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La tarde en que Messi cambió figuritas en la plaza de mi ciudad

Figuritas en mano, Messi cambió en la plaza.

00, 3, 140, 147, 340, 409, 425, 440, 500, 662 y 668. Los números no son puestos al azar, sino que representan sencillamente las que a él le faltan para completar el álbum del Mundial. Son figuritas, pero detrás hay historias de personas, países, colores, banderas y continentes que Messi descubrió con apenas 6 años.

 

Messi no es Messi, sino Valentín. La de Rusia es la primera copa del mundo de la que su memoria hará registro, del mismo modo que fue capaz de recordar una a una las 669 figuritas que conforman ese libro de selecciones, escudos y leyendas del deporte más hermoso del mundo.

 

No exagero. Él jamás miró un número, sólo pasa velozmente por sus manos el mazo de figuritas que tiene el otro. Reconoce cara por cara, sea la de un oriental, europeo, africano o americano. Memoria fotográfica, a pruebas de futbolistas que en su mayoría peinan y miran a la cámara con el mismo gesto.

 

Anónimos son los gurises que, hasta ese encuentro en plena plaza “25 de Mayo”, Valentín empieza a encontrar y reencontrar, sábado tras sábado. Son decenas que van a cambiar. “¡Te intercambio!”, es la frase que más repite el pequeño entre niños, adolescentes y adultos. Nadie está solo. Alguna compañía siempre hay: padres, abuelos, tíos o el hermano mayor.

 

“¿Con él ya cambiaste?”, le pegunto varias veces hasta que, en una ocasión, me responde: “No sé, yo sólo miro figuritas, no lo miro a él”, dijo y sonrió hasta que el otro levantó la vista y descubrieron la misma mirada: desean completar el álbum y ambos vestían la camiseta de la selección argentina, que apenas 2 horas antes había quedado eliminada del Mundial.

 

Uno era Messi, el otro Kun Agüero. En las buenas y en las malas mucho más, parecen decir con la celeste y blanca en el pecho. Ahí, al verlos, recordé su frase cuando apenas mis ojos se abrían mientras digería el 3-4 en contra: “hoy tenemos que ir a intercambiar, eh”. Ese es su Mundial, más cercano, real y posible. No lo abandona.

 

Otra lección: mientras buena parte de la patria futbolera hacía el duelo por la derrota contra los franceses, ellos seguían viviendo el Mundial. Y lo seguirán hasta que haya al menos 1 figurita para pegar: una cara, con sus camisetas y sus historias detrás, por completar. Lo disfrutan, intercambian experiencias, conocimiento y enseñan. Con 31 años menos que yo, él me ayudó a ver de otro modo la derrota. Escribo esto para agradecérselo.

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