Natalia Turdó nació en Paraná y está radicada en Concepción del Uruguay. Es Lic. en Comercio y Negocios Internacionales, esposa y mamá.
Pero en enero de 2019, con 39 años de edad, cambiaría el rumbo de su vida. Tenía cáncer de mama. Pese a que se realizaba estrictos controles semestrales por sus antecedentes familiares, al momento del diagnóstico el tumor ya estaba en grado 4.
“No registré que mi cuerpo estaba enfermo hasta que leí el resultado de la biopsia, en la puerta de entrada al consultorio del médico. Él ya sabía el resultado y me encontró en el pasillo llorando”, cuenta por Radio 12 (FM 89.1, la radio de El Entre Ríos en Colón).
La entrevista es en el marco del Día Mundial de Lucha contra el Cáncer de Mama que se conmemoró el 19 de octubre y a poco de la presentación de “Mi enfermedad mi cura”, el libro escrito por Natalia para ayudar a las mujeres que atraviesan por su misma situación.
“Tengo que llorar”
Retomando aquel difícil momento en que recibió el diagnóstico, relata: “Cuando comencé a leer, de lo poco que entendía, se me nubló la vista; comencé a llorar y no recuerdo más. Estaba con mi esposo y le dije ‘tengo que llorar’. Y eso fue lo que hice, llorar, para poder pasar a la aceptación. Transformar la angustia y el enojo en aceptación. Necesitaba hacer ese click”, dice describiendo ese momento.
“Automáticamente se me vino la imagen de mi hijo Gael, que tenía 8 años, y pensé ‘no puede quedar solo’. Mi fortaleza estaba en no dejarlo a él ni a todas las personas que sabía que me iban a sostener: mi marido, mi mamá, amigos, familia. Sabía que no estaba sola”.
Su lucha de casi tres años incluyó tres cirugías, dos años de quimioterapia y 45 días con radioterapia. A la par, miedos, dolencias y síntomas. Sin embargo, todo aquello dio paso a una mujer fuerte y resiliente. Y comparte por radio algo de lo escrito en su libro:
“Tenía tips para no caer. En lugar de volver de la quimioterapia y acostarme, ya tenía programada la película que íbamos a ver. Era el plan para transformar la situación trágica en otra oportunidad”.
Según su experiencia, en el proceso de recuperación hay tres abrazos que no nos pueden faltar: “Sentir que tenemos alguien con quien contar; entender que los médicos vienen a sostenernos y que nosotros debemos hacer caso; y el abrazo con nosotros mismos, sacar esa fortaleza interna al máximo y abrazar la vida”.
“Me tocó esta enfermedad y las cartas para reinventarme”
En otro tramo de la conversación con Venasa Orta, Natalia Turdó recordó el esperado resultado de la biopsia posterior a una de sus cirugías: “Fue maravilloso. Había ido con mi mamá. El médico me lo dio y me dijo ‘agradecé, porque no tenés residuos de la enfermedad’. Una emoción… Festejamos todos”.
De todas formas, tiene en claro que “es un camino que no termina. Antes de ayer fui a hacerme una tomografía, cada tres meses tengo mis controles tumorales. Es parte de la vida, a mí me tocó esta enfermedad. Pero también me tocaron las cartas para reinventarme y poder curarme”.
Hace hincapié en la importancia de realizar todos los controles médicos correspondientes. “No debemos postergarlos. Hay que priorizarse porque la salud es lo principal. Y en el caso de que haya algo para tratar, abrazar la situación”.
Sobre el final, deja un mensaje de esperanza: “Agradezco y abrazo la enfermedad, porque ha hecho una mejor versión de mí para brindarme a mis seres queridos y a través de este libro dejar mi granito de arena, demostrando que se puede”.