Nuestro presidente Fernández en Salta
En el marco de una reciente y lamentablemente malograda visita a la ciudad de Salta, el Presidente anunció que la figura del general Martín Miguel de Güemes será incluida en un billete de circulación legal en nuestro país, en respuesta al mérito inmenso del héroe gaucho, de cuya muerte se cumplieron 200 años.
Por Rocinante
Sus palabras textuales fueron “quiero contarle a los salteños que he dado la orden al presidente del Banco Central para que incluya en la nueva emisión de billetes con la figura del general Güemes. Dichas ellas, como se ve, en el tono imperativo de quien se ha decidido, por fin, a tomar en sus manos las riendas del poder.
Ello significaría más que un homenaje, seguir esquivando una decisión importante, por cuanto, como se verá, su intención de emitir un billete de cinco mil pesos, en los primeros tiempos de su actual estadía en el poder, resultó frustrada por la postura peculiarmente persuasiva, de su vicepresidenta, cuando ya todo estaba listo para el anuncio y la emisión.
Es que esta consideraba inoportuna la emisión de billetes de monto mayor al de mil pesos, por la presencia de un factor de índole psicológica. Ya que el hacerlo, contribuiría a que la población viera en ello otra señal inflacionaria, como las existentes no hayan sido y son sobreabundantes.
Una referencia obligada a la frustrada emisión del billete de cinco mil pesos
Fue el 11 de mayo de 2020, cuando luego de una apretada serie de marchas y contramarchas, todo ello según lo trascendido de ese momento, cuando el presidente Alberto Fernández descartó que su administración estuviera analizando lanzar este nuevo billete, pese a que su producción ya se encontraba en fases avanzadas a tal punto que llegó a filtrarse su diseño.
Es así como se indicaba que en el anverso de los flamantes billetes de ese monto, se encontrarían impresas las figuras de Ramón Carrillo y Cecilia Grierson. Pocas veces se estuvo más acertado en haber pensado hacerlo en ese momento, ya que eran los tiempos de pandemia y, de esa manera, la emisión venía a coincidir con la recordación de esos dos personajes de la medicina argentina.
De Ramon Carrillo, una biografía suya que he tenido oportunidad de consultar, lleva a destacar que se trata de quien nacido en la Argentina profunda, ya que era un santiagueño orgulloso de serlo, que había nacido en 1906 para morir en el exilio en 1956. El que se destacó como neurocirujano, neurobiólogo y por sobre todo como médico sanitarista. Circunstancia esta última, unida a su militancia política, que hizo que fuera la primera persona que ejerció el cargo de ministro de Salud de la Nación, durante la presidencia de Juan Domingo Perón.
En tanto, de Cecilia Grierson (Buenos Aires, 22 de noviembre de 1859-Buenos Aires,10 de abril de 1934) puede decirse que fue una profesora, filántropa y la primera médica. De adolescente –según se señala- tuvo que ejercer de maestra primaria para ayudar a su familia; posteriormente logró el título habilitante de esa profesión, y cabe decir que nunca dejó de ser docente por su inquietud permanente en fundar escuelas. Luego, la enfermedad y deceso de una amiga le despertaron la vocación de ser médica. Consiguió recibirse y ejercer la profesión a pesar de ser mujer, un impedimento casi insalvable en ese entonces. Se desempeñó como obstetra y kinesióloga, especialidades en las que se la vio desarrollar una extensa trayectoria y llegó a publicar libros específicos sobre el tema. No logró, en cambio, trabajar como cirujana, a pesar de ser la primera mujer que obtuvo el título habilitante. De más está decir que fue una feminista manifiesta, y que como tal impulsó reformas a la legislación civil de nuestro país, que se tradujeron en derechos para las mujeres casadas.
Pero dejando de lado cualquier controversia en torno a las imágenes que deberían ilustrar el anverso del billete de 5000 pesos, habría que decidirse a emitirlos de inmediato, e inclusive hacerlo con los de 10.000 pesos, atento a la coyuntura que también en lo económico atravesamos. Y estimo que no debería resultar descabellado pensar para ilustrarlo, la figura de Güemes, dado que precisamente en función de esa misma coyuntura no podemos menos que vaticinar poca vida a la circulación del billete de 200 pesos mostrando poco más que su cara.
El costo económico que significó posponer la emisión de billetes de mayor valor al de los actualmente en circulación
Un primer motivo para hacerlo (algo que no significa sea el principal) es el que expone el economista Nicolás Gadano, quien fuera, entre los años 2018 y 2019, gerente general del Banco Central. El mismo advierte sobre la conveniencia, cuando no la necesidad, de emitir billetes de mayor valor a los actuales fundándose exclusivamente en el examen de presupuestos del Banco Central de la República.
Es que su análisis le permitió establecer que los gastos previstos para 2021 presentan un salto del 153% respecto a las erogaciones de 2019. Y que tal suba, indicó, estuvo impulsada principalmente por los costos de fabricar billetes, que en moneda constante crecieron un 86% anual en 2020. A lo que se agrega, según el nombrado, que en 2020 la circulación monetaria aumentó un 66%, de 1,15 a 1,9 billones de pesos. Y el Central cubrió ese incremento de $ 750.000 millones con un aumento neto de 1523 millones de billetes en circulación, incremento similar al de 2015 y superior a la capacidad productiva de Casa de Moneda.
