La historia contada desde un punto de vista alternativo.
Dicen los que saben, que existen tres maneras principales de hacerlo. La primera de las cuales es la que conocemos como el revisionismo histórico, que consiste en reinterpretar hechos históricos comúnmente aceptados. Además de ello, se alude a la llamada historia contrafactual o historia alterna, ejercicio mental que explora cómo sería la historia si algo la hubiera cambiado. A su vez, por cordón flojo, tal como se dice en los tribunales, atada a ésta última existen obras literarias conocidas como ucronías.
Por Rocinante
Obviamente de esta enumeración excluyo lo que entre nosotros se conoce como el relato, el cual mirado de una manera por demás benevolente cabe calificar como una versión distorsionada y una inclinación marcada a ser una adaptación interesada y parcializada de hechos, que inclusive pueden ser ciertos.
Nada se debe objetar contra el revisionismo histórico, por más que es observado, no precisamente con buenos ojos, por la academia, cuando siguiendo un método riguroso por parte de investigadores de probidad incuestionable, efectúan lecturas de los mismos hechos en función de documentos ignorados o de los que se ha prescindido anteriormente, lo que permite acercarse a algo que en la historia es casi un imposible, cuál es la verdad objetiva.
No se puede negar el valor de la historia alterna o contrafactual, que es más que un género literario, dado que el imaginar que, si hubieran cambiado los hechos y, si en lugar de uno hubiera ocurrido otro, puede ayudarnos a no repetir errores cuando no ganar en experiencia.
La celebración convergente del Día de los Derechos Humanos y del retorno a la vigencia de las instituciones de la Constitución Nacional
Mirada las cosas desde un punto de vista que tuviera en cuenta las consideraciones precedentes, cabría intentar construir una historia alterna, en la cual, lo que fue nada más que una celebración partidista de nivel internacional, se la hubiera organizado de manera que resultara de contornos parecidos, salvando obviamente las enormes e insalvables distancias, a una celebración que en esos mismos días congregó a todas aquellos para quienes River, o acotando las cosas, al menos el River de Gallardo, es una auténtica pasión.
En las calles porteñas y dentro del Estadio se encontraba una multitud que se nutre con un número mayúsculo de integrantes de nuestro pueblo. Casi podría llegar a decirse que era un corte espejado de abajo a arriba o de arriba a abajo de nuestro pueblo, porque allí no había sector social que no estuviera representado, en ese sinnúmero de personas, no sólo de distinta condición social, sino de géneros humanos diferentes, con distintos ancestros; habitantes de diferentes barrios y hasta de provincias lejanas, agnósticos o de creencias religiosas diferentes.
Eso, es lo que lleva a que concibamos una historia alterna, en la que en el acto del pasado viernes en Plaza de Mayo, veamos a una multitud de las mismas características que se reunió en el Monumental y sus adyacencias, luego de las discontinuas manifestaciones que recorrieron antes de converger allí calles diversas de esa ciudad.
O sea, sumando la multitud allí reunida con todos los otros, que son sus iguales aunque de distinto pelo, convocados a ese encuentro de compatriotas, por todos los que integran la cúpula dirigencial nacional, con el único objetivo de acabar con la diferenciación entre substancialmente idénticas categoría de otros y de esa manera verlos hermanados en un nosotros básico, en la medida en que un sentimiento de patria, al hermanarnos, nos permita a todos vernos a la vez iguales y distintos, pero idénticos en la medida en que nos sentimos parte de una empresa común.
Una historia alterna que ahora nos resulta tan difícil de imaginar como de realizar. Ya que vemos que comportamientos asociales y disfuncionales, o sea carentes de ejemplaridad, presentes en infinidad de situaciones en nuestro entorno, y a las que no enfrentamos con la determinación indispensable para erradicarlas, hacen que se vea desvaída la idea de Patria y los sentimientos que son su consecuencia, en una escalada que, de no detenernos a tiempo puede llegar a ser mortal.
Es que si los argentinos como enfervorizados seguidores de una camiseta blanca con una banda roja pueden hacerlo, ¿cuál es la razón para que todos los argentinos con su bandera azul y blanca que los identifica, y con un himno que tenemos que aprender a cantar, no podamos hacerlo?