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El discurso de “Pirula”, entre citas de Cortázar y planteos existenciales de hace medio siglo

El exlegislador Luis Edgardo Jakimchuk

El lunes último, el peronismo de Concordia convocó a la “reapertura” de un “centro electoral”, ubicado en Boulevard San Lorenzo 301 Oeste, en la seccional cuarta.

 

Entre los oradores del acto, no pasó desapercibido Luis Edgardo “Pirula” Jakimchuk, un dirigente que supo ser concejal primero y legislador provincial tiempo después, y que en 2020 continuaba ligado al Estado, ostentando el cargo de Coordinador de Actividades Foresto-Industriales para el Departamento Concordia, de la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Producción del Gobierno de Entre Ríos.

 

Luciendo unas vistosas zapatillas con vivos naranjas, jean y remera celeste, tomó el micrófono para hablar a los asistentes. De fondo se podía apreciar una imagen de Enrique Cresto con el lema de campaña usado en las PASO, que a nivel nacional ya fue reemplazado: “La vida que queremos”.

 

En un video que circuló en grupos de WhatsApp se lo escucha recordar un planteo casi existencial que se hizo 50 años atrás, al que luego complementó con la cita de un documento que –según dijo- data del año 1969.

 

“Hace más de medio siglo me pregunté por qué quería ser peronista. Calculo que todos nos preguntamos por qué somos peronistas, por qué quisimos ser peronistas”, dijo Jakimchuk, en el comienzo de su alocución.

 

De inmediato, esbozó lo que sería la respuesta al dilema planteado: “Yo me respondí que era lo más cercano a un movimiento que se preocupaba por la inserción del más humilde y por el ascenso social”.

 

Como complemento de tal definición de lo que sería la esencia del peronismo, optó por buscar una definición para lo que según él sería el polo opuesto, es decir, “la derecha”, el conservadurismo. Y fue en ese contexto en que eligió al escritor argentino – francés (o viceversa, según cómo se mire) Julio Cortázar.

 

“A medida que iba militando, como lo hacen ustedes, tuve un señor, un escritor, un ícono muy importante del campo popular, Julio Cortázar, que en un documento allá por el año 1969, nos enseñó a todos qué era la derecha, qué era el movimiento conservador de derecha, y él la definió como que son aquellos que no quieren que los pobres tengan historia, que no quieren que los peones se le planten al patrón, al dueño de las herramientas del trabajo, por su salario”.

 

Así, en poco más de un minuto, el “Pirula” presentó la dialéctica entre peronismo y derecha conservadora, todo ello dicho desde un contexto social y económico muy complejo, en la ciudad que, según el INDEC, tiene al 51,6 % de su población sumida en la pobreza, y donde miles de familias, por más que aspiren a ese “ascenso social” que el peronismo dice propiciar, no consiguen salir de las condiciones de vulnerabilidad extrema en que han nacido y crecido.

 

Por otra parte, no todos los críticos de Julio Cortázar coinciden en ubicar al gran escritor en la vereda de enfrente de la derecha, como lo definió Jakimchuk. Es más, hay en su literatura también algunas muestras de cierto rechazo al peronismo.

 

Por ejemplo, el mexicano Rafael Rojas destaca, como expresiones antiperonistas de Cortázar, al cuento Las puertas del cielo y a la novela El examen. Pero mucho más aún identifica esa mirada crítica en “Casa tomada”, escrito en 1946, es decir, “en el momento de despegue del peronismo, donde se narra, metafóricamente, la forma en que un autoritarismo —cualquier autoritarismo, de derecha o izquierda— conquista el entorno doméstico y privado, el barrio y la familia, y se da a la infame tarea de intervenir los sueños”.

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