La felicidad tiene diferentes formas de manifestarse así como también, las personas, no tienen un solo modo de expresarla. Hay incluso, quienes prefieren reservársela y poco o nada logran exteriorizar. Otros, en cambio, lo hacen notar hasta por los poros. En el compartir, también encuentran felicidad.
Tampoco está claro por qué se es feliz. ¿Cuál es su fuente? Por caso, San Agustín ha dicho que la felicidad consiste en conocer y poseer a Dios. El escritor, teólogo y filósofo cristiano nos enseña que la felicidad radica en el proceso de tomar con alegría lo que la vida nos proporciona. “El camino a la felicidad está en Dios”, dijo.
Aristóteles, en tanto, ha sostenido que “la felicidad es una actividad de acuerdo con la razón y, mejor aún, es la autorrealización misma del sujeto, que actuando bien se hace a sí mismo excelente y, con ello, feliz. La excelencia es ella misma la felicidad, no algo diferente. Es ser lo mejor que se puede, realizarse uno mismo de la mejor manera, eso es la felicidad”.
Esa satisfacción del deber cumplido, de concretar lo anhelado y de recibir pequeños gestos de gratitud por ello puso feliz a Mabel Paiz. “Siempre fue mi sueño hacerles canelos y hoy fue el día”, reflexionó desde el barrio San Francisco (oeste) de Concordia en diálogo con El Entre Ríos.
250 canelones hicieron este martes de mayo para distribuir entre los vecinos que, a diario, concurren hasta el merendero “Todo Corazón” a recibir una ración de comida. A veces es un guiso, en otras ocasiones arroz con leche o una chocolatada con algún complemento de pan, facturas, bizcochos o snack de arroz. Este 9 de mayo, hubo un menú diferente: canelones de verdura con salsa roja.
“El sujeto feliz es aquel que vive su vida del mejor modo posible, y esto significa ser lo mejor en tanto que ser humano”, agregó el filósofo Aristóteles. Y Mabel, que inició su labor en el merendero como camino de vida tras el fallecimiento de un ser querido, encontró en ese objetivo propuesta un motivo de felicidad.
“Más que feliz, sueño cumplido”, resaltó por último mientras se sentaba a la mesa con ese plato de canelones que, desde su casa, este martes llegó a decenas de casas vecinas en una de las barridas más humildes del noroeste concordiense.