Una presencia de tanta trascendencia, por contradictorio que parezca, está atravesada por la aparente irrelevancia de historias mínimas que los miles que fueron hasta el parque París Londres tienen para contar.
Sin embargo, son solos apariencias. Es que, en el fondo, están grabadas a fuego en los corazones de cada uno de los que se atrevió a dar testimonio, a vivenciar con toda la carga emotiva que eso significa la visita de León XIV a Paysandú.
El recuerdo de Juan Pablo II
Muchos de ellos lo relatarán por estas horas, otros incluso lo harán por años, como aquellos padres que ayer llevaron a sus hijos desde Young, en el Departamento de Río Negro, hasta la vecina Paysandú para que viviesen lo que habían experimentado hace 39 años cuando Juan Pablo II visitó Uruguay.
Francisco, Agustín, su hermana Inés, Juana y Dominic fueron esos niños de entre 11 y 12 años que comparten el camino de la catequesis en su ciudad natal y que fueron hasta el encuentro con León XIV. “Ver el Papa”, respondió Agustín cuando le pregunté qué lo animó a ir ahí. “Es un hecho histórico para el país”, agregó.
Juana, en tanto, relató para El Entre Ríos: “yo vine con mi familia porque mi padre siempre me cuenta que, cuando era chico, también había ido a ver el Papa cuando fue a Uruguay y también porque en la catequesis que hacemos en la Parroquia nos invitaron a venir”.
Sobre el Parque París Londres
Desde la medianoche, aún cuando el cielo estaba amenazando la lluvia que finalmente llegó y, con intermitencias, estuvo presente casi hasta las 6 de la mañana, hubo miles que ingresaron al Parque donde por años funcionó el zoológico municipal. “Acá antes estaba lleno de árboles enormes y muchos animales. Hoy ya no están”, contó la señora que vendía números para los que retirábamos un café o agua caliente para el mate.
Sombra y agua caliente, en función de la multitudinaria demanda que hubo, fueron los únicos que estuvieron insuficientes este 7 de noviembre. Lo primero, no fue necesario porque el cielo estuvo gris, plomizo y solo en pequeñas dosis ofreció algo de sol. Un poco de calor ante tanto viento frío que obligó a más de un abrigo encima durante el tiempo de la vigilia.
En cambio, todo lo demás fue bien puesto al servicio de propios y extraños que visitaron “La Heroica” Paysandú (en recuerdo a aquella histórica defensa de la ciudad, entre 1864 y 1865, cuando sus habitantes resistieron un prolongado sitio militar). Apacible y organizada, tuvo un sábado que pasará a la historia al ser la primera ciudad latinoamericana donde León XIV celebró misa.
“La verdad que es una gran alegría para nosotros, para Paysandú, para Uruguay también, una emoción que pueda reunir a tanta gente de Latinoamérica porque no solo hay gente de Uruguay, sino también de Brasil y Argentina”, destacó Clara, sanducera.
El Parque Paris Londres tuvo puestos de hidratación (canillas estratégicamente ubicadas para llenar botellas o vasos) y varios puestos de venta de “Merch” (la forma más moderna de llamar al merchandising, como anglosajonamente llamamos los hispanoparlantes a souvenir, recuerdos y otros detalles).
Los sanitarios, por doquier (en módulos individuales o en formato de contenedores cuidadosamente limpiados), el bello parquizado y las veredas para transitar de un lado a otro eran otra virtud del predio que tuvo pulmones verdes o espacios donde cabía aún más fieles. No estuvo a tope. Eso propició que las familias, grupos de amigos y comunidades parroquiales se desplazasen y encontrasen con otros en una constante mañana de fraternidad.
“Betania”, Sonia y Gabriel
¿Qué habrá sentido cada uno de los integrantes del grupo Betania cuando cantó en el escenario contiguo al altar donde celebró el Papa? Guillermo Romano y Camila Challiol le pusieron voz a las melodías de la banda, que también integra el sacerdote Fabricio Ponce (párroco de la Parroquia “Nuestra Señora de Itatí”), de la Diócesis de Concordia que encendió la espera con mucho amor y reflexiones que repercutieron entre los presentes.
Sonia y Gabriel decidieron el viernes por la mañana que, en Paysandú, iba ser el momento indicado para compartir una celebración con el Papa. Viajaron durante la madrugada del sábado desde Buenos Aires (sí, donde estará este lunes).
“Decidió venir después de una operación. Es un gesto de amor inmenso y demuestra que realmente lleva a Jesús. Quiere hacerse cercano”, reflexionó ella, argentina. Su compañero, radicado en Buenos Aires, pero oriundo de Uruguay y de origen croata, lució con orgullo ambas banderas.
