Hace de esto muy pocos días, nos hicimos eco de la “travesía” del “Kun” Agüero – para saber de quién se trata no es necesario aclarar que su nombre de pila es Sergio- por la ruta 6 de nuestra provincia, al volante de una camioneta de su propiedad, la que utilizó, para ir a pescar en Esquina, una ciudad correntina que lo esperaba a poco de cruzar el Guayquiraró, donde luego de instalarse se pasó pescando.
Ignoramos su suerte, ya que, como es sabido, el Paraná está con su caudal de agua harto menguado. Algo que sí conocemos son las declaraciones de esa travesía. Comenzó explicando que “no fui en avión. Me dije, agarro la camioneta y de paso empiezo a conocer las rutas en Argentina”. Cabe aquí hacer la salvedad que esta reflexión primero de Agüero para sí mismo, la que luego hizo pública, no se la puede considerar una de esas mal vistas “mandadas de parte” tan frecuentes entre nosotros, ya que para los futbolistas que se mueven en el nivel en que él lo hace – y, seguramente, como es de desear que lo siga haciendo- el “moverse en avión” –inclusive en uno de “su propiedad”- es algo normal.
Lo que aparece no como una ingenuidad, que demuestra hasta qué punto cierta categoría de compatriotas nuestros está lamentablemente separada de los argentinos de a pié, que bien saben de lo desastroso que son tantas cosas en nuestro diario vivir. De donde es una suerte que Agüero haya podido darse un “baño de realidad”, que es la verdadera manera de hacerlo con el pueblo. Es por eso que cabe considerar que esa travesía fue hasta cierto punto un despertar, el cual le hizo abrir los ojos, el cual si no fuera irreverente, cabe designarlo cómo “su camino a Damasco”, como el celebérrimo de San Pablo.
Hasta las palabras que signaron ese desesperar, son las mismas que se pueden escuchar en boca de nosotros aplicadas a tantas otras rutas: “No sé quién carajo se hace cargo de las rutas, pero la ruta 6 es un desastre... No sé quién mierda tiene que arreglarla; pero por favor arreglen… un camión adelante, lluvia, ruta 6, pozos, banquina con pasto….¿Para qué pagamos impuestos si están todas las rutas hechas un desastre?” De situaciones parecidas nos hemos ocupado en forma reiterada, con poco o ningún resultado; como por otra parte, es lo que a cualquiera le puede suceder. A cualquiera, lo repetimos.
Reflexionando, que entre quienes aquí vivimos – y lo mismo sucede, por otra parte, en otros lugares del mundo- existen fuera de la “dirigencia gobernante”, mirándolos desde la perspectiva de la repercusión mediática que tienen sus palabras, dos categorías de personas. A las que de una manera gráfica, aunque ignoramos hasta qué punto es correcta, las “personas con megáfono incorporado” y las “personas que carecen del mismo”. Se trata en realidad de una suerte de remedo a la alusión aquélla a “los que no tienen voz”… A la que se nos ocurre que de esa manera queda mejor encuadrada, ya que en verdad no es correcto decir que existen personas que no tienen voz, sino que lo que acontece es que hablan, gimen y reclaman “sin ser escuchadas”.
A su vez también somos conscientes que aún “las personas con megáfono incorporado” como es el caso de Agüero, no hacen diferencia con los que carecen de ellos, en el caso de temas de este tipo. Ya que ¿puede haber entre nosotros algún “crédulo ingenuote” que se muestre convencido que el “desahogo” de Agüero, es capaz de conmover a nuestros gobernantes, hasta el punto que presten atención auténtica a nuestra red de caminos?”
De cualquier manera esa pregunta, lleva indirectamente a una propuesta, cuál es la que todos quienes detectan un problema de interés público, no se queden en rumiar su bronca ante lo que sucede y los está afectando, sino que atosiguen con reclamos insistentes por todas las vías a su alcance, a todos los funcionarios públicos que de una manera directa o indirecta son parte del problema y también de la solución, a los fines presten la atención debida al reclamo que lo merece. Una forma de volver “activa”, una ciudadanía que parece entrar en estado de hibernación, después de emitir el voto, hasta la próxima elección.