Diego Capurro es de Viale, a donde regresó con la crisis de 2001 luego de haber empezado otra carrera fuera de su casa. Allí egresó como maestro y, ya en el último año del Profesorado de Enseñanza Primaria ingresó a trabajar como preceptor en una secundaria.

A partir de allí fue involucrándose más con ese nivel hasta que una Extensión Áulica del Profesorado de Tecnología de Nogoyá le permitió concretar ese desafío. Hoy es el director de la Escuela Secundaria Nº14 “Palmas de Yatay” ubicada a la altura del kilómetro 96,5 de la Ruta Nacional 18 (ubicada en el margen derecho, si se transita de este a oeste, o sea desde la costa del río Uruguay hacia la del Paraná).

Además, dicta clases en el primer año de los Profesorados de Biología y Matemática de Viale, más precisamente, en el Taller de Oralidad, Lectura, Escritura y TIC que dicta junto a una comunicadora social. “Y trabajo en otra escuela rural, de Crucecitas Séptima, por la tarde”, dice por si fuera poco.

Capurro contagia entusiasmo en su relato. El mismo que lo llevó a hacer pública la historia de uno de sus alumnos, en la escuela que dirige. El docente además transmite gusto, entusiasmo por lo que hace cuando va hasta la casa de “El niño que domó el agua”, parafraseando a aquel de la película británica que en 2019 mostró la historia de William Kamkwamba que la ignota Malaui construyó un aerogenerador para alimentar algunos aparatos eléctricos en la casa de su familia.

“Tiene que ver con una cuestión mía, me gusta ir a visitarlos, verlos y estar en sus casas”, contó sobre la razón de acercarse hasta la vivienda de los Farias, en la que viven el papá y sus 5 hijos (3 de ellos son alumnos de la Escuela “Palmas de Yatay”: Romina, Vilma y Rodrigo). En el medio, hay una historia inspiradora de superación, ni más ni menos que del fallecimiento de la mamá en un accidente de tránsito.

Hay, además, la posibilidad de canalizar y mostrar lo mejor de sí poniendo manos a la obra para mejorar la vida misma y la de su entorno. Eso es lo que logra Rodrigo con cada verdura que brota en su huerta, con cada gota de agua que llega hasta la superficie desde el pozo que con su ingenio realizó. A sus 13 años enseña mucho y muestra que es “un genio digno de destacar”, como dice Capurro. A continuación la entrevista que el director de la secundaria, situada a 40 kilómetros de Viale y 60 de Villaguay, en el Departamento de nombre homónimo, concedió a El Entre Ríos:

-¿La escuela, cómo es, está en una zona rural?
-La escuela es rural y está ubicada sobre Ruta Nacional 18, en el kilómetro 96,5. Viniendo de Concordia para acá está a mano derecha. Está una vieja estación de servicios que se llamaba Piñeiro, que tiene el techo caído, y después de eso, unos 2 kilómetros adelante, está la escuela.

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A la escuela concurren 44 alumnos, en la sede (foto) y además otros 11 asisten al anexo. Agrandar imagen
A la escuela concurren 44 alumnos, en la sede (foto) y además otros 11 asisten al anexo.
-¿De qué zona son los alumnos?
Todos van de la zona rural. Es la única escuela secundaria del Distrito Raíces Oeste. Nuestros estudiantes son todos de la Aldea Faría, Aldea Díaz, Aldea Pérez y algunos también vienen para acá desde Estación Raíces.

-¿Cuántos alumnos?
En la escuela secundaria sede tenemos 44 estudiantes. Digo sede porque también tenemos un anexo que funciona en el Paraje El Tropezón, que está a 18 kilómetros de la ruta para adentro, en pleno monte. Ahí tenemos 11 estudiantes más.

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-¿En tu caso, imagino que te tocará hacer un poco de todo?
Sí, hacemos de todo y lo que podemos. También contamos con un equipo importante así que no estoy sólo pero sí soy el único en el cargo de conducción porque no tenemos secretario, vice, no tenemos administrativo ni preceptor, por ejemplo. Cuento con un gran equipo de trabajo de docentes y asesores pedagógicos.

