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Biciperegrino: de Entre Ríos a Salta para ver a la Virgen del Cerro

Marcelo, en la cima

Marcelo Metralle tiene 36 años, vive en Concepción del Uruguay y es el protagonista de esta proeza religiosa que unió las provincias argentinas de Entre Ríos y Salta.

 

Hombre de fe, pero sin experiencia como ciclista, comenzó a prepararse para esta aventura que surgió a partir de una promesa vinculada a su hijo, y consistía en llegar al Santuario de la Virgen del Cerro en bicicleta.

 

“Le prometí que iba a ir a agradecerle, pero el primer año no pude porque tuve un problema de salud. Luego comenzó la pandemia y se iba postergando. Yo digo que la virgen me estaba preparando para llegar bien”, dice durante una entrevista con El Entre Ríos.

 

“Fue una experiencia maravillosa. Cada día aparecía algo lindo que me daba fuerzas para seguir”, cuenta sobre el viaje que inició el 7 de octubre último para alcanzar la meta el día 15, luego de recorrer aproximadamente 1.400 km.

 

Como apoyo fue su primo, Silvio Metralle, a bordo de una moto. “Llevaba mi equipaje para que yo no tenga peso y solo me dedique a pedalear”.

 

“Habíamos programado cada mañana salir a las 7 y hacer un promedio de 150-170 km hasta un hospedaje, para darme un baño y descansar bien; más que nada en Santiago del Estero, donde el clima es muy caluroso y me agotaba”, recuerda.

 

Entre “las cosas hermosas que nos pasaron”, resalta la actitud de Horacio, vecino de la localidad de Esperanza, Santa Fe: “Era fin de semana largo y no conseguimos dónde hospedarnos. Sin conocernos, un hombre nos brindó una pieza, nos preparó un asado y no nos dejó pagar nada”.

 

En otro tramo de la conversación, se emociona hasta las lágrimas al mencionar lo milagrosa que es la virgen para él: “Un día iba muy cansado, con el viento en contra, y sentía que no iba a poder llegar. En un momento un viento fuerte nos sacó de la ruta y le dije a la virgen: ‘Voy hacia vos, ayudame’. Y automáticamente el viento dio vuelta y pude llegar a destino, que era el pueblo 7 de Abril, haciendo 110 km en 4 horas y media. Fue el tope de mi conversión; hay un Dios y una Virgen tan grandes que te dan la mano, cuando uno lo pide con fe”.

 

“Durante el viaje mucha gente me escribía, diciéndome que rezaba por mí. No tengo palabras de agradecimiento para ellos”, agrega Marcelo.

 

Pero la emoción no había terminado. Al llegar a destino, se encontró con más de una sorpresa. “No pensaba subir el cerro en bicicleta, porque sé que no se permite; pero un colaborador del lugar me dijo que suba y llegué al lado de la virgen, donde además yo no sabía que me estaba esperando una de mis hermanas. Fue una alegría inexplicable”.

 

Luego de dar su testimonio para que quede asentado, llegaba la hora del regreso. “Estaba programado que me vuelva con una excursión, pero mi esposa y mi hijo me dieron la sorpresa de ir a buscarme”.

 

Una de las devociones más grandes de Argentina

 

 

La Virgen del Cerro en Salta se ubica en la cima de uno de los cerros que rodea a la ciudad capital.

 

Es allí donde se encuentra el santuario y la capilla construida en honor de la Virgen María, bajo la advocación de la Inmaculada Madre del Divino Corazón de Jesús.

 

En la construcción se utilizaron piedras y lajas obtenidas del lugar y la mano de obra fue de los mismos peregrinos, que se ofrecieron como voluntarios de la Virgen para que se cumpla con su pedido de construir un altar donde María Livia –a quien en 1990 se le habría aparecido la Santísima Virgen- pudiera hablar con los fieles.

 

Desde su entronización, el 8 de diciembre de 2001, la Virgen del Cerro y Maria Livia comenzaron a ser visitadas todos los sábados por miles de fieles de todas partes, cuyas experiencias hicieron del templo, uno de los más importantes de Argentina.

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