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Los rastros levantados en la pesquisa de la vivienda de Lucía Torres Mansilla, la mujer trans de 37 años que fue asesinada el jueves 18 de julio, fueron determinantes para apuntalar la imputación del adolescente de 17 años, detenido por el crimen. Hay dos huellas que lo ubican en el lugar del hecho, una de las cuales señala que estuvo cuando la mujer estaba sin vida. Según fuentes judiciales allegadas a la causa, las evidencias estaban relevadas y peritadas, pero al no tener con quién cotejarlas, aún no decían nada. Hasta la semana pasada, cuando un testigo habló y se logró identificar y detener al principal sospechoso de haber apuñalado una veintena de veces a la víctima.

Había personas cercanas a la víctima que tenían conocimiento de que el chico asistía a la vivienda, pero no lo habían nombrado. En particular, una de ellas contó algo ante el fiscal Gonzalo Badano, que lo convenció de pedir la detención inmediata del joven. El adolescente fue buscado en una vivienda familiar del barrio Las Flores, donde no lo hallaron, y finalmente fue detenido junto a un pariente.
Dos pruebas que lo comprometen
Tras ser detenido, le tomaron las huellas dactilares –por ser menor no estaba en ningún registro– y en el allanamiento a la casa secuestraron varios elementos, principalmente prenda de vestir y calzado, que fueron enviados a la Dirección Criminalística. Así se comenzó a consolidar la acusación. La huella digital del joven es compatible con la huella que fue levantada de un paquete de cigarrillos vacío y abollado que se encontró en la casa de la víctima, lo cual lo ubica en la vivienda. Esto podría no decir nada contundente respecto del crimen, pero se suma otro rastro fundamental: la suela de una zapatilla secuestrada al adolescente es compatible con una huella de calzado con sangre hallada en la escena del crimen. Entonces, hay altas sospechas de que el chico no solo estuvo en la casa, sino que estuvo con la víctima ya fallecida, pisó la sangre y dejó así el rastro.

Estas pruebas de carácter científico se suman a otras que ya fueron reunidas a lo largo de casi un mes de investigación por parte de efectivos de la División Homicidios, como testimonios que señalarían al menor como el presunto responsable del asesinato.

Además, en la casa allanada la semana pasada se encontró una prenda de vestir que tenía manchas que podrían ser de sangre. Por esto, la muestra será analizada y cotejada en una pericia de ADN con el patrón genético de la víctima.
Información que resta procesar
Por otro lado, aún queda mucha información por procesar, como informes de empresas de telefonía celular sobre entrecruzamientos de llamadas y de conversaciones por chat de la víctima y entre otras personas allegadas, para ver si surgen nuevas evidencias.

También se siguen observando extensas grabaciones de cámaras de vigilancia del 911 y particulares de las inmediaciones del lugar del hecho, en las que ahora se trata de ubicar al imputado en las cercanías en el margen temporal en el cual habría ocurrido el asesinato, esto es unas 36 horas antes de ser hallado el cuerpo sin vida.

Mientras, el menor continúa alojado en una dependencia del Copnaf, con la correspondiente asistencia de sus profesionales del área penal.
Fuente: UNO Entre Ríos

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