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No se trata tan solo del arribo de asesinos por encargo

Nos gustaría antes de entrar en materia, plantear una duda para “puristas” de la lengua – los que por otra parte lamentablemente quedan pocos, dado lo cual se hace bien en detenerse a mimarlos- que nos surgió al momento de escribir el encabezamiento. La duda consiste en si lo correcto es referirse a “asesinos por encargo”, tal cual ha quedado escrito o en cambio aludir a “asesinos por encargue”, como hemos escuchado decir muchas veces. Aunque existe otra alternativa, cual es que las dos maneras de decirlo sea la correcta. Todo lo cual nos ha llevado a pensar cómo cambia, con el paso del tiempo y ante novedades en las circunstancias, la manera de designar a estos tenebrosos personajes.

 

Es que somos conscientes que ahora es frecuente oír al referirse a ellos, designarlos con el nombre de “sicarios”, una manera de señalarlos que pareciera dar la impresión de jerarquizar su estatura. Pasando así por alto la circunstancia que la de “sicario” es una vieja forma de nombrarlos, y que en la antigüedad se los mencionaba de esa forma, en atención a que era conocida como “sica” la daga o espada corta que habitualmente utilizaban los asesinos para cumplir con su encargo. Fácil de ocultar por su tamaño en los pliegues de su túnica. Por un tiempo, al menos en las películas se los vio, aparecer transformados en “pistoleros”, para ahora verlos convivir en su mal hacer.

 

Inclusive se da el caso de que ahora se hable de “soldaditos” para los muchachones que son una categoría de “trabajadores en relación de dependencia”, para labores de “todo terreno” de los jefes mafiosos. Pero nos hemos ido por las ramas, ya que nuestra intención era hacer referencia a la muerte por encargo de lo que todo lleva a pensar era un narcotraficante, semioculto en un lugar de difícil acceso en la zona rural del Departamento Concordia. Un hecho que se añade a otros presumidos “ajustes de cuentas similares” ocurridos en distintas partes del territorio provincial.

 

 

 

Circunstancia que nos ha llevado a considerar que debemos estar alertas frente al arribo de personajes de esa calaña, por supuesto; pero por sobre todo a que busquen radicarse entre nosotros personas que por sus características y manejos cabe considerarlos como blanco de los sicarios. Ya que si cosa mala es que los antiguos “duelos criollos” hayan no ya solo desaparecido sino caídos en el olvido, ahora se haga presente este intolerable tipo de prácticas y las situaciones en que esas acciones se hacen presentes.

 

Es por eso, que sin considerarnos que nos salimos del tema, es necesario estar alertas –mensaje que tiene a la policía como principal destinatario- para buscar la manera de establecer que entre tantas personas que llegan sobre todo a nuestras ciudades y sus ejidos, en busca literalmente de refugio, ante la inseguridad que los agobia en el conurbano capitalino, no consigan mimetizarse este tipo de personajes. Quedando bien en claro que no se trata de invadir la intimidad de nadie, sino de lograr que tal como ha sido una apreciada condición nuestra, sigamos rodeados de vecinos confiables.

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