Días atrás los referentes de la iglesia católica, de la religión evangélica y del judaísmo, se habían reunido para analizar la problemática local y emitir un documento que contemplara la coyuntura en sus diversos aspectos. Durante la reunión de trabajo, que se celebró en un hotel céntrico, se tocaron diversos temas y luego, cada uno, elaboró su visión, que se volcó ahora en un documento interreligioso.   Participaron el Obispo Monseñor Collazuol, el Pastor Daniel Ozuna y el Rabino Israel.   El encuentro de los credos se hizo con el acompañamiento del ex presidente de la CTM-Salto Grande, Juan Carlos Chagas. El dirigente asegura que la cruda realidad de la ciudad y el país “exige una palabra de reflexión apuntada a la sociedad en su conjunto”.   La pobreza, la necesidad de dar trabajo a la gente, garantizar la educación, la corrupción en los diversos estamentos y el narcotráfico fueron, entre otros, los ítems abordados en la redacción final del escrito religioso, apuntando a lograr una sociedad más justa y en armonía, que permita la realización personal de cada ciudadano.   El documento     Las horas difíciles que vivimos en nuestra Nación, y que hacen eco en nuestra ciudad, nos reclaman gestos de amistad social y un quehacer apasionado por el bien común.   Los reclamos sectoriales, no siempre con buenos modos, y el clima de crispación social nos piden serenar los espíritus. La pobreza que persiste nos reclama a todos un renovado esfuerzo por la solidaridad, la justicia, y una educación que proyecte verdaderas oportunidades, sostenida por fuertes valores de dignidad humana. La construcción de la sociedad reclama cimentar los puentes del diálogo que superen los abismos de los enfrentamientos egoístas e intolerantes.   Las tres entidades aquí representadas, estamos comprometidas con la búsqueda y acciones que favorezcan las posibles soluciones, determinadas a continuar trabajando en unidad por nuestra ciudad más allá de nuestras diferencias doctrinales, por lo que animamos a las entidades gubernamentales, sindicales, profesionales, empresariales y sociales, a hacer lo mismo, dejando de lado lo que nos separa, en pos del bienestar general.   Es evidente que los códigos de la sociedad actual, interpretados como “valores”, nos han llevado a esta situación. El individualismo, el egoísmo, el hedonismo y el materialismo, nos han alejado de aquellos valores que dignifican la vida humana, como son el amor al prójimo, la generosidad, la solidaridad, el bien común por encima del bien individual, el bien ser, por encima del bien estar. Estos últimos, son aquellos que inspiraron a los fundadores de nuestra Patria, de tal manera que los plasmaron en el preámbulo de nuestra Constitución Nacional, coronado con un mandato “Invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”.   Si realmente queremos ver días mejores interpretemos que es tiempo de llamar las cosas por su nombre, es decir, llamemos mal a lo que está mal y bien a lo que está bien. No todo es relativo. Estos valores son fundacionales y los necesitamos para construir una sociedad, que como personas de buena voluntad deseamos.   Creemos urgente y necesario gestionar políticas públicas que fortalezcan al matrimonio, a la familia. Un sistema educativo que colabore con la familia en formación integral de la persona, de tal manera que tenga un sano desarrollo y la posibilidad de alcanzar la autonomía.   Erradicar la desnutrición infantil, una de las injusticias mayores de nuestro tiempo. Un sistema de salud que atienda prioritariamente lo vital, como la prevención y tratamiento de enfermedades terminales, y la discapacidad. No dudamos en que toda la sociedad exige el fin de la corrupción en todos sus aspectos y toda injusticia, como también la práctica de la verdad y la empatía por parte de todos pero especialmente de quienes ocupan lugares de relevancia. Nuestra condición de ciudadanos nos demanda construir una sociedad digna, que edifique la vida humana. Los buenos vínculos de familia producen respuestas que aún ayudan al mejor aprovechamiento de los recursos públicos.   ¡Todos podemos hacer algo por el bien común desde nuestro lugar en nuestra querida Patria!   Invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a volvernos a Dios, a trabajar juntos por la construcción de una cultura basada en el amor al prójimo, en el encuentro y la solidaridad, como base de una revolución moral y ética que produzca esperanza y una vida más digna.