En primer lugar quiero expresar que comparto plenamente el artículo de Rubén Denis en este mismo medio del 07/08/2020 en el que analiza y da su parecer respecto de la nueva ley que legisla el teletrabajo.
Me enteré del proyecto y de su tratamiento en el Congreso a través de un viejo amigo que me decía que estaba en el grupo de asesores de la Comisión de Legislación del Trabajo, colaborando sobre los impactos del teletrabajo en los trabajadores afectados.
Recuerdo que mi respuesta espontánea fue “me estás jodiendo”, pero no, la ley se sancionó unos días después.
Más allá de las cuestionables expresiones de Mario Pergolini referidas al tema, me pregunté por qué nos pasa esto, por qué acontecen o suceden estas situaciones en mi país, por qué en el Parlamento se tratan con tanta urgencia casos como el del teletrabajo y llegué a las siguientes conclusiones entre otras:
En mi país
- Hay pleno empleo
- Tenemos un índice de pobreza inferior a países como Alemania
- No hay casos de analfabetismo, todos los centros educativos poseen los últimos adelantos tecnológicos en la materia.
- No existen problemas de seguridad, estamos cerrando cárceles como en Suecia
- El sistema de salud nos ofrece excelentes servicios de cuidado
- La red de agua potable y cloacas cubre todo el territorio nacional
- La fortaleza de nuestra moneda es la envidia de nuestros vecinos
Estas conclusiones me permitieron comprender por qué nuestros legisladores se ocupan del teletrabajo. Vale recordar que esta modalidad laboral ya se conocía e instrumentaba en los años 90.
Solo a manera de ejemplo, conversando con la hija de un colega y de su experiencia en esta nueva modalidad laboral me confirmó que le cambió radicalmente su calidad de vida; pensé entonces, ¡nuestros legisladores tienen razón!
Con ansiedad escuché el siguiente relato: “son muchas cosas las que cambiaron, me levanto a la misma hora 5:45, pero después de prepararme el termo y el mate me comunico con mis colegas y clientes de la India y de Dinamarca aprovechando la tranquilidad de la mañana y el huso horario, ya no sufro el estrés de qué ropa y calzado me debo poner, no necesito producirme la cara para evitar comentarios fuera de lugar, no me como 1 hora y 20 minutos de bondis, empujada, manoseada, apretada, no sufro las frenadas y arranques bruscos, tampoco algunos compañeros de oficina con rostros carac…. y otros comentarios que no hacen más que confirmar como realmente le había cambiado la vida el teletrabajo.
La joven vive a las afueras de una ciudad muy importante del interior y trabaja en la zona portuaria y cerealera.
Considerando estas experiencias sugiero que las señoras y señores legisladores continúen legislando proyectos de estas características, dado que las grandes problemáticas que hacen a una Nación razonable están resueltas.
Compartiendo la experiencia de la hija de mi colega con unos amigos surgieron un par de ideas, por ejemplo por qué no legislar el uso del WhatsApp; uno de ellos me decía que le preocupa cuando en un semáforo un chofer de transporte público es insultado por no iniciar la marcha cuando la luz verde se lo permite, nadie entiende que está contestando un mensaje de WhatsApp, ¡pobre tipo! Otro compartió las demoras que sufrió en el Correo Argentino, donde el único empleado que atendía se tomó unos cuantos minutos respondiendo a un WhatsApp, o como me ocurrió a mí hace unos días cuando dos agentes de tránsito en un cruce de calles se olvidaron de sus tareas por mirar los mensajes recibidos.
Otro amigo nos comentaba el estrés que le genera la cantidad de mensajes que recibe y que lo desconcentra en sus tareas habituales, sobretodo de su mujer, porque si no le responde se le arma la de San Quintín cuando vuelve a su casa. Ya estos ejemplos me permiten sugerir la sanción de una ley que ordene el uso del WhatsApp.
¿Se deberá abonar horas extras cuando se recibe un mensaje fuera del horario normal de trabajo por razones laborales?
Como es de esperar, alguien del grupo propuso otras ideas, ¿por qué no se legisla la corrupción?, así evitaríamos tantas intenciones de reforma judicial; establecer un sistema de porcentajes en función de las jerarquías y de los montos de las transacciones, pero eso sí, debería ser todo en blanco me dijo.
Finalmente la última idea que recuerdo fue que se defina por ley la creación de un solo sindicato, con lo cual no solo los conflictos de encuadramiento sindical desaparecerían sino que también tendríamos menos Obras Sociales quebradas.
Como cierre de esta opinión y dejando por un momento de lado el humor y las ironías, es necesario que nuestros representantes entiendan la importancia de acordar prioridades para la Argentina posible y de comprender que estamos transitando tal vez el mayor proceso de transformación de la historia.
La digitalización, la inteligencia artificial, el cambio climático, la globalización y además en nuestro caso en particular la realidad de la Nación construyen una complejidad que requiere reducir la ignorancia y asumir con humildad y despojos de intereses individuales los grandes problemas de La Argentina, que no son ni el teletrabajo ni los WhatsApp.