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La historia de “Totón”, la enfermera que necesitó apenas 39 años para dejar un legado imborrable

Con motivo de conmemorarse el Día Internacional de las Mujeres, los Museos de Concordia vuelven a unirse para presentar una nueva edición de la revista virtual que desde fines del año pasado vienen editando.

 

La ciudad con más museos

 

En esta oportunidad, el eje temático es "la mujer", y nos ofrece para leer reseñas biográficas de distintas mujeres que a lo largo de los últimos cien años marcaron la historia de Concordia, entre otros contenidos.

 

Desde el mes de noviembre pasado, los Museos de la ciudad vienen plasmando en publicaciones digitales elaboradas en conjunto, la vinculación institucional que los caracteriza y que realza la labor que cada uno realiza, en una ciudad como Concordia que es de la provincia la que mayor cantidad de museos tiene, tanto de la órbita municipal, como provincial, y privados.

 

“En esta oportunidad, y en el marco de las definiciones de trabajo articulado que lleva adelante la gestión del intendente Alfredo Francolini, participan el Museo Regional Palacio Arruabarrena, el Museo Interactivo Costa Ciencia, el Museo de Artes Visuales, el Parque y Castillo San Carlos y el Museo "Domingo Isthillart" del Hogar de Ancianos "Juana Sarriegui de Isthillart", además de contar con la colaboración del Museo de Física de la Universidad Nacional de La Plata, en una articulación que trasciende las fronteras de la ciudad”, informaron luego.

 

El número está dedicado a "todo el personal femenino que trabaja en el área de Salud", en un reconocimiento a quienes desde sus distintas tareas y funciones, han trabajado y trabajan para cuidar al conjunto de la población ante la emergencia sanitaria por la pandemia mundial de coronavirus Covid-19 que vivimos.

 

Delicia Concepción Masvrnat, Juana Sarriegui de Isthillart, Josefina Pelliza de Sagasta, Mirta Susana Velazque, María Isabel Jauregui, Minguet, Sara Neira, Amanda Mayor y Margrete Heiberg Bose, son algunos de las mujeres que en esta revista han dejado sus huellas.

 

La revista se puede leer online o descargar gratis en formato PDF desde el sitio web de la Municipalidad www.concordia.gob.ar, desde el sitio web del Ente Costanera www.vivicostanera.com, o desde las redes sociales de las instituciones participantes.

 

A continuación, El Entre Ríos, reproduce el capítulo dedicado a la mujer que le dio nombre al hospital regional más importante de la costa del río Uruguay:

 

“Totón”, Madgalena y las Violetas

 

Reconocida en el ámbito de la salud, quizás no lo sea tanto para el resto de los concordienses. Su nombre hoy es cotidiano para todos, pero pocos saben su particular historia y el por que? del hospital regional de Concordia lleva su nombre.

 

Delicia Concepción Masvernat nació en "el pueblo de las violetas", Empedrado, Corrientes, el 15 de julio de 1901. Ese pequen?o pueblo, al noroeste de la vecina provincia, sobre el río Paraná, cuenta hoy con alrededor de trece mil habitantes. Al inicio del siglo pasado, cabe suponer, la población era mucho menor. No obstante, el pueblo era muy visitado por las e?lites porten?as que vacacionaban en el lugar, cautivante por su peculiar topografía, que le da su nombre. Lo de las violetas viene de que tanto en el puerto como en la estación del ferrocarril, al descender los pasajeros se topaban antes que nada con las violeteras, nin?as y mujeres vendiendo ramos de violetas. Que los "turistas" de aquellos años compraban sin dudar.

 

Su padre, Ramón Masvernat se casó con Adela Gómez, ambos oriundos de la zona. El matrimonio tuvo seis hijas mujeres y dos hijos varones. Una de esas nin?as, fue Delicia Concepción.

