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Eduardo Sarli supo conjugar su gusto por la música, las manualidades y los instrumentos y le transmitió ese fanatismo a su hijo, Pablo, quien lo acompaña en su emprendimiento. Su trabajo no es el de un luthier; él intenta más bien producir guitarras en serie.

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Hace ya 6 años, comenzó a hacer realidad el sueño de tener su propia fábrica, aunque su admiración por este instrumento nació mucho tiempo atrás. La primera, elaborada con sus propias manos, surgió a muy corta edad. "La hice con una tabla y un mango con un pedazo de no sé qué madera con clavos y le puse cuerdas de nylon. Yo jugaba con esa guitarra", recuerda Sarli, mientras me acerca un banco al lado de una gran mesa de trabajo. El olor a aserrín invade el ambiente. Mate en mano, Eduardo empieza a contarme cómo surgió todo.

En cierta oportunidad, se las ingenió para construir los instrumentos que necesitaban para su grupo musical; antes que nada "somos músicos", resalta "Chupete", como lo suelen llamar quienes lo conocen más de cerca.

Pasó el tiempo y la vida lo llevó a fabricar equipos de audio para ganarse el pan de cada día; pero siempre que podía, recibía alguna guitarra deteriorada para reparar o hacerle alguna modificación.

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Un día, allá por el año 2010, decidió empezar a elaborarlas de cero. El enorme galpón ubicado en calle Entre Ríos al 1726, desde entonces, fue mutando a partir del reemplazo de los aparatos de audio que construían allí hasta ese momento, por un arsenal de maderas de Guayubira, Guatambú, Eucalipto, decenas de cajas, mástiles y alguna que otra máquina, de fabricación casera.

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El inicio no fue nada sencillo para los Sarli, todo fue "a prueba y error"; el diseño del mástil, el armado de las partes, "no teníamos ni idea". Lo que servía quedaba; lo que no, se cambiaba y "empezábamos de nuevo". Así fue hasta que surgió un modelo que les apuntó el camino. "Eso nos llevó muchos meses y mucho material arruinado, porque no teníamos una persona que nos indicara: tienen que hacer esto o esto; parte por parte", comenta Eduardo.

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La fábrica nació con la idea de producir guitarras y bajos eléctricos; pero la invasión de instrumentos chinos les jugó una mala pasada. "Ellos las fabrican con rejuntes de madera, porque no tienen la diversidad y la cantidad que tenemos nosotros. Las hacen inclusive con cartón prensado, laqueado y serigrafiado, pero muy bien terminadas. Llegaban a Concordia a precios bajísimos, mientras que mi costo era totalmente superior a lo que las vendían en una casa de música. Fue imposible en ese momento", rememoró.

De a poquito y a fuerza de sacrificio, la pequeña producción de Sarli fue creciendo y la madera fue ganando terreno en ese espacio de trabajo. "Yo veo las primeras guitarras que hicimos y comparo con estas últimas y hay una cantidad de cositas en el acabado final, en los pegamentos que usábamos. Le vamos encontrando mejores cosas y fuimos logrando un producto que sea barato dentro de nuestras posibilidades, que sea blando para tocar, que se pueda llevar a un asado", detalla "Chupete", mientras me enseña una colección de instrumentos que están en exhibición, sobre una pared.

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Los insumos que requiere la fabricación de estas guitarras es un tema aparte. "Con las eléctricas me pasa que la mayoría de los insumos son chinos. Mañana se me corta la importación y no tengo nada para hacer", explicó y aclaró que eso con las criollas no pasa: clavijeros, cuerdas y varillas para los trastes; todo se fabrica en Argentina. Claro está que existen otros componentes importados, que permiten una mejor terminación en el instrumento; pero no hay nada como tener todos los componentes al alcance de la mano.

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El mercado de las guitarras


En Argentina hay grandes fábricas que construyen más de 100 guitarras por día, las venden, surten todos los negocios de música del país y mandan al exterior también. Mientras, "nosotros estamos trabajando con una sola casa de música en Concordia, porque no nos da la capacidad de fabricación y vendemos al público también", comparó.

Según sus estimaciones, para ser una fábrica chica debieran vender, por lo menos, 30 instrumentos por día, "eso sería una pyme chiquita", explicó el músico concordiense y enfatizó: "esto es más que chico. Nosotros rondamos las 30 por mes, o sea una por día".

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Sarli reconoce que no es lo ideal y tampoco lo que planeaba en un principio, pero es lo que tienen y ya es bastante para ser un emprendimiento con tan pocos años de vida. Sabe bien que lo importante es no bajar los brazos y sigue luchando para agrandar, día a día, un poquito más su negocio familiar. Así lo hizo desde sus orígenes.

"Construí este galpón y arrancamos con otra cosa. Yo estaba con el tema del audio. Después fui acondicionando una parte del lugar para tratar de montar la fábrica", relata mientras me invita a recorrerlo. Sus proyecciones incluyen una cabina de pintado, en lugar exacto donde se desarrolla nuestra charla. Los equipos de sonidos que están apilados aún en la entrada, serán vendidos para despejar la zona.

Una de las mayores inversiones del taller fue una máquina computarizada, que es como un robot, para cortar las partes de las guitarras. Eso les permite ahorrar tiempo y ganar precisión. Constituye además una importante herramienta de trabajo para elaborar cartelería o bandejas, que les significa otra fuente de ingreso, para nada despreciable. "Todo lo que sea en madera lo hacemos para ir paleando un poco la situación", admite Eduardo.

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Si bien queda mucho por hacer todavía, el emprendimiento ya está en marcha y avanza de a poco, pero a paso firme. "Yo lo empecé, no sé si lo voy a ver terminado", comenta mientras recuerda, con una sonrisa en el rostro, que su herencia quedará en manos de su hijo, quien algún día terminará de concretar ese sueño de darle a Concordia su primera fábrica de guitarras.
Fuente: concordia.elentrerios.com

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