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La atención comunitaria a los adultos mayores que viven en soledad

Aunque la vinculación con el tema de esta nota ignoramos que haya existido, no pudimos dejar de asociarlo con la situación de una categoría de adultos mayores – la de quienes viven solos - como la anciana que, primero desapareció de su vivienda, para luego de varias jornadas de esforzada búsqueda ser encontrada muerta. Se trata el mismo de un problema grave, que se hace presente en toda comunidad, y al que tenemos la impresión que no se le presta la atención que merece.

 

Es así como consideramos se debería comenzar con el reclamo de las municipalidades y el aporte voluntario de los miembros de cada comunidad. Es que si ambas partes tomaran conciencia de la dimensión del problema, podrían abarcar mucho más de lo que lo que logran hoy –si es que lo hacen- en lo que respecta a los adultos mayores en “situación de soledad”. Se trata en realidad de comenzar por utilizar la experiencia presente en grandes núcleos de población urbana, donde el paso previo a una política en la materia respecto a personas aún en peor situación, consiste en efectuar un censo de las personas en “situación de calle”.

 

Una tarea burocrática que, en el caso de la mayoría de las localidades de nuestra provincia que, según estimamos, no presentaría demasiado dificultades. Luego de lo cual sería necesario efectuar la distinción entre los adultos mayores que optan por vivir en soledad; de aquéllos que lo hacen así, por no tener otra alternativa. Es que debe tenerse en cuenta que cuando se habla de ello, la mayoría de las personas que viven solas, expresan un vivo deseo de mantener su independencia. Ya que muchas temen hacerse demasiado dependientes de los demás y prefieren seguir viviendo solas, a pesar de los inconvenientes que ello supone. De donde depurada esa información, de los casos en los que esa asistencia no resulta indispensable, sería necesario focalizar la atención en aquéllos que necesitan ser asistidos. Una asistencia que debe ser prestada por personal capacitado, que esté en condiciones de llevar a cabo no solo una asistencia personal y sanitaria a domicilio, y además comprobar también si la persona censada es autosuficiente, o si en su caso es posible proceder de una manera efectiva a suplir sus falencias al respecto.

 

Es así como se da el caso que los expertos en el tema prestan una especial atención al hecho que cuando un adulto mayor vuelve a casa después de una estancia en el hospital, sobre todo tras una intervención quirúrgica, es útil el seguimiento personal del mismo para brindarle, en su caso, las ayudas adicionales que puedan hacer falta. Se añade, por otra parte, que por la experiencia recogida como resultas de la pandemia del COVID-19 – que tanto dificultó la comunicación cara a cara- muchos proveedores de servicios de salud mental y también servicios sociales de base comunitaria, han aumentado, a través de la tecnología, su capacidad para proporcionarlos de forma remota. Pero de cualquier manera el problema, muchas veces o casi siempre, de proporciones dramáticas como es el de la “soledad” de los ancianos, se presenta en forma más pronunciada a medida que ellos se vuelven cada vez mayores.

 

Es aquí donde se hacen presentes, por una parte la necesidad de llenar “los grandes huecos de ocio” que enfrentan como si fueran “espacios temporales congelados” a través de actividades en las que, de una forma más o menos placentera, sean capaces de interesar primero y ocupar después a los ancianos; a la vez que fomentar la interacción entre ellos a través de diversas prácticas, a las que pueden servir de apoyo los “hogares de día”.

 

Concluimos, insistiendo en una sugerencia recurrente y a ojos vista estéril, cual es la de buscar, por parte de las autoridades municipales, la manera de capacitar al personal de esas entidades, a los cuales en la actualidad se los ve a menudo, realizando tareas de baja productividad –por no decir ninguna- de manera que estén en condiciones de contribuir a la atención de los adultos mayores.

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