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Perseguir un sueño es una tarea difícil, y más si la gran mayoría de la gente lo cree imposible. Aún así, los sueños se crean a partir de algo que uno cree que le sale bien, y así es el caso del pibe.

Jugaba con sus amigos simplemente para pasar el tiempo, y se divertían compitiendo. Jugando por la coca, por las galletitas o simplemente por el honor, pasaban las horas y disfrutaban hasta que llegaba la noche y volvían a sus casas. A pesar del duelo entre compañeros, él se destacaba cada vez que jugaban, y día a día la diferencia era mayor. A partir de allí se gestó su sueño: jugar un mundial haciendo lo que más le gusta, aunque en ese momento no existía ningún torneo de esas características, ni siquiera había indicios de que vaya a suceder algo así.

Ante un sueño tan ambicioso, no le quedó otra que comenzar a explotar su cualidad innata. Comenzó a entrenar todos los días, a mirar videos en internet para mejorar, les pidió consejos a otros jugadores mayores que él y que lo tomaron como un loco hasta que vieron la manera en la que jugaba.

Pero el pibe no era el único de la ciudad que jugaba. Poco a poco los barrios fueron organizando torneos en los que más que el dinero se disputaba el honor. El pibe moría por jugar esos torneos que jugaban los grandes y salir campeón, pero para ello necesitaba un equipo. Desgraciadamente, el no era una persona muy social y conocida y sus amigos se tomaban al juego como una recreación y no concordaban con su sueño, por lo cual vio al tren alejarse y se rindió ante algo que no iba a poder alcanzar.

Repentinamente, uno de los jugadores que le brindó consejos y lo vio jugar lo llamó y lo invitó a formar parte del equipo. El pibe estaba completamente indeciso, porque quería jugar el torneo pero no conocía a los jugadores junto a los que iba a competir, ni siquiera contra lo que se enfrentaba. Finalmente, y sin saber siquiera lo que iba a significar ello para él, dio el sí a la invitación, y fue ilusionado a jugar el torneo.

Tristemente, las ilusiones no alcanzan para salir victorioso, y el pibe jugó mal su primer competencia. Su equipo quedó eliminado en primera ronda, y las ilusiones se esfumaron antes de que tengan una pizca de realidad. Pero aquí es donde uno se da cuenta si fue todo algo pasajero o un sueño real: cuando las cosas no van bien. Entonces el pibe se convenció a sí mismo, y entrenó aún más duro para no volver a perder.

Mientras tanto, los torneos dejaron de ser barriales para transformarse en algo mucho más abarcativo: ya había competencias que representaban a la ciudad, y tanto en Norteamérica como en Europa florecían no solo jugadores sino equipos profesionales, con torneos que pagaban miles de dólares en premios y sponsors que auspiciaban a chicos que se dedicaban simplemente a jugar. Poco a poco, el sueño dejaba de ser una borrosa ilusión para pasar a ser una lejana realidad.

El pibe vio como en otras partes del mundo había chicos que estaban viviendo eso que el tanto sueña, y esto lo motivó a seguir para adelante. Pero en su tierra natal todo estaba en contra: sus padres no creían en ello, los amigos más realistas le vivían planteando todas las cosas negativas que acarreaba tanto esfuerzo, y la sociedad en sí no estaba preparada para aceptar socialmente a alguien que quiera vivir de ese juego. Poco a poco el tiempo pasaba, el pibe dejaba de ser pibe y la sociedad lo aislaba cada vez más, gracias a los prejuicios.

A pesar de todas las contras, el pibe comenzó a participar en los rankings de Sudamérica, y se esforzó completamente para llegar a la máxima división. Entrenando todos los días, teniendo que pagar para ir a entrenar cuando no podía hacerlo en su casa, viendo las transmisiones en vivo de partidos en todas partes del mundo, e incluso faltando a la escuela cuando tenía partidos importantes. Todo un deportista.

Su ascenso en picada en los rankings le valió la solicitud de varios equipos por internet, y comenzó a participar en los torneos nacionales. Volvió a sentir lo mismo que recorrió su mente en su primera competencia: jugar con gente que no conoce, que no sabes si se complementa con tu estilo de juego, y sin antecedentes de victorias previos. Pero el duro entrenamiento al que se sometió durante tanto tiempo no paró de rendir frutos, y poco a poco fue ganando torneos y asistiendo a partidos que le fueron otorgando un nombre en el dificilísimo cielo del deporte amateur.

Mientras tanto, la competencia a nivel mundial no paraba de crecer, con un primer torneo mundial que entregó 100.000 dólares y congregó a equipos y jugadores que marcaron el inicio del juego profesional. Los sponsors ya eran firmes, los torneos también, los equipos se consolidaron y comenzaron a mantener a sus jugadores por temporadas completas, en fin: ya había jugadores profesionales, y había espacio para muchos más.

