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Los bonos soberanos argentinos cerraron mayo con rendimientos que suponen premios (o riesgo-país) inferiores a 500 puntos básicos (5%) respecto de los bonos del Tesoro estadounidense. Están próximos a los mínimos alcanzados desde 2018. El índice Merval subió 11%en el mes, liderado por sectores como el bancario, que habían sido de los más postergados durante los últimos 12 meses. Y el tipo de cambio peso-dólar sigue planchado, moviéndose bien por debajo del índice de inflación y sin mostrar indicio alguno de estrés.

El mercado financiero y las noticias que se ven por televisión, se escuchan por la radio o se leen en los diarios parecen ir por canales diferentes. Una de dos: o el mercado financiero ve cosas que los medios tradicionales no parecen ver, o el mercado financiero sube por razones ajenas a aquellas sobre las que los medios ponen el foco.

La respuesta podría estar en una mezcla de ambos. En los informes que elaboran los grandes bancos de inversión de Wall Street hay entusiasmo con la cantidad de inversiones prometidas por grandes empresas locales y del exterior, en los sectores de energía y minería, por las privatizaciones, y por las compras de reservas que día a día viene haciendo el Banco Central. Tarde o temprano, dicen, la economía va a rebotar, la inflación va a caer, y la popularidad de Milei va a garantizar su reelección.

La política económica de Milei les resulta más fácil de comprender que la que se sigue en otros países de la región, donde el populismo mantiene una probabilidad nada despreciable de reelegirse, y donde los rendimientos esperados de las inversiones financieras son menores. De ahí que vean con optimismo lo que hace el Gobierno. No es trivial que el entusiasmo resurja en el momento del año en el que MSCI, la empresa global de confección de índices, hace sus anuncios. Como cada año, resurgen las especulaciones respecto de la inclusión de las acciones argentinas en algún índice que utilicen los inversores globales.

Todo esto, en lo que Argentina tiene protagonismo, convive con el innegable viento de cola que viene del resto de los mercados financieros del mundo. La frágil tregua en Medio Oriente gatilló una caída de los precios de la energía que revivió las expectativas globales de crecimiento del PBI y de moderación de los riesgos de inflación. Esto despertó a las acciones globales, con el índice S&P500 a la cabeza: sube más de 6% en el mes y más de 3% en las últimas siete ruedas. Y se alimenta y retroalimenta con noticias acerca del apetito global por las acciones: esta semana se supo que Anthropic, la desarrolladora del asistente de inteligencia artificial (IA) Claude, recibió un inyección de capital de US$ 65 mil millones, que valora a la empresa en casi USD 1 billón (trillion en la jerga estadounidense). Además, la oferta pública inicial de SpaceX, la empresa de Elon Musk, esperada para el 12 de junio, ya despierta una ansiedad compatible con la valoración que se baraja: US$ 1,75 billones (los trillion de ellos). Para tomar dimensión: una única empresa vale casi tres veces el PBI argentino.

Es así que entender el entusiasmo que muestran los activos financieros argentinos demanda conectar factores propios, que los extranjeros miran de una manera y algunos argentinos, en particular los medios de comunicación, de otra, y factores externos, que por su dimensión pesan, y mucho. Entretanto, no queda más que disfrutarlo, intentar aprovecharlo y hacer oídos sordos a los agoreros, para no perder el tren.
Fuente: El Entre Ríos

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