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Masacre en el comedor, el último libro del periodista y politólogo Ceferino Reato, oriundo de Crespo, recibió el premio al Mejor Libro de Investigación que otorga el Foro de Periodismo Argentino (Fopea). La investigación narra un atentado organizado por Montoneros en el que murieron 23 personas.

El jurado, integrado por Roberto Guareschi, Miguel Wiñazki y la entrerriana Silvina Premat, definió que la obra, editada este año por el sello Sudamericana, sea la ganadora de la distinción.

De todos los libros que escribió, el entrerriano asegura que este fue el más difícil. Y explica por qué: “Sufrí que no se hubiera hecho una investigación judicial completa porque eso hubiera permitido dar con mucho material para consultar. Eso fue un problema. Y hubo otro problema, y es que a pesar de que lo que yo pensaba, que es que los sobrevivientes y los familiares de los muertos iban a querer hablar, no fue así. Son personas que se acostumbraron a llorar en silencio porque no les hicieron lugar”.

En su libro, Reato habla del 2 de julio de 1976, algo más de dos meses después de que empezara la última dictadura. Ese viernes, a las 13.20 del mediodía, un explosivo identificado como “bomba vietnamita” detonó en el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, dependiente de la Policía Federal y ubicado en Moreno 1417, en pleno barrio porteño de Monserrat. Hubo 23 muertos y 110 heridos.

El autor material del hecho fue José María Salgado, un oficial de Policía de 21 años que en realidad pertenecía a Montoneros y que estaba infiltrado en la Superintendencia. “Quien estuvo a cargo de diseñar la operación, que en términos de inteligencia militar fue brillante, fue Rodolfo Walsh. Walsh estaba a cargo de los Montoneros infiltrados en las distintas fuerzas de seguridad y estaba detrás del aparato de inteligencia de la organización. Era el jefe de quien puso la bomba: la operación es de él”, asegura Reato, tras ser premiado por Fopea.

“Fue el atentado más sangriento de la Argentina hasta que se produjo la voladura de la AMIA en 1994, en el que hubo 85 muertos, y el más mortal de los años setenta. No había nada escrito ni un seguimiento judicial detallado. Sí pude dar con el registro del sumario administrativo que se inició en la comisaría correspondiente en ese momento, pero no mucho más”, describe el escritor, también autor de Disposición final, en el que entrevisó al dictador Jorge Rafael Videla.

“Aunque logré dar con los nombres de los testigos, de los sobrevivientes y de su familia, fue muy difícil hablar con ellos. Por un lado, la Policía no profundizó sobre ese atentado porque era una gran humillación que hubieran atentado en la sede en la que, además, en el cuarto y quinto piso, tenían instalada una cárcel política en la que no solo encarcelaban sino que torturaban, y por otro lado, los sobrevivientes y los familiares no fueron escuchados como víctimas porque, conocidos los salvajismos de la dictadura, la violación sistemática de los derechos humanos por parte de la dictadura, todo eso clipsó los ataques y las violaciones de los derechos humanos por parte de las guerrillas. Entonces esas víctimas y esos familiares no fueron escuchados”, explica Reato.

El atentado que ocupa el centro de la escena en el libro del periodista no fue condenado judicialmente. La jueza María Romilda Servini declaró la prescripción de los hechos y eso fue ratificado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Sin embargo, en junio de este año y luego de que Reato publicara Masacre en el comedor, la Cámara Federal dispuso la reapertura de la investigación para que se investigue la responsabilidad de algunos integrantes de la organización Montoneros en la fatal detonación en la Superintendencia.

“Valoro mucho que una entidad periodística muy representativa y muy federal como es Fopea haya premiado un libro que es crítico con la figura de Walsh. Crítico en el sentido de que muestra una faceta menos conocida de una persona que es un ícono como periodista y escritor. Aparte de escritor y periodista, Walsh era un revolucionario y un guerrillero, y rebanarle esa porción de su vida y soslayarla no hace justicia con la densidad de esa persona”, sostiene Reato, y agrega: “Muchos periodistas se fabrican el Rodolfo Walsh que más les conviene. Los más ‘progresistas’ juegan a eso y ocultan una forma de vida que él había elegido: la de un revolucionario y guerrillero”.

En rigor, aún no está confirmado que la Justicia efectivamente reabra la causa. “Es bueno que se investiguen las cosas, no tanto por las sanciones, que también, sino sobre todo porque tiene que ver con la verdad. No sé qué va a pasar en este caso ahora: el fiscal ya se pronunció en contra de la reapertura, asegura que la causa ya prescribió”, sostiene Reato.

Consultado sobre por qué la eventual reapertura de la investigación se produce casi medio siglo después del atentado, el periodista responde: “Ahora hay una postura no tan hegemonizada por organismos de derechos humanos y el kirchnerismo, y creo que entonces los ataques de las guerrillas también son cuestionados por una parte importante de la opinión pública. La caída de la mirada contemplativa respecto de lo que hicieron las guerrillas era algo que iba a pasar y está pasando”.

En su investigación, el periodista asegura que luego del atentado del 2 de julio de 1976, el uso de lo que él llama “cárcel política” que la Policía Federal hacía funcionar en el cuarto y quinto edificio del edificio de la calle Moreno “se intensificó”. “En un principio llevaban prisioneros que podían ser torturados y luego liberados o trasladados, y luego del atentado de Montoneros, muchos fueron desaparecidos”, describe Reato.

Entre sus libros, no solo se cuenta el que incluye el testimonio de Videla, que murió en la cárcel condenado por delitos imprescriptibles de lesa humanidad, sino también Los 70, entre otros. “Los 70 van a estar siempre con nosotros. Hubo tantos sueños, tantos ideales, pero también tanta muerte y tanta sangre, que no nos podemos desprender de todo eso. La pregunta tal vez sea cómo hacer para que eso quede en la historia y no se use para hacer política en el presente. El mejor antídoto es contribuir a que se sepa qué pasó”, explica el periodista.

“Ya vimos bien lo que pasó respecto de las responsabilidades de la dictadura, vimos que hubo un plan sistemático para violar los derechos humanos. Sobre las guerrillas faltaba precisamente una mirada. Nadie se detenía a ver con profundidad qué hicieron las guerrillas por el uso político de los 70 que impulsó el kirchnerismo”, sostiene Reato, y agrega: “Al ser un grupo político, no es que les interese la historia por sí misma sino dónde arraigar sus discursos. El discurso del kirchnerismo se arraigó ahí, pero ese uso político ha sido tan evidente que ahora cuando se cuestiona al kirchnerismo se cuestiona también su mirada sobre los 70″.

La Cámara Federal impulsa revisar lo ocurrido hasta ahora con la investigación sobre el atentado del 2 de julio de 1976. Un fiscal se opone a esa iniciativa. Casi medio siglo de que la “bomba vietnamita” explotara en el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, no hay una visión unánime sobre cómo deben ser juzgados los hechos. Reato arriesga una hipótesis: si la de los 70 fue la década más convulsionada de la vida política argentina, la detonación del explosivo coronó su atentado más sangriento.
Fuente: Infobae

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