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Adiós al querido amigo Carlitos Bonetta

Este domingo 27 de septiembre ha fallecido Carlos Bonetta. Un infarto masivo se lo llevó, en un instante, hacia la casa del Padre, en quien siempre creyó. A los que tuvimos la gracia de conocerlo y fuimos honrados por su amistad, la noticia nos provoca un dolor inmenso, apenas atenuado al saber que su partida no estuvo rodeada de dolores físicos.

 

¡Cuánto para decir de Carlitos! Fue tanta su entrega, cultivó de tal modo las relaciones humanas allí por donde pasó, que dejó su marca en cientos de personas, incluido especialmente quien esto escribe.

 

Por empezar por un dato relevante, digamos que fue esposo de Mary Vallone de Bonetta y padre de Emanuel, Matías, Inés y Andrés. Que supo dar continuidad a la vidriería que heredara de sus padres, en calle 25 de Mayo casi Güemes. Fue ahí donde caí, allá por el año 1986, a venderle publicidad, con mis sueños de periodista. Y él me abrió no solo las puertas del local. Con los mates, la charla, llena de picardías, de risas y de puteadas, me abrió su corazón generoso, como lo hizo con miles. La charla siempre incluía algún que otro dato cuasi periodístico que le llegaba, de tantos contactos que tenía…

 

Carlitos colaboró con cuanta obra de bien se lo pidiera, e incluso con aquellas que no se lo pidieron. Las instituciones de la Iglesia Católica no solo son testigos de su fe sino también de su generosidad para ayudar, desde el bolsillo y trabajando, donando horas de su tiempo y de su descanso, incluso en la cocina de los retiros.

 

Ese mismo corazón abierto y plenamente humano que exhibió en las peñas del automovilismo local, acompañando a algún que otro amigo en el Rally, como Pelusa Payró. Y lo mismo en sus tiempos de profesor de catequesis en Capuchinos, ámbito donde también dejó una huella.

 

La partida anticipada de Inesita, su única hija mujer, fue una cruz pesadísima que cargó con entereza, dándonos también en esas circunstancias otra vez el ejemplo. Sin ocultar el dolor, siguió adelante, atento a su esposa, a sus hijos, al negocio, a los amigos y a tantas relaciones con las que supo comprometerse, siempre disponible.

 

Parado con esos pantalones de grafa, con los bolsillos grandes, al lado de la mesa de trabajo recubierta de alfombra para amortiguar los vidrios, con las uñas de los dedos pulgares carcomidas por usarlas de guía cuando efectuaba los cortes, entre retazos de parabrisas rotos, siempre trabajando, siempre dispuesto a abrazar al amigo que llegaba, siempre emproblemado con los plazos de entrega que le originaban algún que otro roce, siempre transmitiendo algo más de fondo que lo que se percibía a simple vista: un gusto por la vida, valorada como un don de Dios, en quién creía y a quién rezaba y ofrecía todo lo que le pasaba.

 

Seguramente mis hijos podrán agregar otras descripciones. Por ejemplo, cuando les servías esos panes lactales con salchicha y mayonesa, doblados en diagonal, con una rapidez capaz de responder al hambre voraz y la impaciencia que los dominaba. ¡Hasta en esos detalles estabas!

 

Carlitos querido, ¡¿cómo iba a saber cuando te cruzamos en la peregrinación a Federación que sería la última vez que te daría un abrazo?! Descansa en paz amigo. Disfruta de Inesita otra vez, y de Jesús, al que te esforzaste en imitar y en reflejar. ¡Hasta cualquier momento!

 

Los restos de Carlos Bonetta serán velados en Casa Dri a partir de las 17 de este domingo y hasta mañana a las 9, hora en que serán trasladados hasta el Cementerio Pinar del Campanario, donde recibirán sepultura.

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