Una década alargada y obscuramente trágica
No hace falta aclarar nada para comprender a qué me estoy refiriendo. Se trata del conflicto que nuestro país vivió en la década de los años setenta del siglo pasado, del que resultaron protagonistas principales movimientos guerrilleros y nuestras fuerzas armadas y seguridad; tragedia de la que quedan todavía rescoldos, muchos de ellos casi imposibles de apagar…
Por Rocinante
No viene al caso volver al relato de hechos, respecto a los cuales existe un gran número de piezas sueltas, y en relación a los cuales sigue todavía demorada su acabada reconstrucción histórica objetiva; de manera, que permita no solo un análisis más fino y acabado de lo entonces ocurrido, de lo que se desprendería lo que sería no otra cosa que una espantosa pero indispensable tarea.
No se puede dejar de lado que en ese conflicto (no encuentro otra forma de designarlo, sin que se levanten voces airadas), de una manera paradójica, hubo victorias y derrotas cruzadas, ya que el Estado militar alcanzó una cruel victoria en el terreno de las armas, mientras que fue, en cuanto para tantos no solo exculpatoria sino también motivo de exaltación, desde este punto de vista aplastante, una también cruel victoria política. En suma, nada de lo que nadie pueda enorgullecerse.
Todo ello, con una consecuencia que pasa tantas veces inadvertida, cual es que el legado del conflicto fue el de una sociedad lastimada hasta los tuétanos, llena de viejos rencores que siguen vivos más allá de que se los vea reconvertidos en muchos de los que están actualmente vivos; una de cuyas consecuencias es, su contribución al hecho que nos hayamos convertido en una sociedad cada vez más desquiciada. Algo, esto último, que exige una difícil pero urgente reversión.
Habrá quien opine, y no le faltará al hacerlo una gran dosis de razón, que no son estos los momentos más oportunos, sea cual sea la perspectiva con que se miren, para ocuparse de un tema como éste, más allá de su crucial importancia.
Pero lo que explica ésta, en apariencia extemporánea nota, es una información originada en Colombia, que se refiere a la circunstancia que el próximo 19, puede constituirse en una fecha de particular importancia, de colmarse las expectativas esperadas, por las repercusiones de lo que en esa oportunidad se escuche de dos de los protagonistas de una guerra civil que se ha arrastrado por décadas en ese país, y que quedó lamentablemente no del todo cerrada con un Acuerdo de Paz suscripto entre el gobierno de ese país y el principal grupo guerrillero, cual es las Fuerzas Armadas Revolucionaria Colombianas (FARC).
La transcripción de un cable que puede llegar a ser una buena nueva para los colombianos
El proceso de paz entre las FARC y el Gobierno de Colombia ha permitido ver lo inimaginable en un país acostumbrado a la guerra, tras más de 50 años de conflicto. Excombatientes que no habían hecho nada diferente a disparar un arma, ahora trabajan en cultivos de café, los hospitales que recibían a los militares víctimas de minas antipersonales se han desocupado y, ahora, los máximos líderes de dos movimientos armados —enemigos históricos— se han unido para pedir que les dejen contar la verdad sobre el conflicto colombiano.
Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko en sus años en las FARC, y Salvatore Mancuso, el temido paramilitar jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quieren que los escuchen y se lo han pedido a un sacerdote, el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, creada en 2017 en el marco de los acuerdos de La Habana. Esta semana Londoño publicó una carta en la que se muestra decidido a contar lo que él y Mancuso, detenido en una cárcel de Estados Unidos, saben sobre lo que ocurrió en los años en los que Colombia estuvo en guerra. “En nombre mío y de Salvatore Mancuso he dirigido una solicitud formal al padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, para que en audiencia pública el país conozca las verdades silenciadas sobre el conflicto armado. Sin duda la paz y la verdad triunfarán”, anunció Timochenko en el escrito publicado en sus redes sociales el jueves. Horas después, Francisco de Roux aceptó escucharlos y le puso día al encuentro. El próximo 19 de marzo empezará a recibir sus declaraciones.