Cuando el saludo se hizo personal
La espera terminó cuando el avión aterrizó en el aeropuerto internacional “Tydeo Larre Borges”. En verdad fueron dos veces. La primera ovación se la llevó un avión que, en rigor, llevaba a parte de la comitiva papal pero no al Santo Padre. Hubo risas, comentarios ocurrentes de los animadores, y una renovada expectativa que se terminó cuando aterrizó una segunda aeronave, sí bajó el visitante ilustre y saludó a las autoridades que lo esperaban.
En el tránsito hasta el Parque Paris Londres hubo mucha emoción. Algo se respiraba en el aire frío de esta mañana poco primaveral y muy espiritual. Tal vez fue eso lo que acongojó especialmente a Bautista, de apenas 10 años. Si bien estaba a unos 5 metros del vallado que delimitaba la calle por donde pasaría el líder de la Iglesia Católica, su pequeñez no lo dejaba ver.
Una señora, que podría haber sido su abuela, le dio una banqueta para que se parase. No fue suficiente. Renegó. Lloró y logró que varios quisiesen ayudarlo sin éxito. “Quería conocerlo. Yo viene para eso”, repetía entre lágrimas. Finalmente, aceptó subirse a los hombros de su papá. Al tercer intento, quedó ahí sentado con el celular en mano para registrar el paso del Papamóvil.
Lo que se comparte a continuación es el video que registró ese gurí concordiense mientras lo llamaba al grito de “Papa, Papa”. Hay un momento en que se tuerce el registro. Es que hubo algo más que cambió de rumbo y fue extraordinario: León XIV estaba saludando hacia el otro lado. Sin embargo, se dio fugazmente la vuelta y fijó su mirada en “Bauti” para saludarlo sonriente.
Pareció decirle que siempre supo que estaba ahí. ¿Fue acaso lo mismo que sintió el niño en su interior cuando, de la nada, lloró con apremio cuando el Sumo Pontífice pisó suelo sanducero? La emoción de él fue la de varios de su alrededor que pasaron a felicitarlo, acreditando que ese saludo fugaz era uno de los mejores momentos de su joven vida. Lloró desconsoladamente él, lloraron todos, incluso yo que lo llevaba en mis hombros.
Hasta aquí parece un hecho fortuito, casual. Cuántos saludos da y cuántos más aún recibe una persona reconocida globalmente como el Papa, en circunstancias como la del sábado. No obstante, parece que hay un hilo conductor entre la vivencia del niño y el de otra entrerriana, en este caso adulta, madre, que también estuvo allí.
“Una emoción tengo”
“Nosotros estábamos adelante de las vallas pero, cuando pasó, miraba para el otro lado”, empezó contando. “Yo gritaba como loca: ‘León, León’ y, aún habiendo pasado porque yo seguía gritando, se dio vuelta y saludó”, afirmó sin contener la espiritualidad que tuvo ese instante.
“Una emoción tengo. Es una experiencia que quedará guardada para siempre en nuestros corazones”, reflexionó y mostró otro punto en común con el relato anterior: hubo algún llamado interior, ese fuego que encendió el niño a llorar, que esta mujer la movilizó a estar en Paysandú.
“Yo tengo a 180 kilómetros Lujan, pero me hice 1400 kilómetros de ida y vuelta para esto”, reveló ya que actualmente reside en Junín, Provincia de Buenos Aires. “Disfrutarlo en familia, más de 24 horas sin dormir, con lluvia y frío no importa para lo que hemos vivido”, concluyó.
Los puentes de la música
De inspirar, motivar y crear comunidad tendiendo puentes. Lo dijo el propio Robert Prevost en la primera parte de su homilía en Uruguay donde llamó a “ser constructor de puentes. Esa es la vocación a la que todos estamos llamados, construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe, como lo hizo el beato Jacinto Vera, a tiempo y a destiempo”, comenzó diciendo.
Esa misma alegría se transmitió con el coro especialmente conformado para la celebración como también cuando se escuchó “Una gran alegría”, canción oficial del viaje apostólico, que interpretó Lucas Sugo junto a Catherine Vergnes, reconocida en la región como “la sonrisa del folclore” que fue la encargada también del cierre.
La joven cantautora folclórica sanducera, de pronto, también tendió puentes entre la costa del río Uruguay que recibió la visita papal y el río del otro lado de la costa entrerriana, el Paraná. Fue cuando interpretó “Oración del Remanso” del rosarino Jorge Fandermole. Es que cuando cantó “Cristo de las redes, no nos abandones. Y en los espineles, déjanos tus dones”, pareció hablar de ese río, del Uruguay y de todos los ríos.
Incluso cuando habló de los dones, mientras los corazones latían con más intensidad que de costumbre, en el imaginario popular de los que paulatinamente iban desconcentrándose asomaron el palmar y el mate al que aludió León XIV para como símbolos de fortaleza, principio y fin, compañía y de identidad.