En los días previos a la Fiesta Nacional de la Citricultura, el exfiscal y precandidato a intendente por Evolución Radical, Francisco Azcue, publicó un video en el que acusó a Gabriel Belderrain, responsable del área municipal de cultura, por “censurar” su participación sobre el escenario.
Sabido es que Azcue tiene una trayectoria reconocida en el mundo de la música litoraleña, con su acordeón y con su voz. Aun así, se le vedaba el acceso al acontecimiento.
Enrique Cresto, presidente municipal, reaccionó con celeridad. A las pocas horas del posteo de aquel video crítico, intervino para garantizar que el “Gringo”, como se lo conoce en el ámbito del folklore, pudiera formar parte de la grilla, tocando junto a la banda “La Don César”.
Pero ahí no terminó todo. Anoche, ante decenas de miles de personas, el mismísimo Lucas Sugo invitó a Azcue a acompañarlo con su acordeón. Aunque Enrique Cresto evitó toda mención directa, desde su entorno dejaron trascender que habría sido el propio intendente quien le sugirió al artista uruguayo que tuviera ese gesto con el “Gringo”.
Como sea, es sabido que una fiesta que es de Concordia no puede resultar “apropiada” por una fuerza partidaria, ni tampoco por el oficialismo de turno, fuere el que fuere. Tal el mensaje que refuerza la participación de Azcue, que no debería ser vista como algo extraordinario, sino como lo absolutamente “normal”, lo que debe ser. Porque ni la fiesta en sí, ni el arte desplegado sobre su escenario, pueden ser mezclados con las disputas ideologías partidarias, lógicas por cierto en el sistema republicano y democrático, pero que cuentan con ámbitos propios para encauzarlas.