Los aniversarios que celebra en estos días Salto Grande encuentran al complejo hidroeléctrico en los prolegómenos de la inversión más gruesa de su historia, que incluye recambio y reparación de todas las turbinas en etapas, sin paralizar el servicio.
En un octubre como éste, la familia Soler Urquiza presentaba en el Congreso de la nación el primer proyecto para producir electricidad en Salto Grande, donde tenían su estancia. Fue en la crisis de 1890, y se están cumpliendo 136 años de la Revolución del Parque (julio) y del plan energético (octubre).
La tecnología estaba saliendo del horno en Europa; lo de Concordia rozaba la aventura, comparable (salvando distancias) con las luchas que 80 años antes había liderado José Artigas, incluso con su larga presencia a orillas del Ayuí, en Concordia, en reclamo de república cuando el mundo era adicto a las monarquías.
No cuajó entonces la propuesta eléctrica, pero siguieron los estudios por distintas vías, conflictos mediante, hasta que el presidente Juan Perón firmó en su primer mandato un convenio con su par de Uruguay en 1946 para avanzar en la obra, y la incluyó en el famoso Plan Quinquenal. El 30 de diciembre próximo se cumplirán 80 años de este acuerdo histórico.
Diversas mezquindades y desavenencias a dos bandas volvieron a entorpecer el emprendimiento. Con el regreso de su exilio en España para su tercer mandato, Perón colocó como prioridad la obra de Salto Grande en 1973. Así fue que en abril de 1974 comenzaron los trabajos a campo, pero en julio Perón se murió. El emprendimiento sería inaugurado hacia 1979, en tiempos de dictadura también a dos bandas.
La idea originada en Concordia fue una novedad en toda Sudamérica, con excepción de un emprendimiento pionero de empresarios mineros franceses en el arroyo Cuñapirú en el norte de Uruguay.
Los herederos de Justo José de Urquiza irrumpieron con su plan en medio de una crisis (la revolución del Parque, cuando recién había renunciado Miguel Juárez Celman y asumía Carlos Pellegrini) y por eso no tuvieron eco en Buenos Aires. También porque el sistema lleva a los dirigentes a considerar lo interjurisdiccional (en este caso, el río) como campo de nadie, donde pocos se animan. Sin embargo, la obra que alumbra a millones de argentinos y uruguayos pasó a ser un puente entre una Argentina con dejos de Urquiza y otra Argentina con dejos de Perón.
Pellegrini convocó a poderosos capitalistas para un empréstito interno, a cambio de bonos, que le permitieran sortear los primeros meses de gestión (servicio de la deuda, garantía de los ferrocarriles), y de hecho la familia de Gregorio Soler y Flora Urquiza realizó su aporte. El apoyo inmediato, en horas, de numerosos industriales y terratenientes hasta juntar 16 millones de pesos llevó al historiador Luis Sommi a exclamar: “la oligarquía acababa de ungirlo presidente”. (Lo destaca el historiador entrerriano Juan Antonio Vilar).
Cosa de mujeres
Como se observa, pasó más de medio siglo (de 1890 a 1946) para que tomara impulso la iniciativa de los Soler Urquiza, nacida en los campos entrerrianos, y pasaron casi tres décadas más (hasta 1974) para dar arranque a las obras.
Casi un siglo después del proyecto inicial, parte de aquellas tierras que habían heredado de Justo José de Urquiza quedarían bajo el lago artificial, fruto de esa idea.
Durante el primer mandato de Perón se creó la Comisión Técnica Mixta en el ’46 pero debido a las burocracias y las tensiones de los dos países no empezó a funcionar hasta el gobierno de Arturo Frondizi en el ‘58.
Salto Grande es un caso para analizar, por varias razones. Una de ellas: existe en ciertos ámbitos la idea de que los terratenientes argentinos no tenían actitud productiva industrialista, y eso no es lo que se aprecia en algunos herederos de Urquiza, que hicieron enormes esfuerzos para la producción (citrus, viñedos, bodegas, construcción, arraigo de inmigrantes), principalmente con el empuje de mujeres como Flora y su hija María Teresa; y para la innovación tecnológica. De modo que, con todos los adjetivos que puedan usarse contra la concentración de la propiedad de la tierra en el país, no parece necesario agregar otros sesgados.
