En los casos de las municipalidades en los que los resultados de las elecciones últimas, no traen consigo una continuidad, sino una alternancia; la impaciencia explicable que significa esta larga espera, puede ser llenada de varias maneras con provecho para quienes van a recibir sus flamantes atributos.
Lo primero que deberían hacer, y esto está lejos de pretender ser nada parecido a una orden sino tan solo apenas una humilde sugerencia, es advertir las ventajas de este prologando periodo de transición, dado que siempre es positivo atender al lado bueno de hasta las malas cosas.
Y en este caso nos encontramos con que ello permite no llegar a ocupar las nuevas funciones prácticamente en ayunas, si se cuenta con la buena disposición que es de presumir de los funcionarios que cesan, se puede y debe aprovechar este lapso para la interiorización en detalle del quehacer municipal y de su estado, en lo que sería una suerte de radiografía.
Se nos ocurre así que lo primero y obvio es llegar a establecer el número total de personas que emplea cada municipalidad, y hacer pública esa información, junto con la de los datos que enumeraremos más adelante.
Ya que como se sabe, ese es uno de los agujeros negros que en materia de información propia es muy difícil por no imposible de penetrar. Todo ello complementado, como acabamos de indicar, con el sinnúmero de datos vinculados con ese personal como son el caso de su antigüedad -algo que dará cuenta de quiénes están en condiciones de jubilarse-, su categorización, la naturaleza y calidad de su formación, y a la prestación de qué servicios se encuentran afectados.
Una sugerencia que suena a obvia, pero no lo es en tanto y en cuanto el primero y hasta se diría el principal problema que deben enfrentar las nuevas autoridades tiene que ver con la forma como encaran la cuestión que representa el personal municipal, no solo desde el punto de vista de su incidencia en el gasto total, sino de encontrar la manera que se vuelvan a la vez dedicados y útiles en las tareas a las que estén asignadas o que se les asigne de allí en más.
Y dada la centralidad de la cuestión, cabría llegarse a señalar que de la manera en que ella sea acometida, no solo dependerán los resultados futuros de los cuatro años de gestión, sino que se constituyen para el vecindario de cada municipio en una señal de lo que se puede esperar de los que llegan.
No es nuestra intención, al menos en esta nota, hacer referencia a las falencias y defectos, por lo demás fácilmente detectables como efectivamente lo son por los vecindarios respectivos, presentes en esa materia, a la que se puede calificar como una compleja corruptela endémica. La que tiene su origen en tiempos que parecen -y lo son- lejanos, en una contratación acotada de personas carentes de toda capacitación, esa una manera disfrazada de subsidiar al desocupado, mecanismo que se ha ido distorsionando a lo largo de las décadas, hasta llegar a la situación de descontrol actual.
Mientras tanto, toda la argumentación precedente -y eso es algo que debe quedar bien claro- parte del presupuesto que abordar la cuestión que nos ocupa, no puede pasar por la reducción compulsiva de personal, sin perjuicio que se contemple eliminar los cargos vacantes, no incorporar nuevo personal, y hacer que se jubilen todos los que están en condiciones de hacerlo.
Ello significa que al no “resultar prescindible” la planta actual de personal, de lo que se trata es de ponerlos a todos a trabajar de una manera no solo dedicada sino que dé cuenta de un rendimiento palpable y eficaz. Con lo que dejamos sin desplegar por razones de oportunidad, tal como se ha indicado y se reitera, las falencias observables, por otra parte archiconocidas por lo fácilmente detectables.
De cualquier manera, consideramos de interés cerrar la presente con lo que puede parecer una obviedad. Cuál es la impresión -la que, admitimos, puede ser equivocada- que una cantidad significativa del personal actual carece de la idoneidad necesaria para desempeñar sus actuales funciones y las que se le puedan llegar a asignar, atendiendo a que son tantas las cosas que se necesitan hacer y los servicios que se pueden prestar a la población en una municipalidad reactivada en su hacer y con sus metas ampliadas como banderas desplegadas.
De allí que en el caso de ellos, se nos ocurre que habría lo que en una forma gráfica sería “mandarlos a la escuela”, a todos aquellos que no estén debidamente formados para “auténticas tareas” que exigirán esas ampliaciones en el espectro de funciones del gobierno local, no significa otra cosa que las propias municipalidades instalen mecanismos que permitan la capacitación indispensable para la función a desempeñar.
Dicho de una manera menos elíptica, que cada municipalidad tome a su cargo la “formación o reformación de su personal”.