud, económica, social, cultural. Si como adultos tenemos esta vulnerabilidad, ¿dónde está nuestra posibilidad de cuidar al otro?

 

-¿Qué factores socioambientales influyen para que haya más suicidios (o intentos) que hace décadas y a edades tan tempranas?

-Creo que necesitamos volver a mirarnos. Escuchar, observar, acompañar, pero sin juzgar ni minimizar lo que le está ocurriendo al otro.

 

Esto que pasaba hace 30 años, que nos conocíamos con el vecino y que si me pedía un favor se lo hacía, se está rompiendo. Ya no me conozco con el vecino, y hasta pasa a ser alguien a quien le tengo desconfianza.

 

También hay que tener en cuenta que hemos vivido una pandemia y recién se está investigando lo que significó en términos de salud mental. Estamos viendo las consecuencias del aislamiento, de no encontrarse, del miedo al contagio. Los miedos generan muchas preocupaciones y ansiedades. Adultos mayores y jóvenes entre 17 y 20 años, son los que están más vulnerables. También se ven cada vez más cuestiones en la infancia.

 

Por otro lado está la tecnología.

 

-Genera encuentro y a la vez desencuentro.

 

-Exacto, la tecnología suele ser muy contradictoria. Tenemos que aprender que las lógicas que están detrás de las redes sociales son de consumo: todo el tiempo están queriendo venderte algo.

 

A la vez, mientras más hate, más visivilidad tengo y más seguidores gano. Una persona sube una foto y recibe un montón de comentarios negativos. Si ese trato por parte de alguien escondido detrás de una pantalla, lo recibe un adolescente o un adulto vulnerable, es más complicado.

 

Hay escuelas que al ingreso, piden a los alumnos que dejen los teléfonos en alguna cajita, porque en los recreos no se hablan, no se miran, no juegan.

 

-¿A qué deberíamos prestar atención? Esos indicadores que quizás pasamos por alto, pensando equivocadamente que lo único relevante es que la persona tenga una tristeza manifiesta.

-Por ejemplo si vemos cambios repentinos en sus conductas, en las notas del colegio. Si se lo ve solo o retraído.

 

Personas que empiezan como a despedirse. Quizás nunca abrazan y ahora nos dicen “te puedo dar un abrazo, que tengo ganas” o “¿Nos sacamos una foto?”, cuando nunca lo hacen.

 

-Impacta de forma especial que se trate de un niño. ¿Qué hace que alguien que recién comienza a vivir piense en la muerte como opción?

 

-La infancia está más atravesada por padecimientos subjetivos. Sienten más la presión social de tener que hacer determinadas cosas. Están más expuestos y condicionados al “tengo que hacer esto”.

 

Por la crisis económica, los adultos tienen que salir a trabajar más tiempo y esos niños pasan más horas en otro lado. La crisis no es solo no llegar a fin de mes, sino que hacemos lo posible para llegar y en ese trabajar más los chicos están en espacios donde no siempre hay adultos que los están mirando.

 

Pero no se trata de echar culpas. Es lo que estamos viviendo y está bueno saberlo para tener en cuenta que algo debemos pensar socialmente. Este dispositivo apunta a eso, no miramos un caso sino un territorio, una comunidad.

 

Como adultos, tenemos que decirles a los gurises que tienen futuro. Después habrá tiempo de acompañarlos en la frustración, pero tienen que creer en que hay algo. Porque el suicidio o los padecimientos mentales tienen que ver con no avistar un futuro.

 

-Si nosotros o alguien del entorno está atravesando por algo así, ¿qué podemos hacer?

-Si habla de la muerte como una solución o hay un intento de suicidio, rápidamente acompañarlo al Hospital San Benjamín (Esteva Berga 185), donde hay guardia pasiva en Salud Mental. Si es necesario, está la línea 107 que tiene ambulancia.

 

El hospital tiene todo para contener a un paciente frente a una crisis. En caso de internación hay espacio físico, médico psiquiatra y medicación.

 

A veces alguna persona se comunica diciéndonos que necesita hablar porque ven raro a un familiar. Les damos turno para una entrevista y ahí articulamos los posibles espacios para transitar.

