Hace varios meses los colonenses venían programando este viaje. Comandados desde la parroquia Santos Justo y Pastor por el padre Daniel Petelín y coordinados por Stella Maris, los motivó la ilusión de participar de la misa presidida por el papa León XIV, pese a que la magnitud del evento convertía la propuesta en un gran desafío.
“Primero imaginaba un colectivo, luego vino el segundo, el tercero, el cuarto. Y podría haber sido uno más”, dice la coordinadora. Fueron alrededor de 230 pasajeros, entre quienes hubo personas de otras localidades y provincias. Se sumaron, además, varias familias que cruzaron al otro lado del río en sus vehículos particulares.
Haciendo honor al valor del puente y la unión entre dos naciones a los que aludiera en su homilía el Santo Padre, en el Colegio y Liceo Nuestra Señora del Huerto de Paysandú abrieron sus puertas desinteresadamente para recibir a los peregrinos que habían salido de Colón pasadas las 20.00 y llegaron casi finalizando el día.
En las aulas, bolsas de dormir, mantas y hasta algunas reposeras, vinieron bien para el descanso previo al gran día.
La lluvia postergó la idea de salir a las cuatro de la madrugada. Antes de las seis ya había parado y con reposeras, mate y un sinfín de intenciones, el grupo de colonenses inició la caminata calculada en unas 17 cuadras.
Algunos encontraron el transporte que dispuso el municipio de Paysandú para el traslado de los fieles y otros llegaron a pie, al predio sanducero que contó con gran presencia argentina y entrerriana.
En el cielo, hubo llovizna y también sol. En el Parque París Londres, estuvo lo que fueron a buscar: la confirmación en la fe del sucesor de Pedro.
Como legado, quedó el llamado a ambos pueblos para ser “constructores de puentes” y que estos sean “con buenos cimientos y los soportes adecuados para no desplomarse con la fuerza del viento”.