Aquí una breve síntesis de las relaciones familiares y la iniciativa: Gregorio Soler, llamado Goyo entre sus amistades, y su esposa Flora de Urquiza, hija de Justo José, presentaron la idea energética como parte de un emprendimiento productivo extraordinario en la estancia Bella Vista que heredaron del ex presidente, asesinado 20 años antes. Vieron el uso de los saltos en Europa para la electricidad, y de inmediato imaginaron que podrían aprovechar los rápidos de Concordia que dieron nombre original “itú” a la zona.
Luego los campos de los Urquiza fueron conocidos como “Pampa Soler”.
En recuerdo de esa pareja de emprendedores y sus descendientes está la Península Soler en el Lago de Salto Grande, un bello rincón de Concordia; la avenida con el nombre Pampa Soler, y una de las turbinas del dique de Salto Grande se llama Flora. La ciudad de La Criolla debe su nombre también al apodo de Flora.
Esta semana el intendente de Concordia Francisco Azcué anunció la pavimentación de varias cuadras de la avenida Pampa Soler, como parte del Plan de Infraestructura y Desarrollo hacia el Bicentenario de la ciudad, (que se cumplirá en 2031).
Goyo y Flora habían reunido a capitalistas argentinos y uruguayos para invertir en el proyecto hidroeléctrico y no pedían al Estado aportes económicos, sólo autorización. La tecnología era toda una novedad en Europa y los Soler Urquiza bancaron el viaje a Entre Ríos de expertos franceses para que estudiaran la viabilidad. Luego esos expertos les disputarían la idea.
La notable foto
Un bisnieto de Goyo y Flora difundió una fotografía de parte de su familia en Concordia. Carlos A. Charlie Peralta Ramos realizó una publicación digital que tituló “Gregorio J. (Goyo) Soler y Soler y Flora del Carmen Urquiza Costa y sus colonizaciones”. Allí muestra una excelente imagen con este pie: “en la foto se ve en el costado del auto frente a la cámara con sombrero aludo, es mi bisabuelo materno Gregorio (Goyo) Soler y Soler casado con Flora de Urquiza Costa y a mi abuelo Pedro Vidal Freyre casado con María Teresa Soler Urquiza (está claro que se refiere a las dos mujeres, hija y nieta de Urquiza, pioneras de la producción en Concordia); los chicos son mis tíos Pedro (Coco) y María Teresa (Beba ) Vidal Soler, hermanos mayores de mamá, y en el auto están sentadas detrás mi abuela María Teresa Soler Urquiza y mi tía abuela Pichina Soler Urquiza de Domínguez, junto a inmigrantes recién llegados a Concordia Entre Ríos (año 1925)”.
La foto centenaria es sorprendente, con enorme contenido histórico. El bisnieto ofrece más precisiones de datos que son conocidos en Concordia pero poco frecuentados en el resto de Entre Ríos y la Argentina por quienes disfrutamos hoy de la energía que nos brinda Salto Grande gracias a aquellos precursores.
“Mi familia Soler Urquiza destinó 30.000 hectáreas de tierras fértiles con buenas aguadas de su estancia Bella Vista en Concordia, Entre Ríos, para ser colonizadas, es por eso que mi bisabuelo viajó a Europa a proponer a los ciudadanos europeos que vengan al país, ya que a todos les ofrecía trabajo y desarrollo a futuro. Se demarcaron los lotes para cada familia… alambrados, con viviendas de material y pozos para el suministro de agua. A cada familia se le entregó elementos de trabajo como ser: animales de tiro, arados, herramientas etc. Los colonos eran de Alemania, de Flandes, belgas, españoles etc. Integraron la primera colonia 40 familias y se la conoció como Osvaldo Magnasco, después se poblaron las colonias de San Bonifacio, La Criolla y los Charrúas. Las últimas en poblarse fueron Colonia Roca y Ensanche Colonia Roca. Las colonias fundadas por mis bisabuelos estaban con buenísima comunicación: dos líneas ferroviarias cruzaban las tierras de la estancia Bella Vista con sus respectivas estaciones de tren; una era la Parada Ayuí del ferrocarril del Nordeste Argentino y Osvaldo Magnasco, La Criolla y los Charrúas”.
