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MSCI, el mayor creador de índices de acciones utilizados por los grandes inversores institucionales globales para armar estrategias pasivas (cuyas carteras replican el contenido de los índices sin preocuparse de qué contengan los mismos), informó el resultado preliminar de su evaluación anual del mercado accionario argentino. Es exactamente igual a la de un año atrás y a la de 2024, años en que MSCI no hizo cambio alguno en su categorización de las acciones argentinas como “Standalone” – una categoría fuera de los índices regulares y, por lo tanto, no replicados por las estrategias pasivas.

El principal obstáculo para obtener una mejora de categoría proviene de la persistencia de los controles de capital, una traba que para muchos en el mercado de capitales local podría ser obviado por MSCI, a pesar de la evidencia histórica concluyente que la señala como el factor determinante para no cambiar. El próximo martes, 23 de junio, MSCI emitirá el comunicado definitivo. Todavía se especula con que dicho comunicado mencione el inicio de alguna consulta para considerar la inclusión de las acciones argentinas en el índice de mercado emergentes, del que salió en 2021. Es posible, aunque improbable.

Vale la pena repasar un poco de historia: los controles de capital fueron completamente removidos en diciembre de 2015, pocos días después de la asunción del gobierno de Mauricio Macri. Unos meses más tarde, en 2016, MSCI comenzó la consulta con inversores institucionales, para obtener opiniones acerca de la conveniencia de incluir a Argentina, que en aquel momento pertenecía al índice de mercados de frontera, dentro del índice de mercados emergentes. Al año siguiente, 2017, extendió la consulta por un año más. Recién en 2018, después de esos dos años de consulta, anunció la inclusión de Argentina dentro del codiciado índice, a partir de mediados de 2019. Pocos meses después, Argentina volvió al cepo, y MSCI comenzó la consulta inversa, que derivó en su relegación a la categoría “Standalone” (la traducción literal sería “autónoma”, o propia), sin pasar siquiera por la categoría de frontera en el proceso.

Incluir y relegar a un país con tal celeridad importa costos reales y reputacionales para los inversores y para el creador del índice. Costos que todavía están en la memoria de quienes tienen que decidir, y que seguramente influyan en sus decisiones por largo tiempo.

¿Qué importa estar o no estar?, se preguntarán algunos, si aún sin estar en el índice las acciones argentinas tuvieron un recorrido espectacular desde 2021 hasta ahora – le ganaron a todos los mercados emergentes con los que desearíamos estar. Tal vez el impacto sea intangible para muchos, pero no lo es tanto en la práctica. Cambiar el perfil del inversor, desde uno especulativo a uno institucional, que invierte a largo plazo y no rota su cartera de manera activa, debería reducir la volatilidad de las acciones, y aumentar su valor por el mero hecho de que tenerlas supondría un riesgo menor.

Algunos expertos del mercado especulan con que, aunque Argentina pueda no ser elegible para integrar el índice de mercados emergentes por causa de los controles de capital, bien podría volver a integrar el índice de mercados de frontera. Puede ser, pero no está claro que eso sea beneficioso. No sólo el tipo de inversor no mejoraría mucho contra el tipo de inversor especulativo actual, sino, sobre todo, porque dicho paso intermedio podría retrasar aún más el retorno al índice de mercados emergentes.

El inversor argentino tiene una tendencia natural al optimismo. Pondera más el miedo a dejar de ganar que el miedo a perder. Si en su ponderación hace jugar una alta probabilidad de inclusión en el índice de mercados emergentes, aún sin que se remuevan los controles de capital, podría verse decepcionado. Hay reglas, y en algunos ámbitos, como en este de los índices, parece que esas reglas fueron diseñadas para ser cumplidas.

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