 

Ramón telegrafista en el ferrocarril y al ritmo del desarrollo de la actividad ferroviaria, la familia se traslada primero a Monte Caseros y alrededor de la década de 1920 a Concordia, uno de los principales centros ferroviarios de la región.

 

Vivieron en una casa ubicada en calle Rivadavia 613, muy cerca del trabajo del hombre de la familia, a escasas cuadras del barrio El Paredón, y muy cerca de donde supo funcionar –varias décadas antes- el Hospital de Caridad, antecesor del “Felipe Heras”.

 

Pero así como su pueblo natal tenía un apodo, ella también lo tuvo. Sus amigos le decían "Totón".

 

La salud

Al llegar a la pubertad tuvo varios problemas de salud, y la escarlatina la dejó paralítica por un largo tiempo. Fue atendida en el Hospital de Niños en Buenos Aires, donde pasó largos varios meses.

 

Los dolores, las molestias, las enfermedades, le lastimaron el cuerpo toda su vida. Pero nunca lo hacía notar.

 

Llevó metódicamente un Diario Personal, preservado por un fraile capuchino, su confesor personal. En aquellos cuadernos, la joven dejó reflejada su instrucción literaria, pero principalmente sus valores humanistas.

 

Católica practicante, pensó muchas veces en ingresar a una Congregación con la intención de ayudar a los más necesitados. “Pensaba el otro día que Jesús, que es la pureza misma, no despreció a la mujer adúltera, ni a Magdalena; las perdonó, las purificó. ¿Que hubiera sido de la Samaritana, de la Magdalena, si Jesús hubiese sido como somos ahora nosotros católicos, que en vez tender la mano al caído, nos horrorizamos, y por temor de manchar la nuestra, no le tendemos la mano?".

 

"¡El Evangelio de Jesús, y Jesús del Evangelio! ¡No fue ésa la lección que nos dieron! Si en vez de aspirar a ser perfectas, aspiramos a ser buenas cristianas, humanas y divinas, ¡cuanto mejor seríamos! ¡cuántas almas bendecirían a Dios en nosotros!.”, supo escribir en su Diario.

 

El progreso

Imaginemos por un momento la Concordia de la primera mitad del siglo XX. Uno de los principales polos económicos del país: el Puerto y el Ferrocarril eran la conexión de la producción del norte argentino con el puerto de Buenos Aires y la salida al océano.

 

La riqueza de las muchas adineradas familias de Concordia estaba entre las mayores del país, pero no es en ellas en dónde se detuvieron los ojos de Delicia. El crecimiento económico era acompañado con el crecimiento demográfico.

 

Muchas personas venían a Concordia a buscar trabajo y un futuro. La ciudad los necesitaba. Las industrias, el ferrocarril y el puerto, necesitaban mano de obra.

 

En las cercanías de donde había posibilidad de conseguir un trabajo, aunque sea temporario para sobrevivir, muchas personas fueron instalando sus hogares, en alrededores de lo que luego sería el barrio El Paredón y también en inmediaciones de Carretera La Cruz.

 

En pocos años más vendría la De?cada Infame, aquella que quedo? inmortalizada por Discépolo en dos tangos poéticamente transgresores: Cambalache y Yira Yira. “Cuando no tengas ni fe, / Ni yerba de ayer secándose al sol…”

 

Delicia no sufría las penurias de los “talones pelados” (como se les decía por entonces a ese amplio y mayoritario segmento de concordienses). La posición económica de su familia, aún sin pertenecer a las clases altas, le daba cierta tranquilidad. Recordemos que su padre tenía un empleo relativamente bueno en una de las principales actividades del país, el ferrocarril.

 

Y Fe, era lo que a Delicia le sobraba.

 

Por aquellos años, el hospital “Felipe Heras” ya llevaba el nombre del Doctor que trabajó desde el inicio en el Hospital de Caridad y que luego fue decisivo en la conformación de la Sociedad de Beneficencia que consiguió los fondos para construir el “nuevo hospital” en las esquinas de las hoy calles Scattini y Entre Ríos.