Pasaron los años, y el pibe nunca dejó de mejorar: ya comenzaba a ser fuente de inspiración para muchos de los que lo veían jugar desde su pantalla, y fue fichado por uno de los mejores equipos del continente. Pero faltaba el momento de la consagración.

Su equipo ganó el Circuito de Leyendas, y clasificó a la semifinal de la Copa Latinoamérica. Allí accedió sin sobresaltos a la final, en la que se enfrentaron al indiscutible rey del continente en una serie al mejor de tres partidas. Los nervios se apoderaron no solo de él sino de todo el equipo, que iba a jugar por primera vez una serie con tanta presión, y sabiendo que el campeón accedía al repechaje por jugar el cuarto mundial a realizarse en Singapur, Corea del Sur y Taiwán.

Pero los nervios no traicionaron al pibe, ni a ninguno de sus compañeros. En una serie apretadísima, el equipo del pibe se impuso por 2-1, y clasificó al repechaje. El pibe está a punto de cumplir su sueño de llegar al mundial, cuando enfrente esta noche a las 21:00 a su par brasileño, en una serie al mejor de cinco partidas.

Todos lo vamos a apoyar, y supongo que usted, que leyó su historia de vida, también lo hará. Pero tenga cuidado con sus prejuicios, porque a lo que juega este pibe es a un “jueguito”: el League of Legends.

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La historia del pibe es una mezcla ficticia entre cada uno de los jugadores de PEX, el equipo que nos van a representar hoy, y que está formado por los uruguayos Juan Ignacio “MANTARRAYA” Abdon, Uri “Uri” Schölderle y Jorge “MegaJP” Pera, el argentino Enrique “Badmilk” Arbizu y el peruano Giovanne “FraGio” Huamán, y otros chicos que conozco y que persiguen ese sueño que estos grandes jugadores hicieron realidad.

Sé que para la gran mayoría de los adultos y de los que no estén muy familiarizados con la tecnología les parecerá algo exagerado, pero no lo es. Los videojuegos son un nuevo deporte que, aunque parezca mentira, llegó para quedarse. Las marcas de computadoras, accesorios, y equipamiento tecnológico auspician a los deportistas electrónicos para llegar a las casas de esos pequeños chicos que, como el pibe de la historia, sueñan con llegar a ser grandes y jugar un mundial. Mientras, cada vez hay más gente dispuesta a ver los partidos en vivo, llegando al caso increíble de Corea del Sur, en el que los deportes electrónicos se toman más en serio que los deportes físicos. La gran difusión de los partidos hace que las marcas también sean enormente vistas en todo el mundo, por lo cual el negocio florece y hace que las transmisiones de League of Legends sean completamente rentables y puedan pagarle un sueldo a los deportistas que forman parte de sus competencias.

Los deportes electrónicos han crecido tanto, que las cifras que se pagan a los ganadores son abismales. A los 11 millones de dólares pagados a los jugadores de NewBee, campeones este año de DotA 2 (otro videojuego), se suma el millón y medio de esa misma moneda pagado a SK Telecom T1 K, los campeones mundiales de League of Legends del año pasado, los 5 millones pagados a Alliance, campeones mundiales de DotA 2 del 2013, y otros premios menores que no dejan de ser una suma monetaria increíble, como los € 250.000 pagados a Ninjas in Pyjamas hace menos de un mes en la ESL One Cologne, jugando al Counter-Strike: Global Offensive.

Volviendo al League of Legends, ningún equipo de Latinoamérica ha clasificado a un mundial. Por eso lo logrado hasta este momento por PEX es digno de festejo sea cual sea la opinión acerca de lo que hacen para vivir, y será realmente histórico si le ganan a KaBuM! y consiguen el pasaje al mundial. Por eso pido que, si no se brinda apoyo, que se brinde reconocimiento para estos jugadores que sobrevivieron a todas las contras brindadas por la sociedad y están a un paso de la gloria. Si quiere no lo haga por usted, hágalo por esos pibes que juegan a algún deporte que no sea profesional y que con enorme esfuerzo siguen peleándola, como Juani Segovia en el atletismo, los Pumas hace unos años en el Rugby, Paula Pareto en el Judo, y tantos otros casos innumerables a lo largo y ancho del mundo. Porque que vivan de “jugar a los jueguitos” no desmerece la constancia ni el esfuerzo que hicieron para estar donde están, y porque hay millones de personas, desde Argentina hasta México, que hinchamos por ellos y perseguimos el sueño de ver a un equipo latinoamericano en un mundial.

La serie entre PEX y KaBuM! será transmitida por na.lolesports.com y www.twitch.tv/riotgameslatino , al término de Dignitas vs CLG

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