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Frentes de casas y locales pintarrajeados

Uno de los aspectos en que las normas edilicias dan cuenta de una ausencia completa –y de no ser así, un desinterés total de las administraciones municipales en aplicarlas- es la de pautas que establezcan reglas básicas a respetar en lo que respecta a la manera como deben ser planteados, construidos o reformados los frentes de las edificaciones urbanas, en especial las casas y locales.

 

Parece esta una cuestión no menor, pero para dar cuenta de que no lo es, viene al caso de la mención de un hecho curioso –no descartamos, por nuestra parte, que se trate de una anécdota fantasiosa - que se habría dado en algunos lugares de China, en el caso que alguien tenga decidido construir un edificio en un terreno de su propiedad o modificar una construcción ya existente, debe lograr previamente la conformidad de quien vive en la casa ubicada del otro lado de la calle, para proyectar el frente de la propia.

 

El argumento en que se fundaría esa regla, de la que ignoramos de ser una costumbre o estar formalmente instrumentada, es que quienes tienen en todo momento que “toparse” con el frente de una construcción, no son quienes la ocupan, sino quienes la miran habitualmente desde la vereda de enfrente. En tanto, esa forma de argüir, podría volverse más amplia, para concluir afirmando, con razón, que a los vecinos de una localidad, como a sus visitantes, no puede dejar de importarles el aspecto externo de los edificios con los que se encuentra, y puede observar, al transitar por sus calles. Es que -sin que podamos encontrar una explicación de esa ocurrencia- es cada vez más común encontrar en muchos pueblos y ciudades, edificaciones -en especial casas viejas reconvertidas en locales comerciales- con sus frentes pintarrajeados con colores estridentes, que en la mayoría de los casos sino provocan rechazo, al menos molestan.

 

Una circunstancia que se vuelve todavía más cuestionable, cuando –para dar un ejemplo- se pasa por alto el hecho en cierta clase de edificaciones, el color blanco con el que eran pintados en una época la totalidad de los exteriores de un edificio, no es una cuestión caprichosa, sino que en su momento constituyó un ingrediente importantísimo del proyecto del arquitecto; ya que, al utilizarse otro color, queda desvirtuado. Lo mismo sucede en el caso de edificios cuyo frente original se encontraba revocado con materiales especiales – y que por lo mismo lo sensato es su limpieza utilizando cualquiera de las técnicas conocidas- y a los que no es infrecuente que también se los pinte- aunque en ese caso, todo suceda de una manera más decorosa.

 

A la vez, se da la presencia de agresiones similares, cuando se cambia de destino una vivienda, para transformarla en un local comercial, trámite que muchas veces se simplifica hasta reducirlo a la colocación de una puerta más ancha en lugar de la existente, y a convertir altas aberturas de las ventanas en espacios destinados a vidrieras, con la construcción de una viga, que la enmarque en su parte superior y que permita extenderla en forma horizontal. Esa es la razón, por la cual parece incomprensible que se pierda tanto tiempo en ocuparse de regular lo intrascendente, dejando vía libre en detalles –aunque solo de ello se trata- no dejan de ser importantes.

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