Una tripulación compuesta por cinco navegantes entrerrianos se encuentra a escasas horas de concretar un ambicioso desafío náutico y humano: unir en velero el puerto de Concepción del Uruguay con la ciudad de Río de Janeiro, en la República Federativa del Brasil. A bordo de la embarcación Cerostress, los expedicionarios completan un trayecto de aproximadamente 2.500 kilómetros de navegación fluvial y oceánica, con un doble propósito que combina la fe personal y la alta competencia deportiva.
El proyecto, que moviliza de forma directa a un total de 14 personas —contabilizando los relevos para las distintas etapas de ida, competencia y regreso a la República Argentina—, contempla el arribo a las costas brasileñas tras dejar atrás exigentes jornadas en aguas abiertas bajo un estricto régimen de organización interna. En las últimas horas, los tripulantes reportaron encontrarse a unos 180 kilómetros de su destino: "Estamos a 180 kilómetros de Río. El mar está bastante movido, tenemos olas de unos cinco metros y alrededor prácticamente se ve solamente agua", describieron sobre las condiciones actuales del Atlántico.
La planificación inicial de la travesía estuvo motivada exclusivamente por la intención de inscribir la bandera entrerriana en la tradicional Semana Internacional de la Vela de Ilhabela, considerada una de las competencias náuticas de mayor prestigio en Sudamérica. No obstante, una sucesión de imprevistos logísticos reconfiguró el sentido del viaje.
"La idea surgió de un amigo que quería correr la regata. Después hubo problemas con el motor y también con otro barco donde íbamos a viajar. Ya estábamos embalados con la idea y surgió unir el faro Stella Maris con el Cristo Redentor", detalló un integrante de la tripulación. Esta redefinición dotó a la travesía de un profundo carácter simbólico, enlazando el histórico faro ubicado en La Histórica con el monumento del país vecino.
Detrás del cambio de planes subyace, además, el cumplimiento de un compromiso íntimo ligado a la superación y el agradecimiento. Uno de los navegantes reveló que la travesía constituye una promesa personal contraída tras superar una severa afección médica: "Tuve un problema de salud hace dos años, pero gracias a Dios pude salir adelante. Esta es una manera de agradecer a la Virgen y al Cristo Redentor. La excusa era la regata, pero terminamos haciendo este desafío que nos pareció mucho más importante".
Las exigencias técnicas de la navegación oceánica demandan una operatividad continua. Para garantizar el avance del Cerostress sin interrupciones, el equipo compuesto por el capitán Hernán Chareun, junto a Marcos Scolamieri, Juan Carlos Benítez, Camilo Ferbenza y Nicolás Nadal, adoptó un riguroso sistema de guardias rotativas.
Desde la zarpada en el puerto entrerriano, la tripulación registró una sola parada técnica con el fin exclusivo de reabastecer combustible, lo que les permitió optimizar los tiempos de navegación por encima de las estimaciones iniciales: "Venimos mejor de lo previsto. Calculamos que vamos a llegar dos días antes de lo que habíamos planificado".
A pesar del aislamiento geográfico que impone el océano Atlántico, el acceso a la tecnología les ha permitido mantener contacto directo con el acontecer continental y compartir momentos de esparcimiento. Los tripulantes confirmaron que, gracias a la conectividad satelital a internet, siguieron de cerca el desempeño de la Selección Argentina de fútbol.
"Vimos los dos últimos partidos del Mundial. Los vivimos tan nerviosos como el resto de los argentinos. Lo único es que no podemos salir a festejar porque el barco nos limita un poco", comentaron con humor sobre las particularidades de alentar a la distancia en medio del mar.
El aspecto alimentario también se adaptó a las costumbres rioplatenses mediante implementos adaptados para enfrentar el oleaje. Además de guisos y estofados previamente racionados, la tripulación utiliza una parrilla diseñada especialmente para operar en movimiento. "Ya hicimos un asado. Es la forma más fácil de cocinar arriba de un velero. Una vez que prendés el carbón especial dura una hora y media y vas haciendo la carne. Es el mejor asado que podés comer", aseguraron.
Tras completar ocho jornadas consecutivas de navegación, los navegantes ponderaron la cohesión del grupo como factor determinante para el éxito del proyecto: "No hemos tenido ningún inconveniente entre nosotros. Nos distribuimos bien las tareas y cada uno hace lo que le corresponde. Nos respetamos y eso hace que todo funcione".
Previo al tramo final de la aproximación a territorio brasileño, los tripulantes hicieron público su reconocimiento hacia las comunidades de origen y el soporte logístico recibido desde la provincia. "Queremos agradecer a nuestras familias, a los amigos que colaboraron económicamente, prestaron cosas, aportaron ideas y nos fueron avisando cómo venía el viento desde tierra. También a toda la gente que fue a despedirnos al club el domingo. Fue muy emotivo para nosotros", enfatizaron.
De acuerdo a la hoja de ruta establecida, tras arribar a la zona de Río de Janeiro y Angra dos Reis para el correspondiente descanso y acondicionamiento del velero, la delegación se trasladará para participar formalmente de la Semana Internacional de la Vela de Ilhabela, concluyendo así la primera etapa de este hito para la náutica de la región antes de emprender el regreso hacia Concepción del Uruguay.