Resultaría de interés que alguno de los periodistas, conocidos como “de investigación”, precisamente por ser esa la materia de su labor, efectúen un análisis acerca de la proporción en que se distribuyen las noticias según su temática, y a su vez, cuál es, en líneas generales, la temática de las leídas.
Se trata de dos circunstancias que tienen que ver a la vez, tanto con la calidad de la información como también con el interés de los lectores, algo que sirve indirectamente para saber hasta qué grado nos encontramos ante un fenómeno de carácter “pasatista”, en cuanto sirve para “evadirnos” de la realidad.
Tal es el caso de los “chismes de la farándula” y de los conflictos en el “reñidero político” y también, en gran medida, la cobertura de los deportes. Dejando en claro que la diferencia que la atracción que éstas provocan es infinitamente más sana, e inclusive puede servir como una forma de motivar sus diversas prácticas, y hasta qué punto prestamos atención a los “temas que debieran importar”, que tienen que ver con los acontecimientos y situaciones actuales, como con las perspectivas que se abren para el futuro.
Dentro de ese contexto, es explicable, pero al mismo tiempo no deja de ser preocupante, el lugar que las “noticias policiales” están ocupando no solo en la atención pública, sino en nuestras vidas. Es así por lo menos en el caso, que no consideremos cada hecho –especialmente los de carácter truculento- en forma aislada, sino en conjunto. Es que, sin que se haya avanzado en la prevención de la violencia de género y los femicidios; ni se hayan podido evitar no ya solo las andanzas de los motochorros, han aparecido otras formas de atentar contra la vida de las personas y sus pertenencias, en las que el Estado da la impresión de dejar librada a la población a “la buena de Dios” o al “sálvese quien pueda”.
Ello que no es sino una manera de decir, que se ve bien que gobiernos ineficaces parecieran dar muestras de su impotente incompetencia “tercerizando la seguridad pública”, en la medida que la vemos la asumen “grupos de autodefensa” conformados por los vecinos. De donde aquello, que considerado aisladamente es una información que se podía considerar como pasatista, globalmente se transforma en un problema. Frente al cual, si es admisible que “los medios” se limiten a ceñirse en el desempeño de un rol de comentarista, no es el caso de las autoridades públicas, que no pueden limitarse a cumplir con similar rol, sino que deben asumir sus responsabilidades con el propósito de prevenirlos, darles batalla y erradicarlos.
Dejamos de lado, el impacto creciente que tiene en el panorama noticioso de nuestra actualidad el preocupante “caso de la droga”. Y pasamos a hacer referencia a un ámbito en que la atención aislada a cada caso, puede también llevarnos a hacer invisible el verdadero problema. Ese es el caso de los accidentes de tránsito, respecto a los cuales también se da la circunstancia de que las autoridades se limitan, a poco más que a cumplir un “papel de comentaristas”.
Es que, para dar un solo ejemplo, es no sólo incomprensible sino por lo mismo inaceptable, que la anterior ruta 14, a la que por la reiteración de funestos aconteceres” se la llegó a bautizar como “la ruta de la muerte”, ya transformada en autovía, se vea como poco a poco pareciera estar haciendo méritos, para mostrarse en condiciones de reivindicar para sí, similar designación.