 

Siempre acompañarlo, escucharlo, invitarlo a caminar. Quizás decirles “vamos a charlar a ver qué te pasa que te noto así”. Habilitar la posibilidad de que no tengamos la respuesta para lo que le pasa, pero que juntos la vamos a buscar. “Vamos al hospital, a la salita del barrio y charlamos con el doctor”. No dejarlo solo y no minimizar.

 

En los jóvenes es importante la grupalidad, que haya amigos, encontrarse con otros, salir.

 

De todas formas, tener en cuenta que hay muchas maneras de prevenir, pero no hay garantía de inevitabilidad y eso no hace culpables a quienes lo rodean.

 

-Dentro del trabajo interdisciplinario que proponen desde el dispositivo, ¿incluyen lo espiritual?

 

-Sí, hemos tenido situaciones en que solo aceptan hablar con un cura y nosotros los contactamos. También hubo personas en situación de calle, entonces coordinamos para que se queden en el refugio.

 

Es la estrategia que a cada uno le hace bien y nosotros lo acompañamos. La Iglesia es una institución, y como tal debe pensar en estos temas. Hay personas a las cuales la espiritualidad las sostiene, entonces, bienvenido sea.

 

-Si nos lee alguna persona que está necesitando ayuda, ¿qué mensaje le podemos dejar?

-Que se comunique con nosotros (Dispositivo de Salud Mental Comunitaria 3447 45-9646). Hay cosas para hacer. No están solos. El teléfono lo tenemos todo el tiempo y contestamos.

 

Y si siente que está muy mal, que se dirija a la guardia del hospital y pida de hablar con alguien.

 

Principalmente, que no se quede solo. Que no tenga vergüenza de decirle a un vecino “me siento solo”. Y todos nosotros, estar atentos a lo que pasa alrededor nuestro.

 

La persona mayor que vive sola, ¿está bien? Los adultos mayores necesitan hablar con otros y hay espacios grupales donde se juntan a cantar o tejer. Que pregunten y enseguida les buscamos un espacio.

 

Prevención del suicidio

 

Desde el Programa Provincial de Prevención del Suicidio (Línea 135 – Las 24 horas) se difunden algunos conceptos que pueden ser de ayuda.

 

A qué estar atentos:

 

- Dolores físicos frecuentes (de cabeza, panza, etc.) sin causa médica clara.

 

- Cambios bruscos de conducta o del estado de ánimo.

 

- Irritabilidad o impulsividad.

 

- Disminución del rendimiento escolar/ deportivo/laboral.

 

- Dejar de realizar actividades que generaban disfrute.

 

- Aislamiento, falta de integración grupal.

 

Cómo acompañar:

 

- Escuchar antes que hablar, dar tiempo. No interrumpir.

 

- Evitar juzgar y dar consejos, no ponerse de ejemplo a seguir.

 

- Acompañar a la persona a buscar ayuda.

 

- Evitar frases como “La vida es linda” o “No deberías sentirte así” porque representan una exigencia que la persona no puede cumplir.

 

- Respetar la privacidad y la intimidad de la persona.

 

Mitos:

· Hablar de suicidio es una mala idea porque te pueden dar ganas de suicidarte. (Falso)

 

 

Hablar de suicidio puede dar a una persona otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión. (Verdadero)

 

 

· Solo las personas con un padecimiento mental son suicidas. (Falso)

 

 

La problemática del suicidio conlleva un gran sufrimiento pero no necesariamente implica que la persona deba tener un diagnóstico en salud mental. (Verdadero)

 

 

· Las personas que intentan suicidarse realmente quieren morirse. (Falso)

 

 

Las personas que intentan suicidarse no quieren morir, sino que quieren dejar de sufrir y vivir de la misma manera en la que lo vienen haciendo. (Verdadero)

 

 

· Quienes hablan de suicidio no tienen la intención de suicidarse, lo hacen para llamar la atención. (Falso)

 

 

Quienes hablan de suicidio pueden estar pidiendo ayuda. Siempre hay que darle importancia a estos pedidos para poder prevenirlo. (Verdadero)

 

 

· Las personas que se suicidan lo hacen repentinamente y nunca avisan a nadie. (Falso)

 

 

Muchas personas dan algún tipo de aviso sobre sus intenciones de hacerse daño. (Verdadero)

 

 

· El suicidio se hereda y se contagia. (Falso)

 

 

El suicidio no se trasmite genéticamente ni se contagia. Sí se puede aprender del entorno que es una forma de resolver problemas. (Verdadero)

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