En 2020 se emitieron 1000 millones de billetes de 1000 pesos, lo que tuvo un costo de unos 84 millones de dólares. De donde, de haberse impreso 200 millones de billetes de 5000 pesos, se hubieran gastado unos 20 millones de esa moneda. Esto significa que no haber impreso un billete de denominación más alta tuvo un costo extra de unos 64 millones de dólares en 2020.
Esa impotencia de la Casa de Moneda de atender a los requerimientos de contar con billetes para el funcionamiento de la economía interna es lo que obligó al Banco Central a recurrir a la importación de billetes desde España y Brasil. Es así como el gobierno pactó con la Casa de la Moneda de Brasil la compra de 400 millones de billetes de 1000 pesos por un valor de 20,6 millones de dólares. A ello se sumó un acuerdo con la Casa de Moneda y Timbre de España para importar unos 170 millones de billetes de 1000 pesos más, por un valor de casi 21,5 millones de dólares.
Volviendo al análisis de Gadano, del mismo resulta que en el año 2020 se sumaron 705 millones de billetes de 100 pesos, 553 millones de 1000 pesos y 197 millones de 500 pesos, para llegar a un récord de 6959 millones de billetes. Y que la denominación media de los billetes puestos en circulación en 2020 fue 492 pesos, y el costo total de esa emisión rondó los 135 millones de dólares.
De donde, si hubiéramos enfrentado el mismo aumento de la masa monetaria con billetes de 5000, pesos nos hubiéramos ahorrado más de 100 millones de dólares.
Pero todavía hay más. Un billete de 5000 pesos o uno de 10.000 pesos permitiría, según la misma fuente, sacar de circulación billetes de menor denominación que están en mal estado. Hay que tener en cuenta que un billete tiene una vida útil de 36 a 60 meses, pero en la Argentina hay billetes de 100 pesos que llevan más de 11 años circulando.
A lo que agrega que la Casa de la Moneda tiene un muy buen nivel de producción, de unos 800 millones de billetes al año. Más que suficiente para un país de 45 millones de habitantes. El problema es que el billete de mayor denominación equivale a alrededor de 10 dólares al tipo de cambio oficial. Y así no hay capacidad productiva que aguante.
Extrañamente, ninguno de los especialistas que he encontrado hace referencia a otra circunstancia que considero importante, y que significan costos no solo de naturaleza económica.
Entre estos deben ser incluidos, no solo los que trae aparejado el transporte y manipulación de enorme cantidad de billetes de bajo valor. Es que a ello se suma las dificultades que todos tenemos de manejarnos con ese abultado número de billetes de valores mínimos. Y las consiguientes dificultades que se esa manera se hacen presente en el uso de los cajeros automáticos.
El sorpresivo interés de nuestro Presidente por la notafilia
Debo aquí comenzar por señalar que, según el diccionario, la numismática es el estudio y coleccionismo de monedas, medallas, fichas y papel moneda. Cuando se trata solo de papel moneda, suele preferirse el término exclusivo notafilia.
De allí, que si se tiene en cuenta las declaraciones suyas en la indicada visita a Salta, cabría señalar que si su personalidad es esencialmente la de un profesor universitario, ya que es la faceta de la misma que se encarga frecuentemente de recordarnos, es en menor grado la de un político, que de una manera inesperada da muestras de notafilia.
Es cuando en la crónica se lo escuchó confesar que se siente mal cuando ve en los billetes a tantos animalitos, por lo que es la hora que vuelvan San Martín, Belgrano y Güemes. Un reclamo que en este caso solo tiene que ver con el mérito inmenso de Güemes, que de una vez por todas espero que los argentinos lo reconozcan, como reconocieron tardíamente a tantos héroes que fueron tapados por su condición de líderes populares.
Estoy casi tentado, y esa tentación es casi perversa, pero a la que de cualquier manera sucumbo de preguntarme cuánto habrá que esperar, para qué en el anverso de uno de nuestros billetes podamos ver impresa la estampa de Diego Magno.
Pero refreno ese interrogante, para poner de manifiesto mi disconformidad con lo que considero un reconocimiento misérrimo a nuestra deuda con Güemes, como dique a los embates españoles, mientras San Martín llevaba a cabo su gesta libertadora.
Para eso parto del hecho que el Banco Central puso en circulación a partir del 26 de octubre el billete de $ 200 pesos con la imagen de la Ballena Franca Austral. Y a ello, agrego la circunstancia que la Ballena Franca Austral, fue la especie elegida para representar la biodiversidad del Mar Argentino, Antártida e Islas del Atlántico, o sea que no es un animalito cualquiera, tal como no lo es el yuyito de Cristina. Dado lo cual, no puedo dejar de pensar no solo que la figura de Güemes en el billete dejará de ser recordada dentro de muy poco, ya que atento a la espiral inflacionaria que actualmente nos golpea, puede llegar a ocurrir lamentablemente que la circulación del billete tenga poca vida antes de transformarse en poco más que en papel mojado.
De donde, por qué no pensar en una vez al menos en grande, e imprimir su estampa en los billetes de diez mil pesos. Del que esperamos se vuelva con apariencia de inmortalidad, como la figura de George Washington que aparece en el anverso del billete del dólar desde casi sus primeras emisiones, y con excepcionales interrupciones.
Todo lo hasta aquí dicho viene a confirmar que no solo todo tiene que ver con todo, según se escucha, sino que sería de interés tratar de aventurarse a desentrañar la historia nacional a través de lo que a lo largo de la misma ha ocurrido con sus sucesivas monedas.