-¿Este año cómo marchó: alcanzaron a empezar y después se paralizó? ¿Tuvieron oportunidad de retomar al aula?
-No. La cuestión es que si fuera por los chicos, volvemos. Ellos hubieran vuelto en marzo porque la escuela es su lugar de encuentro. A diferencia de la ciudad donde se encuentran en una plaza, en un club, ahí no hay nada de eso y la escuela es su lugar de encuentro, de socialización. Entonces, aman ir a la escuela.
Pero bueno, como la escuela está ubicada a mitad de camino entre Viale y Villaguay, la mitad somos de una ciudad y la mitad de la otra. Entonces, pasa que iba a ser mucha la circulación de gente, entre las dos ciudades y el transporte también porque ellos no iban a poder ingresar todos a la vez por el tema del distanciamiento así que se optó, por una cuestión de seguridad, no volver.

-¿Y cómo ha ido el año, cómo se las arreglaron?
-Nosotros nos manejamos con el elemento más sofisticado que hemos podido sostener y que, no es con todos, es por Whatsapp. Nuestros contactos, nuestras clases, fueron así y les hemos pedido 10 trabajos durante el año. Esos los han hecho por área porque tampoco fue la idea sobrecargarlos. Imaginate que te lleguen tantos trabajos, tantas fotos. Hicimos un acuerdo institucional y así, por ejemplo, se juntó la profe de Inglés con la de Lengua e hicieron un sólo trabajo. A partir, de un sólo texto trabajaron ambas asignaturas. Hicimos lo mismo con el área de Naturales y Ciencias Sociales. Los chicos no recibieron por etapa más de 5 trabajos. De esa manera pudimos sostenerlo por Whatsapp.

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-¿En el caso de, por ejemplo, Rodrigo y su familia como con otros chicos donde no tenés un contacto directo por Whatsapp tuvieron que buscar otras alternativas?
-Sí u otras personas .Por ejemplo, a Rodrigo le mandábamos a Romina, su hermana. Y a otra hermanita que también va a la escuela, que es Vilma, le mandamos a Vanesa, otra hermana. En la escuela secundaria son 3 hermanos que tenemos: Romina, que termina sexto, Vilma que está en cuarto y Rodrigo que está en segundo.

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-¿Por qué contaste lo de Rodrigo, qué te movilizó en lo personal y que te pareció lindo compartirlo?
-Primero porque me parece que últimamente está todo negativizado. Todo se pasa a negativo, todo son cuestiones con enfermedades o situaciones así. Entonces, dije: esta es una situación digna de destacar, más que nada por el esfuerzo de él y, ante la adversidad de haber perdido a su mamá, porque me imagino el sufrimiento que tendrá él, sus hermanos y demás.

-¿Esa pérdida fue el año pasado?
-Sí, exacto.

-¿En un accidente?
Sí, en un accidente de tránsito, aquí por Ruta Nacional 18. Rodrigo es bastante introvertido, las hermanas son más de expresarse pero él, en su cabecita, pudo imaginarse una situación de poder salir, de esmerarse en algo y lograrlo.
También mostrar esos conocimientos. No sé, yo si tuviera que hacer un pozo no sé dónde para sacar agua. Él poder hacerlo, encontrar agua e ingeniarse para ver cómo sacar esa agua de allá abajo con un mecanismo que no sea el tradicional del balde y la soga.
Él da vuelta la rueda de la bicicleta, gira la cuerda que, cada tantos centímetros, tiene una gomita que las cortó de una goma de bicicleta y eso hace que suba el agua por el caño.

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Rodrigo, feliz con la remolacha que cosechó en su huerta. Agrandar imagen
Rodrigo, feliz con la remolacha que cosechó en su huerta.
-Algo contaste respecto a que él, en su edad aún tan chico, se imagina poder estudiar algo el día de mañana.
-Claro. El tema es que Rodrigo tiene un PPI (Proyecto Personal Individualizado). Eso quiere decir que no aprende igual que el resto y, por ende, no se le enseña igual que al resto. Entonces, sus actividades este año y el anterior fueron pensadas para el resto de una manera y para él de otra, teniendo en cuenta sus intereses.
Por ejemplo, sabemos que no puede ser bueno en la lectura o la matemática y entonces tratamos de buscar textos que tengan que ver con lo que a él le atrae, lo que le gusta. De esa manera, tratar de incentivarlo. Eso, en las escuelas secundarias y primarias está reglamentado y existe.
Ese nudo en la garganta que se me hace cuando él dice que quiere ser Ingeniero Agrónomo es porque yo no sé si la Facultad de Agronomía está preparada. Ojalá, cuando él llegue a nivel superior o universitario eso suceda.
Fuente: El Entre Ríos.

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