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Acerca de la posibilidad de institucionalizar el desorden

Republiquetas no eran las de antes, sino las que se insinúan, entre otras cosas, en la actualidad

 

Un conocido economista argentino al ocuparse de ellas, señala que “antes de empezar a escribir esta nota, busqué el significado de republiqueta en el diccionario de la Real Academia Española y en otros diccionarios online, pero no encontré una definición para esta palabra (si algún lector ha logrado encontrar una definición de republiqueta, le ruego me lo haga saber). De todas maneras, podemos asimilar la palabra republiqueta a un pequeño país gobernado por algún déspota ignorante, que se maneja en base a los impulsos de sus caprichos. Una republiqueta sería un país que hace una parodia de la república, es decir, hace como que tiene un gobierno limitado, con división de poderes que se controlan entre sí. Hace como que tiene un gobierno que publica sus actos en forma transparente y sin distorsionar la información. En una republiqueta no existen los valores que imperan en una república.

 

Por Rocinante

 

El autor mencionado tiene razón y no la tiene. Ya que al comenzar a redactar esta entrega, tuve una curiosidad similar. Y fue al buscar satisfacerla que me encontré con que con ese nombre fueron originariamente conocidos (o sea que eran las originarias) los grupos de rebeldes patriotas, también llamados guerrilleros (o montoneras) organizados entre 1811 y 1825 en el territorio jurisdiccional de la Real Audiencia de Charcas (Alto Perú, actual Bolivia). A lo que seguía la aclaración en el sentido que actualmente así se denomina a un territorio precariamente organizado, frecuentemente sometido a regímenes y con un grado vago de institucionalidad; en tal sentido la palabra "republiqueta" es despectiva y se suele aplicar a los países de Centroamérica y del Caribe -especialmente las Antillas- (tratados de "republiquetas bananeras").

 

Pero el sentido actual de la palabra, surge de su adjetivación, como se acaba de ver, como “bananera”. No está demás recalcar sus características: organización precaria y vaga institucionalidad.

 

De allí que no resulte descabellada la asociación que entre nosotros se hace de ese término con la expresión quilombo, la que hace de esto mucho tiempo ha dejado de ser una palabra censurada por el recato, para vérsela incorporada (aún muchas veces de manera estentórea) al lenguaje cotidiano sin que a nadie cause no ya extrañeza, sino escándalo.

 

Es que al respecto, debe advertirse que etimólogos ocupándose del origen de esa expresión señalan que un quilombo puede ser un palenque de negros cimarrones, un lío o alboroto, una cosa complicada o difícil, un prostíbulo o un lugar remoto.

 

Y continúan explicando que el término es una voz de origen africano, que proviene de la lengua kimbundu, lengua bantú hablada en Angola. Los quilombos eran lugares organizados políticamente como comunidad en torno a la autoridad de un líder o jefe. Por lo general, quedaban en lugares apartados, pero próximos a cuevas y fuentes de agua.

 

En el Brasil en tiempos coloniales se utilizó la expresión para hacer referencia a los campamentos en el monte de esclavos prófugos, y de allí se pasó a denominar a los burdeles o prostíbulos, hasta que se vino a desembocar en su sentido actual, que alude a un grupo con características similares a la de una república bananera.

 

¿De qué se trata lo que estamos viendo?

 

 

En la actualidad estamos viendo cómo se da el caso de los Estados Unidos que ha sido desde siempre un ícono de la República constitucional, en la que se hacen presentes señales de advertencia respecto a un rumbo que la puede llevar a ella también a convertirse en una republiqueta bananera.

 

De que ello ocurra así no le podemos echarle, al menos la culpa de todo, a Donald Trump, su actual presidente, aunque sea el primer nombre que se nos viene a la cabeza. Ni tampoco a los setenta millones y pico de estadounidenses que lo apoyaron en su reciente intento fallido de reelección. Ya que es indudable que en busca de una respuesta, por lo demás imposible, habría que bucear en atrapar causas más complejas y profundas.

 

Pero no podemos dejar de atender a informaciones como las que se pasa a transcribir.

 

* Donald Trump ha realizado este miércoles por la noche una nueva ronda de 26 indultos y tres conmutaciones de penas, según ha anunciado la Casa Blanca, que incluyen a su exjefe de campaña Paul Manafort, su exconsejero y amigo Roger Stone, y su consuegro Charles Kushner.

 

* Tras la ronda de indultos previa, anunciada la noche del martes, el presidente saliente, a apenas cuatro semanas de abandonar la Casa Blanca y en el día en que ha viajado a su residencia de Florida para pasar las fiestas navideñas, utiliza de nuevo sus poderes de jefe de Estado para enmendar a los jueces y los jurados y beneficiar a sus aliados con una justicia a medida.

