Las alumnas mamás no son algo extraño en nuestra escuela, ni siquiera algo esporádico. Todos los años tenemos algunas alumnas que quedan embarazadas, sumadas a las que están criando a su bebé mientras continúan la escuela. Recuerdo que un año eran doce. En una población de doscientos alumnos eso es un montón. Y además hay muchas que no logran conciliar las dos vidas (de mamá y de alumna) y terminan dejando la escuela o posponiéndola hasta que crezca y vaya al jardín.
Algunos piensan que esto se debe a la falta de educación sexual, y en algunos casos es posible que sea cierto. Pero también hay muchas veces que el embarazo es buscado y la maternidad muy deseada por estas jóvenes estudiantes. Recuerdo una vez en que vino la mamá de una alumna adolescente de quince años a contarnos que su hija estaba embarazada con mucho orgullo, ya que ella también había tenido su primer embarazo a los quince y la hacía muy feliz.
Que sea buscado o deseado no implica que no se enfrenten a enormes dificultades: la escuela no está pensada para una alumna mamá. Se ha visto muchas veces noticias o publicaciones de docentes acunando un bebé mientras da su clase, pero esto no está previsto por las normas escolares y a los directivos se les solicita que impidan que las alumnas lleven a sus bebés, ya que no se los puede incluir en el seguro, y si pasa algo… será responsabilidad del director.
Las que logran terminar la escuela, con ayuda de la familia que cuida al pequeño mientras ella cursa, lo hacen con mucha responsabilidad y orgullo. Y aunque la sociedad se burle muchas veces de ellas llamándolas “mamás luchonas” o pensando que “se embarazan por un plan” como tantas veces escucho con tristeza, en el aula sus compañeros suelen ayudarlas y respetarlas mucho, por atreverse a la hermosa aventura de ser mamás en un sistema que no está pensado para ellas.