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Fui comprendiendo de a poco lo que mostraban::una bicicleta, pintada de blanco, entera, incluyendo manubrio y asiento, las ruedas sin cubiertas, toda ella recordando un esqueleto, y ahora atándola alto en una columna. Entonces comprendí, estaban homenajeando al ciclista armenio que un soleada y fresca mañana de primavera, que solo prometía dicha, se aventuró por Retiro y encontró la muerte. Un disparo le destrozó la cara, borró sus destrezas de quiropráctico, y dejó cuatro niños huérfanos; el ladrón asesino se escondió por poco tiempo en la cercana villa 31.Era la primera vez que yo veía, por TV, ese tipo de ceremonia. Los concurrentes, compañeros de la víctima, señalaron con lujo de detalles los sitios donde se favorece la venta de las bicicletas robadas, pero no sé si la policía habrá tomado nota.

En Buenos Aires cada 16 horas se roba una bicicleta. En la ciudad hay dos blancas colgadas, en Retiro y en Caballito, aquí la muerte fue provocada por un accidente de tránsito. Las bicicletas comenzaron a tener ese color en Austria, alrededor de 1960,pero eran así señaladas las de uso comunitario, que se dejaban libres para ser usadas por quién quisiera. El color blanco sugería algo fantasmal, así en el 2002 en San Francisco, California y en el 2003, en San Luis, Missouri, comenzaron a ser ubicadas en los lugares en los que un ciclista había sido golpeado o muerto por accidente,15 en esa ciudad,40 en Seattle. Cuando en la ciudad de Washington DC fue retirada una, los amigos del ciclista muerto la reemplazaron por 22; en el 2013; en Houston, Texas se colocaron 47.La primera en Buenos Aires fue colgada en Perú al 300 pero duró solo tres días, pues obstruía un cartel. No sé de otros casos en que la muerte ocurriera por un asesinato, culminando el robo, en el resto del mundo, pero en nuestra dramática Buenos Aires de estos días, ya se sumó un segundo hace poco. Los asesinos son jóvenes no imputables.

En las grandes ciudades de Latinoamérica estos homenajes parecen no ser raros, en Chile toman el carácter de "animitas", en el que el lugar se va transformando paulatinamente en un objeto de culto: velas, flores, fotos, etc. En Colón recuerdo el lugar donde podría haber una colgada, pero el accidente ocurrió hace tanto tiempo y yo no salgo, así que no sé si alguien colgó alguna, aunque no fuera blanca. Yo tuve tres bicicletas a lo largo de los años: una verde, otra negra, y la última azul, que fue la que más usé y quise. Caigo ahora en cuenta que no conozco sus finales, como ocurre con tantas cosas no sé si realmente las abandonamos o ellas se desprenden de nosotros. Apuesto a las cosas, en cuanto a fidelidad.

El color blanco es adecuado: le da un carácter fantasmal y las torna más livianas, propicias a elevarse a un cielo azul que no pudieron disfrutar. El color elegido para el luto es muy variado a lo largo del mundo. Nosotros tenemos, o tuvimos, la tradición española del negro riguroso. ¡Ah, los lutos que veíamos y obedecíamos en mi niñez! Las mujeres todas de negro, hasta las medias. Los hombres con cinta en la solapa y otra en una manga del saco, y la corbata de un negro sin asomo de brillo. La banda negra en el guardapolvo blanco. Se lo llevaba no menos de una año, pero si había varias muertes próximas, se iban sumando una a otras, y un mujer podía pasar 8 a 10 años de luto riguroso. Hasta podía llegar a ver incluso a su juventud, vestida de negro. Las participaciones de entierro, los avisos fúnebres, todo estaba enmarcado por el negro, y qué decir de los caballos de los coches fúnebres, empenachados en carbón. No sé si ustedes vieron el drama de Federico García Lorca "La casa de Bernarda Alba". Allí, en el acto final, ante el cadáver de hija, Bernarda grita "Nos hundiremos en un mar de luto", advirtiendo a las todavía vivas. Les aseguro que hubo un escalofrío en la platea cuando Margarita Xirgu lanzó esa proclama en el teatro Nacional Cervantes, hace 60 años; pero nadie le creyó, cuando enseguida afirmó que esa muchacha había muerto virgen. En general, los gritos no convencen.

En el pasado, el blanco también era un color para el luto. Así lo usaban las reinas, pero Isabel la Católica pasó al negro después de la muerte del infante Juan (toda la historia del mundo habría sido otra, si este niño hubiera llegado a rey).En nuestros días la reina Fabiola se amparó en el blanco cuando murió Balduino, su esposo el rey de Bélgica (1993), pero reconozcamos que eran un matrimonio casi de las cruzadas. Balduino se llamaba también el rey leproso de Jerusalén, allá por el 1100, y blancas son las manchas de la lepra. El blanco también se usaba si moría un niño, y era el color para el luto de chinos, japoneses y otros orientales, que sabemos tan diferentes, que sus lágrimas dicen que no son tan saladas.

Para los sudafricanos la elección es la de un rojo vibrante (pienso que para los pueblos originales) y lo mismo para los mexicanos, que ven en ella el color de la sangre del mundo. En la antigüedad era también el color de duelo para los egipcios y los romanos. Para los tailandeses el violeta o el lila, y para los sirios y los antiguos bretones el celeste cielo.

Si fuéramos hijos de sirios y chinos nuestra bandera sería puro luto. No sería la que lleva los colores de Carlos lV. Quién sabe si no quisieron enviarnos a otra tradición. Como ven las penas tienen todos los colores. En el peronismo también habitan todos, los mal dicientes afirman que en el sexo ocurre igual.

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