 

Se cuenta que fue en una de sus tantas actividades solidarias, al visitar el pabellón de hombres en el hospital Heras, cuando al ver la necesidad de muchos de los allí internados, decidió finalmente no ingresar a ninguna Congregación Religiosa. La Enfermería inclinó la balanza. Atrás quedarían La Religiosa Adoratriz y Las Hermanas Caridad.

 

El amor

"Cuando rajés los tamangos / buscando ese mango / que te haga morfar... / La indiferencia del mundo / que es sordo y es mudo / recién sentirás / verás que todo es mentira, / verás que nada es amor..."

 

“Lo que falta en este mundo es caridad, y desgraciadamente, entre las mismas personas piadosas, nos llenamos de fórmulas, nos creemos de una raza privilegiada, y nos escandalizamos y despreciamos al que ha tenido la desgracia de caer; no vivimos el Evangelio. Un alma debe transparentar a Jesús, pero al Jesús del Evangelio, a Aquel que comía con los pecadores y se dejó besar los pies por la pecadora Magdalena.” (D.C.Masvernat, de su Diario).

 

Estudió Enfermería, recibiéndose con Medalla de Honor. Compartía sus conocimientos con sus compañeras de trabajo, la mayoría enfermeras empíricas. El estudio, fue una de sus características, tanto ella en lo individual como en incentivar a que otros estudien.

 

Cuando se consulta a los que conocieron a quienes la conocieron, reiteran dos o tres conceptos: entrega, compromiso y amor.

 

“Era admirable su fortaleza. Profundamente religiosa y tal vez por eso muy humana. Capaz de sentir con el prójimo, especialmente el más desvalido, abandonado, o necesitado, ya sea el del Barrio El Paredón como los miembros de su familia. Hoy diríamos que lograba con todos una empatía perfecta. Amó la vida propia y ajena. El darse a los demás fue su razón de ser... a su familia, a su padre y hermanas, especialmente cuando falleció su madre; a los enfermos del Hospital Felipe Heras, los más pobres de aquellos tiempos en que los recursos eran escasos, las mutuales no existían y los especialistas en salud eran todos socialmente conocidos por ser pocos y no alcanzaban a cubrir la demanda de una población importante y una campaña extendida”. escribió la profesora Elisa Matilde Rey.

 

"Su vida fue inmolarse en silencio, sin pensar en sus dolores, y entregarse a todos los enfermos y darles consuelo, sin ninguna distinción a todos por igual, con abnegada vocación de enfermera modelo", aseguró Teresita Miñones de García y la describe "humilde como las violetas".

 

“Mujer extraordinaria, su alma fue como la de muchas otras: sencilla, humilde, humana. Bien como la plasma el espíritu franciscano. Sus escritos respiran candor, confianza y pureza”, señala la profesora María Rosa Echeverría, historiadora de nuestra Concordia.

 

Una sola foto se conserva de ella. De las pocas que se saco?. Dicen que no le gustaba ser fotografiada No le gustaba posar. Prefería hacer.

 

El cáncer de páncreas no la perdonó. Y falleció el 4 de junio de 1940, un mes antes de cumplir 39 años.

 

Su féretro fue llevado a pulso desde el hospital hasta la Catedral y desde allí al Cementerio, por sus amigos y colegas.

 

El legado

Promediando la década del ‘90, cuando se decide la construcción de un nuevo hospital de Concordia, un grupo de enfermeras, empleadas del hospital Felipe Heras y docentes de la Cruz Roja Concordia, proponen que la nueva institución sanitaria lleve el nombre de aquella enfermera correntina, concordiense por adopción, rescatando y revalorizando su nombre. La propuesta recibió el apoyo de médicos, personal de salud, instituciones y organizaciones de la ciudad. El necesario homenaje a Delicia Concepción Masvernat, significaba también la revalorización de una profesión muchas veces menospreciada y que por aquellos años estaba embarcada en la definitiva profesionalización.

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