Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido

El silencio es salud

Señalarlo así, es una manera elegante de destacar el hecho de que el “ruido” puede llegar a ser, cuando no enfermante, al menos exasperante. Es que el ruido es un sonido de características especiales, ya que, por carecer de articulación, resulta inevitablemente molesto.

 

De allí que incluso pueda señalarse que hablar de “ruidos molestos” constituye una innecesaria adjetivación, en la medida en que todo ruido es de por sí molesto. Aun en los casos de corta duración, dado que ello es frecuentemente considerado como una señal de alarma. A la vez, y en contraposición a lo afirmado más arriba, al diferenciar sonido y ruido, se puede dar el caso que aun los denominados “sonidos articulados”, se conviertan en ruido en función de su intensidad, su duración, y su volumen. Algo que queda claro, cuando en cualquier vivienda de barrio y a altas horas de la noche, se escucha pasar un automóvil con sus parlantes enormes funcionando “a todo vapor”, aunque los mismos emitan de manera inclusive que no sea atronadora, aun no ya música de percusión sino la mejor de las partituras de Mozart.

 

Y ni hablar de las “picadas”. Una circunstancia que nos señala que en materia de “sonidos y ruidos” todo es relativo. Y que el umbral de lo tolerable es mucho mayor cuando se hace presente en las calles de una gran ciudad, que en el caso de algunos centros urbanos de menores dimensiones -inclusive existen quienes afirman y resulta una curiosidad merecedora de esta digresión- que no son pocos los “citadinos” que a poco de disfrutar del relativo silencio de una pequeña comunidad, comienzan a “extrañar” lo que cabría considerar como “los ruidos de su gran ciudad”- Ello viene a significar que hasta se podría enunciar una regla, según lo cual “la posibilidad de calificar a la calidad de vida de cualquier núcleo urbano – incluyendo los meros barrios- en materia de ruidos invasores, es inversamente proporcional a la cantidad de fuentes con aptitud para generarlos”.

 

Es por eso que por aplicación de esa regla, es que cabría a la ciudad de Villa Elisa, más precisamente en el departamento Colón de nuestra provincia, contar con una característica que convierte a los elisenses en vecinos verdaderamente privilegiados. Dado que, como tuvimos ocasión de informarlo días pasados, allí tratan e los escapes ruidosos –de esos que suenan como la descarga de un arma explosiva- de la misma manera que la justicia lo hace con los cargamentos de narcóticos de los que se apodera. Aunque somos conscientes que hablar de que son “tratados de la misma manera”, es una forma de decir, ya que a las drogas se las quema una vez secuestradas y a los escapes de motocicletas se los aplasta. A su vez ya metidos de lleno en el tema y rumbeando como rumbeen, sería bueno que la autoridad pública se ocupase de toda fuente generadora de contaminaciones, con el objeto de sofocarlos. Empezando con los generadores de contaminación acústica y prosiguiendo con todo otro tipo de contaminación conocida o por conocer.

 

Sobre todo en momentos como los actuales que parece ir ganando un lugar en la preocupación pública– gubernamental y también en la de las personas de a pie- el tema del “impacto ambiental”, algo de es una de las tantas cosas malas que están presentes entre nosotros. Mucho es lo que se habla –inclusive de una manera hipócrita, ya que para medirlo no se tiene frecuentemente una sola vara- y es tan poco lo que realmente se hace en la materia. Hay que recordar que existen quienes afirman –algo que no es de extrañar dada nuestra propensión de hablar “a lo grande”- que el Riachuelo –nuestro Riachuelo el que separa ciudad y provincia de Buenos Aires- es desde hace décadas “la cloaca a cielo abierto más grande de la tierra” y sigue incumpliendo un fallo de la Corte Suprema mandando dar una solución a ese problema. Mientras tanto, todo está casi igual a “como era entonces”…

Teclas de acceso