 

* Con esta nueva ronda son ya cerca de medio centenar las personas a las que el presidente ha concedido clemencia en dos días. Y, con los indultos a Stone y Manafort, suman ya cuatro los indultos a condenados en la conocida como trama rusa que ensombreció parte de su mandato.

 

* Trump vuelve a dejar en evidencia su determinación de usar el poder presidencial para deshacer la investigación llevada a cabo por el fiscal especial Robert Mueller sobre los vínculos de su campaña de 2016 con Rusia, pesquisas que el presidente ha tachado retiradamente durante estos años de “caza de brujas”.

 

* El padre de Jared Kushner, casado con Ivanka Trump, hija del presidente, es un acaudalado empresario inmobiliario que fue hallado culpable de evasión fiscal y financiación ilegal de campaña. Cumplió dos años de prisión antes de ser excarcelado en 2006, y su indulto por parte de Trump era uno de los que se tenía por seguros.

 

* Su agenda incluye numerosas reuniones y llamadas. En romance paladino: nada. El país se enfrenta al peor azote de la pandemia, los hospitales al borde del colapso, más de 200.000 contagios y 3.000 muertes cada día. Pero el presidente lleva semanas sin asistir a una reunión del equipo de trabajo del coronavirus. Ni una sola intervención pública, ni una mención a la crisis en sus tuits de los últimos 10 días, más allá de un mensaje señalando que no quiere confinamientos y otro, tras el inicio de la campaña de vacunación, celebrando que el mundo “pronto verá el gran milagro de lo que la Administración Trump ha conseguido”.

 

* El despacho oval ha acogido estos días reuniones insólitas, atendidas por sujetos radicales promotores de peligrosas teorías conspiratorias a los que el presidente ha llegado a ofrecer puestos en el Gobierno. Reuniones en las que se ha debatido una rebelión en el Congreso y hasta la aplicación de la ley marcial para desplegar al Ejército en busca de la fantasía del fraude electoral.

 

¿No habla toda esa información de un orden en estado de disgregación creciente?

 

El oxímoron ruso: una desnaturalización férreamente organizada del orden

 

 

Nadie entre nosotros puede a esta altura de los hechos, decir entre nosotros que no sabe quién es Vladimir Putin. Pero a lo que de él sabemos cabría agregarle una información reciente que tiene que ver con el tema en desarrollo.

 

* El presidente de Rusia firmó una ley este 22 de diciembre que le garantiza inmunidad vitalicia a él y a su familia, convirtiéndolo en senador de por vida y librándolos de investigaciones, allanamientos y arrestos.

 

* El texto, publicado en línea este martes, otorga a los ex presidentes y a sus familias inmunidad para que no puedan ser procesados por delitos que hayan cometido. Con ello, también quedarán exentos de ser interrogados por la policía o por investigadores, así como de registros o arrestos.

 

* Esta legislación forma parte de las enmiendas constitucionales que fueron aprobadas este verano en una votación a nivel nacional que permitió que Putin, de 68 años, pueda permanecer en la presidencia hasta 2036.

 

* Hasta ahora, los ex presidentes solo eran inmunes por delitos cometidos mientras estuvieran en el cargo. Aún así, esta inmunidad puede quedar anulada si el ex presidente es acusado de traición o de otro delito grave y los cargos son confirmados por el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional.

 

A lo que cabe agregar lo siguiente:

 

* El martes, la Cámara Baja de la Duma aprobó en tercera lectura una legislación para hacer que la información sobre los empleados del sistema judicial ruso, el refuerzo de la ley y organismos militares y reguladores sea confidencial. Ese proyecto aguarda ahora la firma de Putin para convertirse en ley, un paso que está considerado como una formalidad.

 

* El lunes, el opositor Alexei Navalny afirmó desde Alemania que telefoneó a un supuesto agente de seguridad y le engañó para que admitiera que los servicios secretos (FSB) intentaron matarle en agosto, envenenándolo. Según Navalny, obtuvo el número de teléfono del agente a través de archivos filtrados y registros de viajes. El opositor publicó la supuesta dirección y teléfono del agente, algo que, en virtud de la nueva legislación, sería ilegal.

En suma, por ahora un desorden prolijamente organizado.

 

Una expresión de deseos

 

 

Remedando algo que alguna vez fue frecuente en las novelas policiales, me queda por expresar la aspiración que en nuestra propia realidad no se asista a cualquiera de ambas situaciones.

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