Muy clara la síntesis de Peralta Ramos. Sin alusiones, allí, a la energía de Salto Grande, un proyecto frustrado en sus inicios.
Resulta que Justo José de Urquiza y Dolores Costa fueron padres de Flora de Urquiza; Flora y Goyo Soler fueron padres de María Teresa Soler de Urquiza Costa, que se casó con Pedro Vidal Freyre y tuvieron a Eva Vidal Soler. Eva se casó con Carlos Alberto Peralta Ramos, bisnieto del fundador de Mar del Plata.
Así es como los pioneros de la producción de Concordia y de la generación eléctrica de Salto Grande se emparentaron con los pioneros de Mar del Plata. El casamiento de los aristócratas Eva y Carlos fue en el segundo año del primer gobierno de Juan Perón, con una curiosidad: la novia llevaba el nombre de la primera dama: Eva Duarte. De ese matrimonio nació Carlos Charlie, que divulgó la fotografía.
Charlie, hijo de Eva, nieto de Teresa, bisnieto de Flora, tataranieto de Justo José de Urquiza.
Inversión multimillonaria
La Comisión Técnica Mixta ha organizado distintas actividades para los aniversarios que jalonan su historia, desde aquellas primeras aventuras a la realidad actual. Lo cierto es que se encuentra en una etapa de inversiones a pleno con la reparación y modernización de las 14 turbinas en cadena, las compuertas, las subestaciones, en un plan por etapas que demandará mil millones de dólares, con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, y con una logística notable. Ya están en las etapas I y II que invierten en diversos aparatos, transformadores, sistemas de control, equipos hidromecánicos menores, capacitación, etc. Los recambios principales de las turbinas Kaplan con origen en la Unión Soviética (años 70) comenzarán de manera escalonada hacia 2030, y hay empresas de diversos países interesadas en participar. Las actuales llevan más de 40 años de funcionamiento y se las remozará con el fin de duplicar esa vida útil.
Entrerrianos orientales
La historia reciente más divulgada tiene como norma el menosprecio de las relaciones regionales que no responden al orden establecido por el poder portuario de Buenos Aires. Y las propias víctimas de ese relato falso suelen aceptar esa distorsión.
Durante milenios el río Uruguay fue el eje de las relaciones de pueblos canoeros a dos bandas, y en tiempos de la colonia continuaron esos vínculos, cuando los habitantes de los actuales territorios de Entre Ríos y la República Oriental del Uruguay eran llamados “orientales”, por vivir al oriente del Paraná.
La relación de los Soler Urquiza con los empresarios uruguayos fue una iniciativa lógica, y muy naturalizada aquí, a dos bandas, si hacía pocas décadas que Uruguay se había convertido en un país independiente, y el río pasaba entonces a ser una frontera todavía difusa.
Pero esa unidad regional se expresa en el río, la flora, la fauna, las costumbres, los modos de hablar, las luchas, las artes, los ritmos musicales, y las familias. Por eso sabemos del padre uruguayo del patriarca entrerriano de La Paz, Linares Cardozo; de los padres orientales del gualeguaychuense Fray Mocho; de tantos Artigas en Concordia. Como sabemos del origen de miles de familias entrerrianas canarias venidas desde la campiña uruguaya, y así podríamos enumerar decenas de ejemplos de hermandad a dos bandas.
De hecho, redactamos esta columna un lluvioso viernes 23 de Octubre, el Día de La Redota, conocida luego como el Éxodo Oriental, una expresión de resistencia y determinación popular frente al despotismo colonial que hermanó a los entrerrianos y orientales. Eso ocurrió a orillas del Ayuí, en la actual Concordia, a principios del mismo siglo que los Soler Urquiza cavilaron tempranamente en el hermanamiento eléctrico que hoy disfrutamos y saludamos.