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De nuestros concejales

De entrada nomás, debemos dejar en claro que no nos referimos a los miembros del Concejo Deliberante de las distintas municipalidades de nuestra provincia, ni que tampoco hay “nada personal” – como queda bien en claro en el lenguaje de los mafiosos- ante el hecho que consideramos se deteriora su imagen, al convertir la misma en una función rentada. Con una cuantía que nos lleva a tener la esperanza que a algún estudioso de temas políticos y sociales, se le ocurra emprender un nada complicado estudio, acerca de cuál es el monto de sus ingresos en la actividad que de ordinario llevaban a cabo los concejales antes de acceder a ese cargo.

 

Todo esto viene a cuento por el hecho de que en la Municipalidad de Colón, se ha dado la circunstancia afortunada y por eso elogiosamente destacable, que una concejala –es bueno destacarlo, ya que da la ocasión de exhibir las bondades del avance irreversible hacia la “paridad” de géneros, como primer paso hacia una igualdad plena entre ellos- haya presentado ante el Concejo Deliberante que integra un proyecto de “minuta de comunicación”, que ese cuerpo ha hecho suyo en forma unánime, por el cual solicita a las entidades bancarias de la localidad el cumplimiento de una serie de normas establecidas en las ordenanzas vigentes. Incumplimiento que en el caso concreto de la minuta, reclama la instalación de cajeros automáticos en el Barrio El Ombú y en la Estación Terminal de Ómnibus de la ciudad, al mismo tiempo que la construcción de rampas y la salas de espera en diversas sucursales locales de entidades bancarias. A lo que se agrega una exigencia que consideramos principalísima como es introducir en la arquitectura de los edificios de las referidas sucursales, rampas en el caso de que carezcan ellas de “aleros”, como manera de volver más humano el tratamiento de los usuarios, especialmente los jubilados, a los que como sucede en tantas partes se los ve de una manera más resignada que paciente hacer largas colas a la intemperie, la que tantas veces no es gratamente soportable, ni siquiera en las jornadas primaverales y otoñales, ya cuando la intensidad del viento se vuelve molesta, o cuando llueve o en esos momentos en que el calor del sol aprieta. Sin hablar de lo que sucede tanto en verano como en invierno.

 

La primera consideración que nos merece esa sensata iniciativa, tiene que ver con una circunstancia que consideramos una falencia grave en el quehacer de nuestros ediles, cual es la de la ausencia de un contacto permanente con el vecindario. Ante todo para que recíprocamente lleguen a conocer sus caras mutuamente, y también para que se intercambien pareceres, que tienen que ver con los pequeños problemas de naturaleza pública que enfrentan los vecinos visitados, a los que aun en el caso de ser mínimos –y por ende de fácil respuesta de recibir una atención que no siempre está presente por parte de las autoridades municipales- que su prolongación en el tiempo, que los vuelve en apariencia permanentes, resultan aptos para provocar una molestia que muchas veces se vuelve insoportable.

 

En los Estados Unidos, según se sabe, es una vieja costumbre que cualquier votante de su jurisdicción le escriba a “su representante” no solo en el Congreso de la Nación, sino en los organismos gubernamentales de la misma naturaleza, aunque de nivel más bajo en lo que respecta al ámbito de sus competencias y la extensión del territorio en el que la despliegan. Ignoramos hasta que punto, una costumbre similar, aunque más no fuera de distintas características, podría instalarse entre nosotros. No nos atrevemos entre tanto a pensar lo que podría llegar a suceder si se hiciera público el número telefónico en sus diversas variantes o la dirección del correo-e de ellos, y es por eso que nos abstenernos de avanzar en esa dirección.

 

Pero mientras tanto, una pregunta que sería interesante que se formule para sus adentros cada uno de nuestros lectores, es ¿cuántas veces a lo largo de los años que precedieron a su instalación entre nosotros, ha recibido la visita de un concejal, con el objeto de conversar sobre temas de interés comunitario? Cierto es de la existencia de esa suerte de “banca vecinal” abierta para el acceso de todos, y cuya utilización no es lo suficientemente ni promocionada, ni utilizada. Algo que da cuenta de una falencia en el civismo colectivo. Aunque para ello existe una explicación, de la que la noticia de la que nos ocupa al principio de la nota, es un buen ejemplo. Es que en esa minuta de comunicación, lo que se solicitaba no era otra cosa que el cumplimiento de una ordenanza de ¡¡¡2017!!! Lo que revela el dejar hacer no solo lo vemos en los encargados de hacerla cumplir, sino también en los de controlar que se lo haga. Y no queremos ponernos a pensar cuantas veces se dará la presencia de situaciones similares.

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