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El nieto del ídolo venció al cáncer tras un año de lucha y en su pueblo le hicieron una caravana de bienvenida

Alessio regresó a su localidad de origen, en Caseros, a exactamente un año, cuando en el hospital de niños de Paraná debieron extirparle de urgencia un tumor cerebral. La cirugía en cuestión era apenas el inicio de un camino condicionado por los obstáculos y la incertidumbre de la pandemia. Era, también, el inicio de un camino encauzado por la solidaridad de tantas personas.

 

Alessio nació en Caseros hace seis años. Su abuelo materno es Delio Esteban Cardozo, máximo ídolo del Defensores de Pronunciamiento, club que en homenaje puso su nombre en el estadio. En febrero de 2020, aún con cinco años, el pequeño comenzó con los vómitos que continuó con un fuerte dolor de cabeza. De guardia en guardia, sus padres no conseguían que le den un diagnóstico adecuado. Hasta que en abril le hicieron un fondo de ojos y de inmediato una tomografía. El resultado fue el que nadie quería ni pensar: Alessio tenía un tumor cerebral.

 

“Debían extirpárselo en su totalidad de manera urgente. Nos derivaron a Paraná. Al otro día una resonancia y nos dicen que era un tumor maligno. Se vino la radioterapia, la quimioterapia y luego de la cirugía”, contó su madre, Marisol Cardozo. En junio tuvieron que seguir el tratamiento en la ciudad de Buenos Aires, en tiempos de cuarentena estricta.

 

Sobre el cáncer infantil

 

 

Abundan las historias de gurises que deben atravesar dificultades extremas hasta para la vida del adulto. En la Argentina se detectan unos 1400 casos de cáncer infantil por año, o sea, entre tres y cuatro menores de 15 años son diagnosticados por día. De ese total, cerca del 40% son atendidos en el Hospital Garrahan, como sucedió con Alessio. La luz de esperanza es que la detección temprana, el tratamiento adecuado y el cuidado integral del paciente dan lugar a que la posibilidad de cura pueda concretarse en más del 80 por ciento de los casos.

 

La pediatra del Hospital Justo José de Urquiza de Concepción del Uruguay, Dra. Sonia Tolosa, explicó que los casos de la región que “no son tan frecuentes, pero si se detectan”, y añadió que “los más comunes son leucemia, linfomas y tumores cerebrales; no son tan raros los óseos”.

 

Cuando se percibe algún síntoma en el paciente, en el nosocomio uruguayense “se le hace estudios de laboratorio específicos e imagines, radiografía y tomografía”. Sobre el procedimiento en el caso de que se le diagnostique algún tumor, Tolosa aclaró: “Ante la detención, si los tumores son sólidos se derivan a Buenos Aires. Mientras que los de la sangre, como la leucemia, se derivan a Paraná”.

 

El tratamiento

 

 

Para continuar con el tratamiento, en junio de 2020, Alessio tuvo que dejar su casa, su hermano, sus juguetes, sus amistades, su escuela y tantas otras cosas para irse a la ciudad de Buenos Aires, un mundo nuevo para él y su familia. Allí permaneció hasta abril de 2021, en días de cuarentena estricta, un virus en el aire del que aún dudaban su forma de contagio y con sus defensas bajas por las quimioterapias.

 

“Días feos, horribles, interminables”, relató la madre, y contó que Alessio “sólo salía por sus controles al laboratorio día por medio y a sus internaciones por quimioterapia o radioterapia”.

 

Sobre los estados de ánimo del niño, recordó que “tenía sus momentos. Feliz, jugando. En otros tirado en la cama sin ánimo de nada”. “Pero fue un nene que jamás se quejó de lo que estaba viviendo. Solo que estaba aburrido, que extrañaba sus juguetes y a su hermano, pero nunca se quejó de nada”, destacó su mamá.

 

La solidaridad, de la mano

 

 

Su familia necesitaba desde un lugar para alquilar en CABA -con lo costoso que es- hasta medios de transporte para que Alessio pueda seguir con su tratamiento en el Garrahan. Para ese asunto aparecieron los vecinos de Caseros y aledaños, quienes se movilizaron para recaudar fondos. Eventos con ventas de pollos, rifas, depósitos a la cuenta bancaria o en sobres dejados en la puerta de la casa de Alessio. Una solidaridad inmensa.

 

“Sinceramente nos sorprendió, nos alegró y nos emocionó muchísimo. No hubiese sido posible el tratamiento de Alessio”, agradeció Marisol, con la voz resquebrajada.

 

La bienvenida

 

 

“Bienvenidos. Los estábamos esperando”, rezaba un pasacalle. Vecinos de Caseros, pero también de San Justo, Pronunciamiento, San Cipriano, se unieron en una caravana para celebrar la llegada de Alessio al pueblo. Cuadras y cuadras de vehículos, con globos amarillos o rojos y blancos, encabezados por un autobomba de los Bomberos.

 

El niño bajó de una camioneta blanca en la puerta de su casa. Llevaba puesta la casaca de su equipo favorito, River, un barbijo celeste y una pelota en mano, que apenas soltó para entregar abrazos a todos. Marisol, su madre, confesó que la sorprendió aquella actitud de su hijo debido a la timidez que acostumbra. Todo aquel afecto que recibió, Alessio pareció quererlo devolver.

 

“Cada cuatro meses hace controles. Todo está perfecto. Después hacemos consultas con distintos especialistas debido a las quimios que recibió”, agregó la mujer. A la semana de su vuelta a Caseros retornó a la escuela con normalidad. Fanático como es del fútbol, la buena nueva para él sucedió hace unos días, cuando volvió a jugar un partido de fútbol en su club Juventud de Caseros. Curiosamente le tocó en la cancha que lleva el nombre de su abuelo. Como si fuera una mueca del destino.

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