“Estamos dispuestos a recibirles, por supuesto no somos ingenuos y sabemos que en estas cosas se mueven intereses, como se mueven intereses de todos los lados y por eso nos lo planteamos con rigurosidad, cuidando lo que nos importa: la búsqueda soberana de la verdad por encima de todos los demás intereses”, dijo De Roux este viernes en declaraciones a los medios nacionales. “Primero están las víctimas y el absoluto respeto hacia ellas. Estamos convencidos de que lo que plantean ellos es muy serio y el país tiene que conocer, más allá de pequeños detalles, el entramado profundo que hubo detrás de este conflicto, los intereses políticos y militares; ellos tienen mucho que decirle al país”. Para desactivar los ataques de quienes ya empiezan a cuestionar las intenciones de los dos excombatientes, el sacerdote aclaró también a la prensa que escuchar al exguerrillero y al exparamilitar no tiene como objetivo mejorar la imagen de los implicados. Sería imposible hacerlo. Londoño ha confesado su participación como exlíder de las FARC en secuestros, reclutamiento de menores y asesinatos. Mancuso es acusado de coordinar más de cien masacres. Por sus acciones, fueron asesinadas al menos 300 personas.
Tras someterse al proceso de Justicia y Paz con el Gobierno de Álvaro Uribe en 2008, Mancuso fue extraditado a Estados Unidos por narcotráfico. Desde allí ha pedido que se le permita someterse a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), pero hasta ahora se le ha negado. Su confesión —dice él— revelaría los vínculos entre el poder económico y el grupo armado que dirigió. Su versión permitiría completar el rompecabezas de un conflicto en el que no solo participaron hombres armados, sino también dirigentes políticos y empresarios.
Francisco de Roux ha aclarado que la Comisión de la Verdad, que él lidera, no es un aparato judicial, por lo que creer que podrían absolverlo desde allí no tiene fundamento. “Nosotros solo queremos que el país entienda qué fue lo que pasó, por qué nos vimos en esta tragedia que dejó nueve millones de víctimas”, ha dicho de Roux.
En 2008, cuando fue extraditado, Mancuso aseguró que con su salida del país se iba también la verdad sobre el conflicto; ahora que se ha mostrado dispuesto a hablar, su regreso a Colombia parece clave. “El testimonio de Salvatore Mancuso podría ayudar a develar la verdad sobre cientos de crímenes atroces y garantizar justicia para miles de víctimas.
La carta de Londoño en nombre suyo y de Mancuso estuvo precedida por una llamada del exlíder guerrillero al exjefe paramilitar, tras un año —según contó— buscándolo. En la conversación, Londoño le dice a Mancuso que teme por su vida si regresa al país a contar lo que sabe, pero le alienta a buscar juntos un espacio para hablarle a Colombia. “Cada uno de nosotros tenemos una partecita de la verdad de lo que nos pasó en este conflicto y necesitamos esa verdad, esa parte que usted tiene y necesitamos que la JEP lo escuche y que la Comisión de la Verdad también lo haga”, le insiste en la conversación.
Mancuso le dice que está dispuesto a participar en los encuentros que la Comisión determine, pero confiesa su temor a ser asesinado si regresa. “Hay personas interesadas en que llegue a una cárcel para torturarme, asesinarme, y así silenciarme definitivamente. Mis verdades han sido y siguen siendo muy incómodas porque involucran la responsabilidad del Estado y de personas de reconocida connotación nacional”, explica, pero reitera su voluntad de contar lo que sabe. “En el pasado fuimos enemigos acérrimos, hoy voy buscando la reconciliación, la paz, pero con verdad para las víctimas”, asegura. El país todavía recuerda la frase que pronunció en 2008: “Conmigo extraditaron la verdad”. El próximo 19 de marzo su testimonio y el de Timochenko serán escuchados.
¿Estamos frente a un ejemplo a tener en cuenta?
Indudablemente las expectativas que provoca un suceso como el referido son importantes, independientemente de sus resultados. Los cuales pueden llegar a resultarnos útiles, sean los mismos los que fueran para nosotros que enfrentamos también una situación, la que aunque de muy lejos, suena a parecida.
Es que todo depende de la sinceridad plena de quienes tienen que hacerse escuchar, de manera que la verdad del relato no aparezca mezquina, tanto por la reticencia, como por intencionalidades que se ignoran. Es que debe recordarse que los jefes de esa guerrilla colombiana han dejado en claro que callan tanto o más que lo que cuentan, y en cuanto a un paramilitar narcotraficante…
De cualquier manera, tanto en el caso colombiano como en el nuestro resulta imprescindible, para lograr la sanación social, el conocimiento lo más acabado posible de los hechos, como forma de avanzar en un Vía Crucis que da la impresión de ser interminable.
Porque en los hechos, cuando se llega a tener acceso a los mismos en su brutal desnudez, se hace presente la realidad objetiva. De lo cual se desprende que, contando con el relato de los mismos sucesos reales, las opiniones acerca de los mismos corren por cuenta de quienes las formulan. Porque considero que se incurre en un equívoco cuando se escucha hablar a alguien de mi verdad, como si la verdad no fuera una sola y a veces desgraciadamente no del todo alcanzable.