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Desde su actual ubicación en calle Moreno 211 de Colón, el archivo de El Entre Ríos está siendo sometido a un proceso de inventariado, selección y clasificación de ejemplares y restauración de antiguas colecciones, que redundará en más de un siglo de historia digitalizada.

Las páginas del periódico fundado el 1º de mayo de 1883 por Apolinario Sanguinetti atesoran un sinnúmero de acontecimientos históricos que reflejan la historia de toda una región, la provincia, el país y hasta del mundo, vistos desde la ciudad de Colón.

El procesamiento parte de los ejemplares archivados desde el año 1900 y se extiende hasta la última edición impresa del jueves 19 de marzo de 2020, fecha de inicio de la “cuarentena estricta” y el fin de un ciclo de 136 años de recorrido sobre el soporte papel. Se trata de un trabajo encargado por la última directora del periódico, Graciela Marcó de Maxit, en línea con la apuesta a la digitalización de contenidos que requieren estos tiempos y, en simultáneo, la preservación de una forma de memoria colectiva.

Los avances de este proyecto permiten ver cambios sustanciales, que van desde un reordenamiento físico del archivo hasta las primeras consultas de los años disponibles en formato digital: 1900, 1901, 1902, 1903; 1994, 1995 en proceso y 2004.
El oficio de restaurar documentos
Licenciada en Ciencia Política con formación en archivística, que progresivamente se fue metiendo en el mundo de la conservación de papel, María Ximena Scala es la encargada de lo que define como un “trabajo de hormiga” que sabe cómo encarar, fruto de un extenso currículum profesional que incluye hasta su paso por la biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores. “Estamos atravesando un proceso de toma de conciencia, revalorización y puesta en valor de fuentes documentales, a partir de diversos sucesos: inundaciones, incendios, desastres naturales, la actual pandemia, que han dejado en evidencia la necesidad de tener un respaldo del material en distintos soportes y que a su vez faciliten el acceso a las fuentes documentales”, afirma ampliando el horizonte del proyecto iniciado en el archivo del periódico.

“Preservación”, “restauración” y “digitalización”, son términos que forman parte de su oficio cotidiano, resultado de encontrarse en permanente actualización de técnicas y uso de materiales, con la infaltable cuota de inquietud personal y pasión por lo que se hace: “Es fundamental estar actualizado y nutrirse de experiencias como éstas, con los desafíos que se van presentando”.

“Llega un punto en el que siempre es necesario volver a los archivos porque son nuestra memoria, un punto sensible”. En este caso, fundamenta su teoría en que, al tratarse de un medio de comunicación, “es la memoria de una ciudad, de toda una región y una provincia, por eso es importante revalorizarlo”.

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Así, avanza primero en la “restauración” y, posteriormente, en la “digitalización” del material para su puesta a disposición de la comunidad para diversas consultas. “No puedo digitalizar un material que no está en condiciones, sin antes estabilizarlo de la manera menos invasiva posible”, indica comenzando a dar pistas sobre su paso a paso, “alternando las tareas por cada tomo”.

Trabajar sobre el formato diario “es otra cosa”, que tiene sus particularidades con respecto al libro: “Contener y estabilizar el papel de diario, que se deteriora rapidísimo, es un trabajo que muchas veces lleva a tomar decisiones drásticas, con colecciones que no pueden volver a encuadernarse por no estar en condiciones”.
Manos a la obra
Una vez inventariado el material, Ximena dio inicio a lo que asume como “un desafío enorme desde el punto de vista profesional”, con una serie de tareas distribuidas entre el propio archivo y un depósito de El Entre Ríos, con el taller de conservación y restauración de libros y documentos que desde hace siete años tiene en San José.

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Inventario. “El primer paso consistió en crear un registro, donde estén identificadas existencias y faltantes en la colección original encuadernada. Luego se avanzó sobre un relevamiento de ejemplares en el depósito y, a partir de allí, en el cotejo de las condiciones de los ejemplares para la colección definitiva, en caso de que estuvieran repetidos”.

Estabilización. “Este trabajo lo hago con aplicación de técnicas y materiales como papel Japón y adhesivos de conservación, que logran que el papel de las hojas tenga cierta estabilidad. En este punto puede darse la friabilidad, cuando el papel pierde la estabilidad a punto tal que se resquebraja y se convierte en polvo o en trozos. Almacenarlo en contenedores, es una forma de preservarlo”.

Proceso de digitalización. “El primer paso consiste en la toma de imágenes. En esta etapa, armo espacios de trabajo para tratar de invadir lo menos posible al ejemplar, con un aro de luz LED muy tenue y neutra, con baja emisión de rayos UV, que no emana calor. Se fotografía sin flash, no se escanea para no manipularlo de forma invasiva y evitar el exceso de luz. La toma es desde un trípode, con una cámara de alta resolución”.

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Edición y creación de archivos en formato PDF, “a través de un programa que permite incorporar una herramienta que funciona como buscador con palabras claves, por reconocimiento de caracteres (OCR), que facilita mucho la tarea de quien realiza la consulta. A su vez, con otras funciones del programa, se comprimen los archivos y se optimizan, ocupando así menos espacio de almacenamiento en la memoria”.

Base de datos a futuro. “A medida que se avance con la creación de los archivos digitales, se abre la posibilidad de diseñar una base de datos en donde los archivos se pueden clasificar y catalogar, de esa manera se agilizarían notablemente las consultas. Asimismo, ese sistema de archivo podría cargarse a una plataforma digital, lo que ampliaría más aún el acceso a los documentos”.
Abrir el juego
Testigo de tres siglos de historia, el archivo de El Entre Ríos constituye una fuente permanente de consulta por parte de historiadores, docentes, estudiantes y curiosos, que toman contacto desde distintos puntos de la provincia.

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Aunque ya estén habilitadas nuevamente las consultas presenciales, “el hecho de que esté digitalizado permite que muchas personas se puedan comunicar desde otros lugares y solicitar el material vía correo electrónico”, cuenta como beneficio la encargada del proyecto de restauración y digitalización.

“Algunos usuarios, que vinieron a investigar sucesos ocurridos en los primeros años del siglo pasado, directamente lo han hecho en el archivo digital, es decir en una computadora donde se guardan digitalizados los periódicos”, agrega como dato, advirtiendo que todos ellos deben completar un formulario de consulta. Sin embargo, “faltan varios años que, por préstamos no registrados o distintas mudanzas, se fueron perdiendo”: se trata de los tomos correspondientes a los primeros 17 años del periódico (de 1883 a 1899), como así también “otros baches” que fueron detectados en distintas décadas del siglo pasado.

“Sería sumamente importante suplir esas ausencias y poder completar el archivo, por eso puede ocurrir -explica Ximena- que seamos nosotros quienes los solicitemos en forma de préstamo a instituciones o coleccionistas que los tengan, entonces poder digitalizarlos y devolverlos a la brevedad”.

Por consultas, turnos para visitar el archivo o datos acerca de las colecciones de los años faltantes, escribir al correo electrónico [email protected].
Fuente: El Entre Ríos

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