El viernes 5 de abril, a las 20, en el Instituto de Profesorado Concordia, será presentado el libro Milagros Argentinos, escrito por la periodista del diario La Nación, Silvina Premat.   Tras una investigación que abreva en abundante documentación y en los testimonios de los mismísimos beneficiados, la obra de la escritora nacida en Concordia relata las curaciones "inexplicables" atribuidas a la intercesión del Cura Brochero, Ceferino Namuncurá, Crescencia Pérez y Artémides Zatti.   El Entre Ríos pudo contactar a uno de los "milagrados", que el viernes acompañará a la autora en la presentación del libro. Se trata del Presbítero Carlos Bosio, salesiano, de 64 años, nacido y radicado en Colonia Vignaud, una comunidad cordobesa de 700 habitantes, donde está al frente de una escuela agro técnica con internado, a la que concurren 120 chicos de lunes a viernes. En el mismo complejo se alza un santuario dedicado a María Auxiliadora, con una imponente torre de 43 metros.   "El muerto que parla"     Bosio no habría llegado a ser cura, ni tampoco a asumir sus actuales responsabilidades, ni a disfrutar del sol, del agua, del viento y de los amigos, ni se aprestaría a participar de la presentación de un libro en el que se alude a él, si no fuera porque allá por el año 1980, cuando tenía 24 de edad y era seminarista, nació de nuevo. O, como solía decirle uno de los médicos que lo asistió, se convirtió en "el muerto que parla".   "Estaba por comenzar los estudios de teología en Villa Devoto -recuerda Bosio-. Pero durante un campamento con quienes serían mis compañeros, me sorprendió lo que en un primer momento fue una apendicitis vulgar. Pero la cirugía se complicó, se hizo gangrena, luego infección pulmonar y después septicemia, es decir, un cuadro grave de infección generalizada que afectó a todos los órganos".   "Primero estuve internado un mes en Bahía Blanca y luego dos meses más en el Muñiz, en Buenos Aires. Me hicieron cinco cirugías en 20 días, drenajes. Cuando se declaró la septicemia estuve en coma un día y una noche. El médico le dijo a mis padres que preparen todo, que avisen para que me vengan a buscar, alguna ambulancia para transportarme porque el desenlace era inminente", cuenta.   Según la descripción de su madre que estaba a su lado, Bosio ya tenía la lengua dura, se había orinado, estaba frío, y esperaban su deceso de un momento a otro. Pero a las 6 de la mañana se despierta, pregunta qué hacían ahí. "Vinieron las enfermeras, no tenía fiebre, al rato pedí de comer. El médico cuando llegó a las 11 no lo podía creer, porque ya estaba consciente, sin fiebre, bien", recuerda Carlos.   "El médico, jefe de sala, un especialista de fama mundial, el Doctor Hugo Zabalza, fue quien me bautizó 'il morto che parla' -cuenta Bosio-, porque explicaba que la sumatoria de septicemia más grado de inmunidad cero como la que padecía yo provocaba ciento por ciento de mortalidad, no había escapatoria".   Bosio explica cuál fue la respuesta de los expertos cuando su curación fue puesta bajo la lupa de la ciencia. "Toda la historia clínica fue entregada a cinco médicos de la especialidad relacionada con mi caso, enfermedades infecciosas. Son cinco profesionales que sin conocerse entre sí estudian el caso y dan su opinión. No es que digan que ocurrió un milagro. Ellos concluyen, por ejemplo, que, estudiado el caso, considerando las medicinas que se suministraron, clínicamente tendría que estar muerto. Los cinco votan. En el caso mío, fue unánime: todos dijeron que no hay explicación médica, teniendo en cuenta la medicina de ese tiempo, los antibióticos disponibles. Igual, la septicemia sigue siendo muy brava para la medicina actual.   Un tal Artémides Zatti     Carlos Bosio cuenta que mientras él atravesaba ese calvario de tres meses que parecía conducirlo al cementerio, los dos sacerdotes que estaban con él "armaron" una cadena de oración pidiendo a Don Zatti por su curación.   Pero, ¿quién había sido este tal Artémides Zatti? "Era un italiano que vino con su familia, que se radicó en Bahía Blanca. Se hizo enfermero en Viedma y allá por 1905 dirigía el único hospital de toda la zona sur. Venían los mapuches con tuberculosis, muchos de ellos iban a morir. Zatti estuvo 40 años a cargo de ese nosocomio, que era obra de los salesianos. El Estado en esa época aún no tenía centros de salud en la región", cuenta Bosio.   "En 1980, en marzo, cuando yo me enfermo, justo había comenzado la causa en Buenos Aires para la canonización de Zatti. Los dos sacerdotes que estaban conmigo, mis formadores, eran del sur, eran salesianos y habían conocido a Zatti, que había muerto en 1951. Todo esto hizo que cuando yo agonizaba, avisaron a todo el mundo que rezaran por mí a Don Zatti".   En el año 2002, Don Zatti fue beatificado por el Papa Juan Pablo II y no se descarta que sea canonizado "tal vez el año próximo, porque hay una gracia en Filipinas, la curación de un hermano salesiano que está siendo estudiada", se entusiasma Carlos Bosio. Un mural en honor a Zatti     - ¿Sentís que naciste de nuevo?   - Y sí, claro. Incluso, en el proceso de la enfermedad, había llegado a decirle al doctor que me dejara morir tranquilo porque no aguantaba más. Tenía 24 años y había pasado de estar bien, ser un tipo joven sin problemas, a estar tres meses postrado, caños por todos lados, drenajes, todo muy violento, muy agresivo.   - ¿Alguna vez de preguntaste o te cuestionaste por qué a vos? A diario hay cadenas de oración pidiendo por la sanación de enfermos pero los que efectivamente se salvan son muy pocos.   - Un cura viejito, mi confesor, me llamó cuando yo ya me había recuperado y se empezaba a comentar que lo que me había pasado había sido un milagro. 'Mirá Carlos -me dijo- no te agrandes. Si vos no te moriste es porque todavía necesitas convertirte y ser mejor. Dios te da un tiempito más'. Me ubicó de un hondazo como se dice (risas). Y también el milagro es para que podamos tener a este hombre, a Don Zatti, como modelo. Pero igual es un Misterio, por qué a uno sí y no a otros.   Carlos Bosio no duda en confesar que en el lecho de enfermo su fe había entrado en crisis, por lo que de ningún modo su curación podría ser explicada por sus "méritos": "Yo en un momento me rebelé mucho. Me costaba muchísimo dormir durante esos tres meses de internación. En los breves momentos en que dormitaba, mi mamá, que me cuidó todo el tiempo, trataba de que no me vengan a molestar. Entonces, cuando yo sentía que estaba por venir el Capellán del hospital y que te ofrecía comulgar y yo era seminarista, me hacía el dormido, por la rebeldía interior que tenía, el enojo por lo que me estaba tocando pasar. Entonces mi mamá llamaba aparte al cura y le decía 'mil disculpas, justo ahora se durmió'. Pero yo estaba despierto en realidad... A lo que llega el ser humano".