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Nos resulta siempre un esfuerzo ocuparnos de los diversos aspectos en los que se hace presente la pandemia que nos golpea, por motivaciones que no necesitan de ninguna mención especial. Y por lo mismo nos resulta también difícil hacer referencias y comentarios, vinculados con una de las caras que exhibe la situación apuntada, cual es la “politización” que se da con respecto al tema. No se trata de nada novedoso, dado que es esa una condición que parece impregnar toda nuestra vida en la actualidad, hasta el punto de poder decir, con un tono preocupado, que estamos “indigestados de política”.
Debe quedar en claro que lo que acabamos de señalar no significa que no consideremos a la política y las acciones que de ella se derivan, o que tienen que ver con ella de una manera apropiada, no solo como valiosas, sino también como imprescindibles. Más allá de que tengamos presente que, desde los tiempos idos de la antigua Grecia, la forma con la que Aristóteles definía al ser humano –al menos en una de sus traducciones- era como “animal político”.
Pero como en todos los órdenes de la vida, también en su ámbito, el mayor de sus pecados sea posiblemente el de la “desmesura”, ya que, con el traspasar los límites, e invadir ámbitos ajenos, asistimos a una desnaturalización de la política, que tiene repercusiones malignas en toda la sociedad.
Es lo que sucede entre nosotros, tal como no existe ninguna dificultad en darse cuenta, aunque por nuestra parte no queremos entrar en ese terreno conflictivo, ya que no es este el momento de buscar culpables ni de asignar responsabilidades; en este caso, en relación a la génesis de tanta perniciosa confusión.
De cualquier manera estamos ahora en una etapa de esa politización universal, en que la discusión gira en torno a los efectos conjeturales de la “vacuna rusa”, o sea la Sputnik V. Si uno mira las cosas muy desde afuera, cabría considerar, sin temor a equivocarse –no respecto a las bondades o defectos de aquélla, sino la manera con que se la mira por parte de muchos de los potenciales vacunados- ya que para muchos ella es una “vacuna kirchnerista”, algo que la vuelve poco confiable.
Se da así, para ejemplificar esta circunstancia, que en en calificado medio periodístico –con una línea editorial ostensiblemente opositora-, se publica una información con consideraciones que van más allá de lo estrictamente noticioso, que “una –la referencia es la rusa- subió por ascensor y la otra –la Pfizer- por escalera mecánica. Añadiendo, para no dejar a dudas, que “aunque hicieron caminos diferentes, tanto la vacuna Sputnik V como la de Pfizer lograron en las últimas 24 horas el aval para ser utilizadas en la Argentina, y comenzar así a intentar frenar la pandemia del coronavirus Covid-19”. O sea que “en menos de 24 horas, la Argentina pasó de no tener aprobada vacunas contra el virus SARS-CoV-2 a tener dos, pero por dos caminos diferentes. Uno vía el Ministerio de Salud de la Nación y la otra a través de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat)”.
¿Que sería lo que querría significar lo expuesto? Que a la Sputnik V el único que la puede introducir al país y aplicarla es el gobierno nacional; lo que significa que en el caso que cualquiera de nosotros tuviera la posibilidad de adquirirla en Rusia y traerla al país, cumpliendo obviamente con los recaudos necesarios para preservarla, no podría hacerlo, ni aplicarla por no estar la misma autorizada por la Anmat, sino por el Ministerio de Salud de la Nación.
Y que si se tratara de la vacuna Pfizer, alguien que reúna determinadas exigencias, que dice de su actuar responsable en la materia, llegara a poder adquirir estas vacunas, las podría introducir y aplicar en nuestro país, sin ningún reparo o sea libremente, ya que cuenta la misma con la autorización de la Anmat.
Algo difícil de entender, pero no porque no sea lo suficientemente claro, independientemente del hecho que a la vez aparezca complicado de entenderlo para los que somos profanos en la materia. Algo que no está en cambio claro, es el por qué después del “arranque” casi fraternal de las tratativas con los fabricantes de la vacuna Pfizer, las negociaciones concluyeron abruptamente, sin que se diera ninguna explicación, mientras que con la misma se está ya vacunando en Chile y otros países hermanos.
Y es a este respecto al menos que nos merecemos una explicación suficientemente esclarecedora por parte de nuestro gobierno. Con un comentario sobre añadido, más propio de una abuela angustiada, que de una nota editorial: “porqué somos tan complicados, Dios mío”…