El caso de Silvia Albarenque, la mujer que denunció situaciones de violencia y encierro durante su permanencia en un monasterio carmelita de Nogoyá, llegó a la pantalla con “Cautiva”, una miniserie de seis capítulos estrenada el 18 de septiembre por TNT y Flow.
La producción, protagonizada por Carolina Kopelioff y Lorena Vega y dirigida por Paula Hernández y Jazmín Stuart, reconstruye una historia real que tuvo repercusión pública y abrió interrogantes sobre lo ocurrido puertas adentro de la institución religiosa.
Pero ¿cuánto de lo que muestra la ficción se corresponde con los hechos reales? ¿Qué aspectos fueron recreados y cuáles forman parte de la historia de Silvia? En un análisis titulado “Cautiva: diez diferencias entre realidad y ficción”, Francisco Albarenque Rausch, hermano de Silvia, repasa las diferencias entre la serie y los acontecimientos que marcaron la vida de su familia.
A continuación, punto por punto sobre la producción y su representación de los hechos.
1. En la serie, Clara es forzada a escribirle a Nico para pedirle que no vaya porque es gay. En la realidad, las cartas fueron dirigidas al padre de Silvia, por haberse divorciado y vuelto a casar, y a su hermano, por haber tenido un hijo fuera del matrimonio. En la realidad, Silvia tiene un hermano que no asumió su orientación sexual hasta que ella salió del convento. Este paralelismo permite pensar en dos formas de liberación: la de Silvia, al abandonar la vida conventual, y la de su hermano, al dejar de ocultar su sexualidad.
2. En la realidad, Silvia tiene seis hermanos; en la serie, la familia se simplifica a dos. En la realidad no hubo un hermano sacerdote, pero sí uno que estudió para serlo y fue a hablar con el obispo; además, tanto una hermana (Laura) como la madre de Silvia también fueron a hablar con el obispo. La serie concentra en una familia más pequeña hechos y vínculos que en la realidad involucraron a varios familiares, simplifica la estructura, pero conserva la intervención de la familia ante la autoridad eclesiástica.
3. En Cautiva muere el padre de Clara y, convencida en el convento, decide no asistir al velorio. En la realidad, pasó algo parecido con otra carmelita de Nogoyá, cuya madre falleció. Aunque tenía autorización del obispo para ir al velorio, decidió no hacerlo. Esa comparación muestra cómo la influencia del convento podía llevar a una religiosa a renunciar, incluso, a despedirse de un familiar cercano.
4. En la realidad, Silvia hizo la profesión religiosa individualmente, como corresponde a la práctica carmelita. En la serie, en cambio, se muestra a Clara profesando junto a otra hermana, Lucrecia. Esto permite pensar que la figura de Silvia se desdobla en dos personajes, repartiendo aspectos de su historia entre Clara y Lucrecia.
5. En el personaje de Clara también se pueden reconocer elementos de la historia de Roxana, que en la vida real escapó por sus propios medios, mientras que es la madre de Silvia quien fue a buscarla al convento. La serie parece combinar y repartir esos elementos entre personajes.
6. En la serie se muestra un s*icidio, mientras que en la vida real hubo intentos, pero no un s*icidio consumado. Esa diferencia es clave: no se trata solo de un «éxito o no éxito», sino del desenlace: en un caso la persona sobrevive y en el otro fallece. A partir del cambio que introduce la ficción, se puede plantear como hipótesis, sin afirmarlo como hecho, si una muerte así podría haberse ocultado en ese contexto, considerando el cementerio de las hermanas y la posible complicidad de algunos médicos. La diferencia entre ficción y realidad no está solamente en el desenlace, sino también en las preguntas que ese cambio nos hace formular sobre el poder, el silencio y la posibilidad de ocultar lo ocurrido.
7. En Cautiva se plantea la posibilidad de enviar a Clara a Chubut, mientras que en la realidad a Silvia se la quería enviar a un convento en España, lo que la habría alejado mucho más de su familia. Ese cambio permite pensar en el rol de la distancia geográfica como forma de separación familiar y aislamiento. En la ficción, el traslado se sitúa dentro de Argentina; en la realidad, se pensaba en sacarla del país.
8. El inicio de la investigación periodística: En el relato de la serie, la investigación arranca con una carta anónima. En la realidad, en cambio, dos hermanos de Silvia le escribieron al periodista Daniel Enz, con nombre y apellido. No de manera anónima. Eso cambia no solo el inicio de la investigación, sino también el lugar que ocupa la familia en el relato. En vez de ser el último eslabón, fueron ellos quienes dieron el primer paso y lo hicieron de manera identificada.
9. El trabajo de investigación periodística: En la serie, la investigación la lleva adelante una única periodista (Martina Robles). En la realidad, el trabajo fue un esfuerzo de un equipo de investigación, en el que se destaca la participación de Lucila Tosolino, quien entrevistó a numerosas personas en Nogoyá (incluidas las carmelitas, familiares de monjas, ex monjas de ese Carmelo y personal del Hospital San Blas de Nogoyá). A esto lo sabemos por personas vinculadas tanto a Silvia como a Lucila.
10. La actuación del obispo: En la serie, como en la realidad, el obispo aparece como una figura que no actúa eficazmente. La diferencia clave está en cuándo recibe el reclamo. En la ficción, el reclamo llega después de que una víctima escapa; en la realidad, las denuncias llegaron al obispo Puiggari cuando todavía había víctimas dentro del monasterio, lo que vuelve la inacción más grave, porque se trataba de intervenir mientras la situación seguía ocurriendo, con Toledo como priora.
El caso real que conmocionó a Entre Ríos
La historia que inspiró “Cautiva” se remonta al monasterio de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, donde Silvia Albarenque ingresó en agosto de 1999, cuando tenía 18 años. Con el tiempo, según se acreditó en la causa judicial, la joven manifestó su voluntad de abandonar la congregación, pero permaneció en el lugar hasta abril de 2013.
El caso tomó estado público en agosto de 2016, luego de que se conocieran denuncias de excarmelitas sobre las condiciones de vida dentro del monasterio a través de la revista Análisis. La investigación derivó en un allanamiento y en una causa penal contra Luisa Ester Toledo, quien había sido priora de la institución. Otra de las denunciantes fue Roxana Peña, también religiosa, cuya situación formó parte del proceso judicial.
En julio de 2019, el Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguay condenó a Toledo a tres años de prisión efectiva por dos hechos de privación ilegítima de la libertad, agravados por el uso de violencia y amenazas y por su duración. La sentencia fue confirmada posteriormente por la Justicia y quedó firme en 2021. El caso fue presentado por distintos medios como el primero en la Argentina en el que una monja recibió una condena penal de estas características.
¿Qué pasó con la monja condenada?
Luisa Ester Toledo, la expriora del monasterio carmelita de Nogoyá, ingresó en la Unidad Penal Nº 6 de Paraná en agosto de 2021, luego de que quedara firme la condena a tres años de prisión efectiva.
En septiembre de 2022 obtuvo la libertad condicional y continuó cumpliendo la pena bajo determinadas reglas de conducta. El plazo total de la condena se cumplió el 23 de agosto de 2024.
En cuanto a su situación posterior, publicaciones periodísticas de octubre de 2026 señalan que Toledo residiría en un convento de la provincia del Chaco. No obstante, no se ha encontrado una confirmación oficial sobre su paradero actual.