Afuera, sobre avenida Chajarí, podían observarse varias cuadras sin lugares para estacionar, lo que seguramente sorprendió a quienes llegaron sobre la hora.
El Presbítero Nicolás Frigo se basó en una expresión de Santa Ángela, “al revestirte de nuestra carne, Tú te has deshecho para hacerme a mí”, para ir desgranando varios significados profundos del nacimiento del Niño Dios en Belén.
A lo largo de su homilía fueron resonando varias palabras claves de ese volver a hacernos a partir de ese Niño en el pesebre: simpleza, pobreza y pan. “Le pedimos a Jesús que nos haga simples, que nos haga pobres -pero de esa pobreza que es en definitiva fuente de la mayor riqueza-, y que nos haga pan”, retomó tras desarrollar cada uno de esos aspectos.
La salvación tiene un “rostro concreto”
“La salvación que anhelamos tiene un rostro concreto, tiene un nombre y es un niño, recién nacido, envuelto en pañales y apoyado en un pesebre. Esa es la señal”, comenzó explicando Frigo.“Que la fiesta, hoy de la Navidad, tenga de verdad en el corazón esta fuerza, esta fuente de alegría. Si no es ahí, no hay fiesta. O es fiesta superficial, que es un rato lindo y que después pasa. Pero cuando la fiesta de la Navidad realmente abraza el corazón, que es el niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, entonces realmente hay fiesta, en la vida y en el corazón”, agregó.
Prosiguió con la cita de Santa Ángela, en una oración a Jesús, donde le decía: “Al revestirte de nuestra carne, Tú te has deshecho para hacerme a mí”.
“El misterio que contemplamos en la Navidad es que el Dios grande, el Dios Todopoderoso, el Eterno, el que existe desde siempre y para siempre, el que creó todas las cosas, aquel a quien el universo entero no puede contener, se hizo carne, se hizo humano, se hizo uno de nosotros. Es decir, Dios se abajó, Dios de alguna manera se deshizo por mí, Dios se deshizo de la gloria y la majestad de su divinidad, se deshizo de quedarse distante, lejano y en las alturas, Dios se deshizo de su inmensidad, de su poder inmenso”.
“Tú te has deshecho Señor para hacerme a mí”
“Dios se deshizo, ese es el abajamiento de Dios, un Dios que se abaja hacia nuestra pequeñez. Al revestirte de nuestra carne, Tú te has deshecho Señor para hacerme a mí. Es decir, ahí en el niño Jesús, donde está el Dios hecho carne, puedo mirar a Dios que me hace; en ese niñito Jesús, Dios viene a rehacerme, a reconstruirme, a reconstituirme, a hacerme de nuevo”.“Dios se deshizo para hacerme, para restaurar mi vida, para restaurar mi humanidad”.
“Nos hace bien hoy mirarlo al niño Jesús, al recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, y dejar que Él me haga, que Él me reconstruya, que Él me modele de nuevo. Quizá al contemplar al niño Jesús, puedo preguntarme, ¿qué hace Jesús en mí?, ¿qué hace Dios en mí, ahí en ese niño?, ¿qué reconstruye en mi vida ese niño?”
Dios viene a hacerme simple
“Cuando lo miro al niño Jesús, veo que Dios viene a hacerme simple”.“Tantas veces nosotros nos hemos deshecho en tantas complicaciones; tantas veces deshice mi humanidad en tantos acomplejamientos. Y lo vemos al niño Jesús y redescubrimos la fuerza de la simpleza. Descubrimos que la vida es más linda cuando la abrazo simple. Hoy lo miramos al niño Jesús y le pedimos que nos devuelva la simpleza a nuestra vida, a nuestra vida personal, a nuestra vida familiar, a la Iglesia, a la misión, al anuncio, volver a ser simples, que nos devuelva la simpleza. Dios es simple”.
“Cuando nosotros lo miramos, redescubrimos que tiene fuerza transformadora la simpleza de Dios para nuestra vida”.
Pobreza: “A veces distan tanto nuestras Navidades del pesebre…”
“Al mirarlo a Jesús, ahí, en ese niño, en ese pesebre, vemos que Dios viene a hacernos pobres. Un Dios hecho simple y hecho pobre. A veces distan tanto nuestras Navidades del pesebre…”“La Navidad es en la gruta pobre de una noche silenciosa de Belén, donde nadie se enteró, donde no hubo grandes anuncios. Se enteraron los más pobres, los pastores, los iletrados”.
“Nosotros tantas veces nos hemos vuelto independientes de Dios, creyendo que solos podemos. Tantas veces nos independizamos de Dios, creyendo que con mis cosas, con mis riquezas, con mis capacidades, con mis fuerzas, con mi poder, con mis acciones, voy a poder todo, voy a poder con todo. Y de pronto en Belén vemos que Dios se volvió niño, que si su mamá no lo amamanta, muere de hambre. Dios se volvió niño, que si unos animales no lo calientan con el aliento, muere de frío. Dios se ha vuelto tan pobre, Dios se ha vuelto dependiente de una mamá y de un papá adoptivos”.
“Qué lindo pedirle a Jesús que nos rehaga pobres. Pobres significa los que ponen su confianza únicamente en Dios. Pobres significa los que saben que dependen totalmente de Dios. Muchas de nuestras desesperaciones, muchas de nuestras ansiedades, si no todas, muchas de nuestras angustias, provienen de habernos independizado del Padre, de haber creído que podíamos solos, de haber creído que podíamos abastecernos con todo, de haber creído que cuanto más cosas, mejor iba a vivir. Y de pronto redescubro que necesito de Dios, que necesito de Él. Le pedimos hoy a Dios que nos rehaga pobres”.
“Dios nos hace pan para los demás”
“Vemos al niño Jesús y descubrimos que allí Dios nos hace pan para los demás. De hecho Belén significa “la casa del pan”. Y Jesús es puesto sobre la batea, el pesebre es eso, es una batea, no es una cunita. El pesebre es una batea donde se pone la comida para los animales, eso es el pesebre. Allí lo pusieron a Jesús en aquel corral, en aquella cueva de los animales. Y allí sobre la batea fue puesto Jesús, sobre el pesebre, acostado en el pesebre, hecho comida, hecho pan. Más tarde Jesús nos va a decir “Yo soy el pan de vida”. Y nos va a decir luego, y ahora lo vamos a renovar, que Él es mi pan. Cuando lo veo a Jesús en el pesebre puedo pedirle que también Él me haga pan. Que Él me haga pan para los demás. Gesto, abrazo, escucha, silencios, palabras, cercanía, que se vuelva pan para tantos hermanos”.“Al revestirte de nuestra carne, tú Señor te has deshecho para hacerme a mí”.
”Hoy le pedimos a Jesús que nos haga simples, que nos haga pobres, pero de esa pobreza que es en definitiva fuente de la mayor riqueza, y que nos haga pan”.
“Y le pedimos a Jesús que rehaga en nosotros todas aquellas otras cosas que sentimos que en nuestra humanidad se fueron deshaciendo. Todo aquello que sentís que en vos se está perdiendo. Hoy Él se hace carne, se deshace de su gloriosa divinidad para rehacerme. Aprovechemos hoy a pedirle a Jesús que me rehaga, que me vuelva a hacer, que me vuelva a restaurar, que me vuelva a reconstruir, para volverme cada día más hijo, hijo suyo, hijo amado, pleno, plenamente humano, plenamente hijo suyo. Amén”.