Atención

Esta imágen puede herir
su sensibilidad

Ver foto

Compartir imagen

Agrandar imagen
El concordiense Carlos Oscar Corsini, VGM de aviación del Ejército, compartió una reflexión ante el encuentro que este miércoles disputarán las selecciones de Argentina e Inglaterra, en el marco del Mundial de Fútbol.

“No escribo impulsado por la pasión efímera del fútbol, sino por una preocupación más profunda: la persistente tentativa de reducir, domesticar o censurar las expresiones de nuestra argentinidad”, dice en una carta abierta al pueblo argentino que hizo llegar a El Entre Ríos.

Es crítico con las voces de influencia pública que sostienen que “no resulta correcto recordar, durante un partido, a quienes entregaron su vida por la Patria o entonar consignas que evoquen Malvinas y el sacrificio de nuestros héroes”. Para Corsini, esta postura “representa una peligrosa invitación al olvido”.

“Negar la historia, minimizar las agresiones sufridas por nuestra Patria o relativizar la causa de Malvinas no es un acto de modernidad; es abrir las puertas a ese poder silencioso que busca modelar las ideas antes que conquistar los territorios”, plantea.

“Cuando el pueblo argentino alienta a su selección y proclama que las Malvinas son argentinas, no lo hace movido por el odio ni por el desprecio hacia otro pueblo. Lo hace porque comprende que la memoria es la última trinchera de la soberanía”, dice el excombatiente.
Texto completo
Carta abierta al pueblo argentino: la Patria no se silencia durante noventa minutos

Quiero compartir, desde la humildad de mi pensamiento, una reflexión ante el encuentro que disputarán las selecciones de Argentina e Inglaterra, en Nueva Jersey, el próximo 15 de julio de 2026. No escribo impulsado por la pasión efímera del fútbol, sino por una preocupación más profunda: la persistente tentativa de reducir, domesticar o censurar las expresiones de nuestra argentinidad.

Escucho, con creciente inquietud, a dirigentes políticos, periodistas, relatores, comentaristas y diversas voces de influencia pública sostener que no resulta correcto recordar, durante un partido, a quienes entregaron su vida por la Patria o entonar consignas que evoquen Malvinas y el sacrificio de nuestros héroes. Esa pretensión no constituye un gesto de convivencia; representa, por el contrario, una peligrosa invitación al olvido.

Los argentinos no somos tales por una camiseta ni por un resultado deportivo. Nuestra identidad nace de la educación recibida, de la memoria transmitida por nuestros mayores, de la historia que nos forjó y del amor indeclinable por la Nación. Renunciar a esa herencia, aunque sea por noventa minutos, equivale a aceptar que otros escriban nuestra conciencia.

Negar la historia, minimizar las agresiones sufridas por nuestra Patria o relativizar la causa de Malvinas no es un acto de modernidad; es abrir las puertas a ese poder silencioso que busca modelar las ideas antes que conquistar los territorios. Ese poder blando, tan eficaz como sutil, procura desarmar el espíritu nacional convenciendo a los pueblos de avergonzarse de sus propios símbolos.

También el deporte ha sido utilizado, innumerables veces, como instrumento político. Resulta ingenuo ignorarlo. Por eso sorprende que hoy se pretenda convertir en una falta moral aquello que, en realidad, constituye un legítimo acto de memoria colectiva. ¿Debemos ocultar los nombres de San Martín, Belgrano, Güemes, Juana Azurduy o nuestros héroes de Malvinas para satisfacer una corrección impuesta desde intereses ajenos? ¿Debemos avergonzarnos de nuestra bandera y de nuestra historia?

Cuando el pueblo argentino alienta a su selección y proclama que las Malvinas son argentinas, no lo hace movido por el odio ni por el desprecio hacia otro pueblo. Lo hace porque comprende que la memoria es la última trinchera de la soberanía. Si hoy la causa Malvinas permanece viva en la conciencia nacional, en la Constitución y en la agenda diplomática, es porque miles de argentinos se negaron al silencio, enfrentaron la desmalvinización y sostuvieron con su voz, con su corazón y con su ejemplo una verdad que ninguna campaña pudo sepultar.

Por eso afirmo que ser argentino significa cargar con el legado de nuestros mayores y transmitirlo intacto a quienes nos sucedan. El partido terminará; el resultado quedará en las estadísticas. Pero la dignidad de un pueblo se mide por su fidelidad a la memoria. Y mientras el mundo observe ese encuentro, que también escuche, con claridad y sin vacilaciones, el clamor sereno de una Nación que no renuncia a su historia.

Porque alentar a la Argentina y proclamar que las Malvinas son argentinas no constituye una provocación: es el ejercicio de un deber moral heredado de nuestros próceres y de quienes dieron todo por la Patria.

Si lo desea, también puedo convertir este texto en una proclama de alto vuelo oratorio, todavía más cercana al estilo de Sarmiento, con un lenguaje más enérgico, polémico y de gran fuerza retórica, como si estuviera destinado a ser leído en un acto público o publicado en un diario nacional.

Dios Bendiga Nuestra Amada Argentina. Viva la Patria
Fuente: El Entre Ríos

Enviá tu comentario