Celebró “el trabajo arduo y difícil de tantos sacerdotes”, recordando entre ellos “a (Lorenzo) Cot, que dio su vida aquí; a (Pablo) Lantelme, en los primeros tiempos; a (Narciso) Goiburu, uno de los que trabajó por el reloj y la campana; a Jorge Duce, más reciente; a Néstor Toler que está en la parroquia del Valle en Concordia; y a Jorge Charreun, que hace poco tiempo ha partido a la casa del Padre”.
“Agradecemos el trabajo de quienes fundaron y construyeron este templo, de los que tiraron de la soga para subir la campana que tiene 900 kilos. A quienes trajeron e instalaron el reloj, y a quienes hoy lo han restaurado y siguen el mantenimiento. A tantos laicos que han trabajado con amor. A quienes ayudaron cuando se vivió la epidemia del cólera, hace muchos años, y recientemente del coronavirus”, agregó el sacerdote.
Luego, fueron descubiertas y bendecidas dos placas conmemorativas. A continuación se escucharon las palabras del presidente municipal y el profesor Alejandro González Pavón.
“Este lugar es un faro espiritual, arquitectónico y cultural que nos acompañó desde los primeros pasos de nuestra historia. Que sigamos construyendo unidos el futuro de nuestra ciudad con Dios como guía”, dijo Walser.
Por su parte, el docente hizo una reseña que concluyó con un mensaje: “Nuestra memoria histórica no debe llegar nunca a dormir el sueño del olvido. Que siempre exista alguien o un grupo de personas que se interesen por nuestra historia, la difunda y amplíe con el correr del tiempo”.
“Cuando esta comunidad parroquial cumpla el bicentenario de su creación, otros tendrán esta responsabilidad de hablar de nuestro presente, de lo que hicimos y vivimos en este sesquicentenario, y –sobre todo- con la pasión, el esmero y el respeto con que nos hemos reunido para hablar de nuestro pasado”.
Antes de dar inicio a la Santa Misa, se entregaron presentes a las autoridades y reconocimientos a las familias que con su compromiso y servicio marcaron la historia parroquial.