En líneas generales, los dirigentes suelen minimizar los movimientos en el mercado financiero, tildándolos de asuntos de especuladores desalmados. El mercado financiero irrita a los dirigentes porque goza de una libertad que ningún cepo ha sido capaz de cercenar: los precios son determinados por la oferta y la demanda, mal que le pese a quienes con regulaciones intentan impedirlo. Peor aún: a mayor número de regulaciones, más lejana a lo deseado parecería ser la respuesta de los mercados.
A pesar de todas las regulaciones, durante la última semana el mercado paralelo del dólar y el mercado de futuros de dólar se movió como si la probabilidad de una devaluación luego de las elecciones PASO hubiera aumentado de manera importante. El dólar oficial vale en el contrato de fin de agosto 20% más que la cotización del viernes. Algo que se barruntaba, ocurrió en el momento más inoportuno para el oficialismo.
Estamos a una semana de las elecciones PASO nacionales, el primer ejercicio en el proceso que conduce a la elección de un nuevo Presidente. Las PASO podrían ser un ejercicio irrelevante, como ocurrió en algunas de las seis ocasiones en que tuvimos PASO desde que fueron introducidas en el año 2011. Sin embargo, existe el riesgo de que se conviertan en un factor de volatilidad, positiva o negativa, para la economía y los mercados, como en 2013 y 2019.
¿Qué mirará el mercado el domingo 13 de agosto por la noche? Lo más obvio parecería ser la cantidad de votos que saque cada coalición de las tres que lucen más competitivas. Y la conclusión también más obvia parecería ser que si el oficialismo emerge competitivo de las PASO, el mercado se pegará un susto.
Juega en este turno electoral un factor clave, ajeno a la comprensión de los votantes, en general: el acuerdo con el FMI. La forma en que se acordó hace una semana amerita preguntarse qué gato encerrado hay en lo firmado. Porque no es normal que el Fondo haya permitido a la Argentina no hacer grandes ajustes, intervenir en el mercado del dólar paralelo, e incluso revisar el cumplimiento de lo acordado recién en noviembre. Estos “beneficios” son los que subraya el Ministro Massa. Pero omite mencionar que tampoco es normal que, a cambio, haya postergado desembolsos y, con ello, forzado a la Argentina a pagar los vencimientos que fueron cayendo. Esos ansiados desembolsos aún están pendientes de aprobación por parte del Directorio del FMI, que parece haber perdido su confianza en el Ministro. Todo esto deja flotar en el ambiente el aroma a que Argentina se comprometió a más de lo que hasta ahora entregó, aunque las autoridades no lo reconozcan; la sospecha mayor es que ese compromiso adicional incluye una devaluación importante del peso luego de las elecciones PASO.
De existir realmente tal compromiso, la pregunta que surge es si el resultado de las elecciones podría influir sobre la decisión del Ministro de cumplir con el FMI. Esta es la mayor incógnita económica que seguirá a los resultados del domingo 13 de agosto. Aunque haya mucho foco puesto sobre la interna de Juntos por el Cambio, el resultado más determinante será el que obtenga el oficialismo, y en especial el Ministro-candidato.
Un muy buen resultado de Massa podría desatar una reacción negativa en los mercados y una andanada de problemas económicos conexos. Un muy mal resultado, aunque provocara una reacción favorable en los mercados, podría desatar una crisis política que aumente el riesgo de radicalización. La inestabilidad presente parece lista para entrar en una zona de mayores turbulencias luego de las PASO.
En cualquiera de los dos escenarios, la voluntad de cumplir con el supuesto compromiso de devaluar se vería disminuida, por varios motivos: no está claro que quiera resignar esa bandera discursiva, le vaya bien o le vaya mal, ni está claro que hacerlo ordene la economía y le asegure el desembolso ansiado, pues también el FMI podría arrepentirse de lo acordado. El asunto es que Argentina tomó dinero prestado a corto plazo para pagar los vencimientos de esta semana, lo tiene que devolver pronto, y no tiene los fondos para hacerlo. Le fallaríamos al FMI, a la CAF, a Qatar y quizás, incluso, a China, que nos dieron una mano ahora. Pero no sería la primera vez que en Argentina discurso mata obligación.
La fario de Sergio Massa en las urnas podría determinar su reacción económica. Los mercados confían en una respuesta racional, y, fieles a su optimismo natural, no parecen estar preparados para reacciones inesperadas, que nos podrían proyectar hacia aguas más peligrosas durante los meses que restan hasta la elección general.