La Municipalidad de esta ciudad, tal cual hemos informado, ha tenido la feliz idea de promover la práctica de ese juego, el que resulta de innegable provecho, sobre todo cuando en el mismo participan lo que la información aludida designa como “adultos mayores”. Dentro del mismo ámbito lúdico, cabría suponer que se podría dar un lugar al “juego de las bochas”, pero resulta claro que la posibilidad de encarar esa empresa resulta mucho más compleja.
A su vez, de la información que nos ocupa, no pudimos menos que focalizar nuestra atención en la referencia que en el mismo se hace a “instructores”. Es que hemos asociado la misma con la importancia que dentro del ámbito municipal -y esto en el caso de la mayoría de las localidades de la provincia- se atienda a la necesidad que en un área específica se dé un lugar a “capacitores”, de manera de formar trabajadores para tantas actividades que en nuestros centros urbanos, cuando no acusan una falta total de oferta, la existente resulta de baja calidad.
Como manera de ilustrar nuestra inquietud, se nos hace presente el hecho que en lo que hace a la mano de obra capacitada, ya no existen prácticamente “jardineros” que puedan precisarse válidamente como tales, sino que ello ocurre de una manera excepcional, ya que la oferta en la materia se reduce por lo general a “corta pasto”. Escasez que se vuelve más palpable si se tienen en cuenta tantas plazas y paseos que dan cuenta de la aludida falencia.
La gama de actividades que necesitan de “capacitadores”, con no demasiada imaginación creativa, puede extenderse largamente, entre ellas existe una a la que asignamos una importancia especialísima, que lleva a imponernos la obligación de referirnos en alguna oportunidad, en forma pormenorizada a ella, cual es aquella que tiene que ver con lo que de una manera que dudamos sea la correcta mencionamos como “animadores culturales”. Donde la expresión “cultura” no es utilizada en el sentido más frecuente del término, sino haciendo referencia a “prácticas y usos en la vida cotidiana que hacen posible, de ser adoptados, una mejor calidad de vida” no solo en el caso de las personas, sino del grupo familiar, y aún indirectamente por la comunidad toda.