Aceicpa

20 años de una idea que creció desde un “roperito” en la sala de las escobas hasta convertirse en aprendizaje de vida

Hay actos escolares que se vuelven una excusa para algo más profundo que la celebración formal. El aniversario de la Asociación Cooperativa Escolar del Instituto Comercial “Almafuerte” de Villa Elisa (ACEICPA) fue uno de esos momentos: no solo se conmemoraron dos décadas de un proyecto institucional, sino que también se volvió a poner en palabras una forma de aprender que, para muchos exalumnos, sigue operando mucho después.

Invitado como egresado y testigo de los primeros años de trabajo, me propuse en la ocasión retroceder 20 años en el tiempo y, debo confesar, me encontré con varias similitudes con el presente: primero, el frío propio del inicio del invierno; segundo, el clima mundialista, porque en ese entonces se estaba disputando el Mundial de Fútbol Alemania 2006; y tercero, el cooperativismo escolar como gran protagonista.

Foto: Eli Casse.

En aquel entonces, primer año en la secundaria, todo resultaba novedoso. Y algo que se presentaba como “cooperativa escolar” también lo era. No terminábamos de dimensionar de qué se trataba, cómo funcionaría y, mucho menos, la proyección que tendría en el tiempo; algo que recién hoy, dos décadas después, podemos valorar en su verdadera dimensión.

Los primeros recuerdos que aparecen en la memoria son los de los chicos más grandes recorriendo las aulas, promocionando los beneficios que ofrecería la nueva cooperativa; en ese entonces, fotocopias, venta de útiles escolares más baratos y otros servicios. Organizaban campañas, hacían socios y se convocaba a asambleas con derecho a voto.

Con el paso del tiempo, la cooperativa dejaba de ser algo que se percibía solamente como beneficiarios para convertirse en una responsabilidad propia, ya que en el último año de la secundaria empieza a tenerse como materia y hacerse cargo de esos servicios que antes se habían recibido.

En ese momento, la cooperativa funcionaba literalmente en un “roperito”, en la salita de las escobas del viejo edificio. Un ropero bastante maltrecho, donde para cerrarlo había que levantar una puerta, sostenerla en el aire, empujar la otra con fuerza y recién ahí soltarla para que terminara de encajar. Hoy, en contraste, cuentan con un espacio espectacular dentro del nuevo edificio: luminoso, cómodo y con todas las condiciones para trabajar. Una muestra clara de cómo cambió y creció tanto el colegio como su cooperativa escolar.

La experiencia de ACEICPA fue impulsada por los docentes José Manuel Tournour y Mónica Siboldi, quienes comenzaron a vincularse con instituciones del cooperativismo para dar forma al proyecto. A partir de allí, se desarrolló la asamblea constitutiva, el diseño organizativo y la identidad de la cooperativa.

Como en cualquier organización real, los estudiantes participan de una estructura formal con asamblea de asociados, consejo de administración y distintas áreas de trabajo. La experiencia se integra a la materia de prácticas educativas del último año, donde se aplican conocimientos administrativos, contables y organizativos en un entorno real.

El objetivo central, desde el inicio, ha sido formar en valores cooperativos y trasladar la teoría a la práctica cotidiana, con servicios concretos dentro del propio establecimiento.

El camino transitado por el Instituto Comercial forma parte clave del contexto histórico de la experiencia. La institución, que en 2028 cumplirá 60 años, se desarrolló durante décadas sin edificio propio, funcionando en un espacio cedido por el Obispado de Concordia, hasta que en 2013 logró abrir las puertas de su propia casa, a partir de un largo proceso de gestiones y, sobre todo, de miles y miles de pollos asados vendidos por su comunidad educativa. En ese marco, el crecimiento de la cooperativa escolar se inscribe en una historia institucional atravesada por el esfuerzo.

ACEICPA también hizo posible mejoras para la institución que le dio origen, como la reciente incorporación de televisores que permitió completar la cobertura de pantallas en todas sus aulas, fruto de excedentes del último ejercicio económico.

Más allá de los logros materiales, el sentido profundo de la experiencia sigue estando en entender que se trata de una forma distinta de pensar el trabajo y construir oportunidades junto a otras personas, tal como pudieron vivencias las sucesivas generaciones de estudiantes que pasaron por allí.

Lo que empezó en un espacio reducido, casi improvisado, hoy es una estructura consolidada dentro de la institución. Pero quizás lo más importante no es su crecimiento material, sino la idea de que el cooperativismo ofrece una alternativa muy valiosa en un escenario de cambio de hábitos de consumo, emprendedurismo y nuevas formas de trabajo, dejando abierta la posibilidad de asociarse, compartir esfuerzos y crecer de manera colectiva.

Hace 20 años se empezó a escribir una pequeña parte de esta historia que creció desde el “roperito” de la sala de escobas. Hoy, quienes están en las aulas tienen la misión de darle continuidad. Y, como se recordó en el acto, el desafío sigue siendo entender que cooperativismo no es solo una materia o ni una experiencia más en la escuela, sino una enseñanza de vida sobre una forma posible -y hasta necesaria- de construir futuro.

Fuente: El Entre Ríos