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A la altura de su misión

No es otra cosa que un lugar común el decir que todos tenemos una misión en la vida, con el añadido sanmartiniano, que el cumplirlo es la única manera de no terminar siendo nada. Y si bien eso es cierto, y todos deberíamos entenderlo de ese modo como forma de comprender todo lo de valioso que sucede en cualquier existencia, cuando “no se va a la banquina” y trata de hacer “todo como se debe”, como se decía en una época que no es precisamente la nuestra.

 

Resulta claro que existen profesiones que por exigir para su ejercicio una especial vocación, se las ve en sí mismas como una misión. Tal el caso de los “profesionales de la salud” –desde camilleros y conductores de ambulancia hasta los médicos, pasando por los no siempre del todo valorados enfermeros- a todos los que se ha visto colocarse de una manera voluntaria digna de ser destacada, en una “situación de riesgo extremo” como consecuencia de la pandemia.

 

Mientras que en este repaso no se puede olvidar a los bomberos. Con un accionar contra incendios que no son consecuencia de la sequía, este sirve como tentación irresistible para los piromaníacos de distinta laya, los cuáles ante incendios de falsas rememoraciones infernales, nos hacen pensar en la necesidad de extremar las medidas de prevención y alerta, para el caso que, en nuestra región, dada la extensión de superficies forestadas y las que son bajo diversos nombres reservas naturales, sufran en el no deseable caso de producirse incendios, el menor daño posible.

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